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Fugaz

 

Ólafur Arnalds - Ljósið (Official Music Video) from Erased Tapes on Vimeo.

La química del amor-Por qué "amamos", por qué engañamos...

 
Helen Fisher es investigadora del Departamento de Antropología de la Universidad de Rutgers, EE.UU. Ha conducido un extenso estudio sobre la evolución, la expresión y la ciencia del amor. Es autora de varios libros como ¿Por qué amamos? que describe cada aspecto de la experiencia de enamorarse desde un punto de vista científico.
Anthropologist Helen Fisher takes on a tricky topic -- love –- and explains its evolution, its biochemical foundations and its social importance.
She closes with a warning about the potential disaster inherent in antidepressant abuse.

 
 
La página está en inglés, pero una vez que cargue el video, abajo del botón de PAUSA,
verán que dice "subtitles". Desplegar las opciones y hacer clic en SPANISH.
 

LECCIÓN MAGISTRAL

 
Este juez, de Granada, sale en televisión a cada rato, por las ejemplares sentencias que dicta a los menores que juzga. Es muy humano y realista. Hoy, sin ir más lejos, salió en las noticias que acababa de sentenciar a un menor a aprender a leer y escribir, puesto que había detectado que no sabía hacerlo. Educación, legislación, rol de los padres, etc.
 
 

 

 

 

¿Qué le está haciendo Internet a nuestros cerebros?

¿Está Google estupidizándonos? • Nunca un sistema de comunicación ha ejercido una influencia tan amplia sobre nuestros pensamientos como hace hoy Internet. Pero a pesar de todo lo que se ha escrito sobre la Red, se ha pensado poco en cómo exactamente nos está reprogramando. La ética intelectual de la Red sigue siendo oscura 

por Nicholas Carr

“Dave, para. Para, por favor. Para, Dave. ¿Vas a parar, Dave?” Así suplica la supercomputadora HAL al implacable astronauta Dave Bowman en una famosa y fantásticamente conmovedora escena casi al final de 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick. Bowman, tras haber sido enviado a la muerte en el espacio interplanetario por la máquina descompuesta, está tranquila y fríamente desconectando los circuitos de memoria que controlan su “cerebro” artificial. “Dave, estoy perdiendo la mente —dice HAL, con tristeza—. Me estoy dando cuenta. Lo estoy sintiendo.”

Yo también me estoy dando cuenta, lo estoy sintiendo. En los últimos años he tenido la incómoda sensación de que alguien, o algo, ha estado jugueteando con mi cerebro, cambiando el esquema de su circuito neural, reprogramando la memoria. No es que esté perdiendo la mente —hasta donde puedo decir—, pero me está cambiando. No estoy pensando del modo que antes lo hacía.

Me doy cuenta sobre todo cuando leo. Antes me era fácil sumergirme en un libro o en un artículo largo. Mi mente quedaba atrapada en la narración o en los giros de los argumentos y pasaba horas paseando por largos tramos de prosa. Ahora casi nunca es así. Ahora mi concentración casi siempre comienza a disiparse después de dos o tres páginas. Me pongo inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar otra cosa que hacer. La lectura profunda que me venía de modo natural se ha convertido en una lucha.

Creo que sé qué está pasando. Desde hace ya más de una década, he estado pasando mucho tiempo en línea, buscando y navegando y a veces añadiendo a la gran base de datos de Internet. La red ha sido una bendición para mí como escritor. Puedo hacer en minutos la investigación que en un tiempo requería días en salas de la biblioteca o de las publicaciones periódicas. Unas pocas búsquedas en Google, algunos “clics” rápidos en hiperenlaces(1) y obtengo el dato revelador o la cita sucinta que andaba buscando.

Incluso sin estar trabajando, es muy probable que esté hurgando en la espesura de la información de la Red: leyendo y escribiendo correos, escaneando titulares y blogs, viendo videos y escuchando podcasts o sencillamente saltando de enlace en enlace. (A diferencia de las notas al pie, a las que muchas veces se asimilan, los hiperenlaces no sólo señalan obras que guardan relación con el tema, sino que lo lanzan a uno a ellas.)

Para mí, como para otros, la Red se está convirtiendo en un medio universal, el conducto de casi toda la información que fluye a mis ojos y oídos y entra en mi mente. Las ventajas de tener acceso inmediato a un almacén tan increíblemente rico de información son muchas y éstas han sido ampliamente descritas y debidamente aplaudidas. Clive Thomson escribió en Wired: “La retentiva perfecta de la memoria de silicón puede ser una enorme ayuda al pensamiento.”

Pero la ayuda tiene un precio. Como señaló el teórico de los medios de difusión Marshall McLuhan en los años sesenta, éstos no son sólo canales pasivos de información. Suministran la materia para el pensamiento, pero también conforman el proceso del pensamiento. Y lo que la Red parece estar haciendo es socavar mi capacidad de concentración y contemplación. Mi mente espera ahora captar la información del modo en que la Red la distribuye: en una corriente de partículas en rápido movimiento. En un tiempo fui un submarinista en el mar de palabras. Ahora me deslizo por la superficie como un tipo en una moto acuática.

No soy el único. Cuando les menciono mis problemas con la lectura a amigos y conocidos —la mayoría de ellos hombres de letras— muchos dicen estar experimentando algo similar. Mientras más usan la Red, más tienen que luchar para concentrarse en escritos largos. Algunos de los bloggers que sigo también han comenzado a mencionar el fenómeno. Scout Karp, quien escribe un blog sobre los medios de difusión en línea, confesó hace poco que ha dejado por completo de leer libros. “Hice el master en literatura en la universidad y era un voraz lector de libros —escribió—. ¿Qué ha pasado?” Y especula la respuesta: “¿Y si todo lo que leo es en la red, no se debe a que la forma en que leo haya cambiado, o sea, que esté sólo en busca de comodidad, sino porque mi forma de PENSAR ha cambiado?”

Bruce Friedman, quien escribe regularmente blogs sobre el uso de las computadoras en la medicina, también ha descrito la forma en que Internet ha cambiado sus hábitos mentales. “He perdido casi por entero la capacidad de leer y absorber un artículo largo en la red o impreso”, escribió a principios de año.

Friedman, patólogo miembro de larga data de la facultad de la Escuela de Medicina de la Universidad de Michigan, amplió su comentario en una conversación telefónica conmigo. Su forma de pensar, dijo, ha tomado una calidad de “staccato”, que refleja la forma en que escanea con rapidez pasajes cortos de texto de muchas fuentes en línea. “Ya no puedo volver a leer La guerra y la paz —admitió—. He perdido la capacidad de hacerlo. Me resulta difícil absorber incluso un blog de más de tres o cuatro párrafos. Lo leo por encima.”

Las anécdotas por sí solas no demuestran mucho. Y todavía estamos en espera de experimentos neurológicos y psicológicos a largo plazo que brinden una imagen definitiva de la forma en que el uso de Internet afecta la cognición. Pero un estudio recién publicado de los hábitos de investigación en línea, realizado por académicos del University College de Londres, indican que muy bien podemos estar en medio de un cambio radical en la forma en que leemos y pensamos.

Como parte de un programa de investigación de cinco años, los estudiosos examinaron registros de computación que documentan el comportamiento de visitantes de dos populares sitios de investigación, uno operado por la Biblioteca Británica y el otro por un consorcio educacional del Reino Unido, que brindan acceso a artículos de revistas, libros electrónicos y otras fuentes de información escrita. Encontraron que las personas que usan los sitios exhibían “una forma de actividad como de quien está echando una ojeada”, en que saltaban de una fuente a otra y pocas veces regresaban a una que ya hubieran visitado. Típicamente leían sólo una o dos páginas de un artículo o libro antes de “saltar” a otro sitio. A veces salvaban un artículo largo, pero no hay pruebas de que regresaran a él y lo leyeran de verdad. Los autores del estudio informan:
    Es evidente que los usuarios no leen en línea en el sentido tradicional; de hecho hay indicios de que están surgiendo nuevas formas de “leer” según los usuarios navegan horizontalmente por los títulos, los índices y los resúmenes buscando ganar rapidez. Casi parece que van en línea para evitar leer en el sentido tradicional.
Gracias a la ubicuidad del texto en Internet, por no mencionar la popularidad de los mensajes de texto en los teléfonos celulares, pudiéramos estar leyendo más hoy que en los años setenta u ochenta, cuando la televisión era nuestro medio preferido. Pero es un tipo distinto de lectura y detrás de él hay un tipo distinto de pensamiento… tal vez incluso un nuevo sentido del ser. “No sólo somos lo que leemos —dice Maryanne Wolf, psicóloga del desarrollo de la Universidad de Tufts y autora de Proust and the Squid: The Story and Science of the Reading Brain (Proust y el calamar: La historia y la ciencia del cerebro lector)—. Somos como leemos.”

A Woolf le preocupa que el estilo de lectura que promueve la Red, un estilo que coloca la “eficiencia” y la “inmediatez” por encima de todo lo demás, esté debilitando tal vez nuestra capacidad para el tipo de lectura profunda que emergió cuando una tecnología anterior, la prensa impresa, hizo comunes y corrientes las largas y complejas obras de prosa. Cuando leemos en línea, dice, tendemos a convertirnos en “meros descodificadores de información”. Nuestra capacidad de interpretar textos, de hacer las ricas conexiones mentales que se forman cuando leemos con profundidad y sin distracción, sigue en gran medida desconectada.

Leer, explica Wolf, no es una habilidad instintiva de los seres humanos. No está grabada en nuestros genes del modo que lo está el discurso. Tenemos que enseñar a nuestras mentes a traducir los caracteres simbólicos que vemos al lenguaje que comprendemos. Y los demás medios u otras tecnologías que usamos al aprender y practicar el arte de la lectura desempeñan un papel importante en la conformación de los circuitos neurales que se encuentran en el interior de nuestros cerebros. Los experimentos demuestran que los lectores de ideogramas, como los chinos, desarrollan un sistema de circuitos mentales para la lectura muy diferente del sistema que se encuentra en quienes, como nosotros, cuya lengua escrita emplea el alfabeto.

Las variaciones se extienden a lo largo de muchas regiones del cerebro, incluidas las que rigen funciones cognitivas tan esenciales como la memoria y la interpretación de estímulos visuales y auditivos. Podemos también prever que los circuitos tejidos por nuestro uso de la Red sean distintos a los tejidos por nuestra lectura de libros y otras obras impresas.

En algún momento de 1882, Friedrich Nietzsche compró una máquina de escribir: una Malling-Hansen Writing Bal, para mayor precisión. Le fallaba la vista y mantener los ojos enfocados en la página se le había hecho agotador y doloroso y muchas veces le provocaba fuertes dolores de cabeza. Se había visto obligado a reducir su escritura y temía que pronto le sería necesario abandonarla. La máquina de escribir lo rescató, al menos de momento. Una vez dominada la mecanografía al tacto, podía escribir con los ojos cerrados, usando sólo las yemas de los dedos. Las palabras podían fluir de nuevo de su mente a la página.

Pero la máquina tuvo un efecto más sutil sobre su obra. Uno de los amigos de Nietzsche, un compositor, observó un cambio en su estilo de escribir. Su prosa, ya de por sí tersa, se había hecho más comprimida, más telegráfica. “Puede que con este instrumento incluso te adaptes a nuevos giros idiomáticos —le escribió el amigo en una carta observando que, en su propia obra, sus “«ideas» en música y lenguaje solían depender de la calidad de la pluma y el papel”.

—Tienes razón —repuso Nietzsche—, nuestro equipo de escribir participa en la formación de nuestros pensamientos.

Bajo el influjo de la máquina, escribe el académico alemán de los medios de difusión Friedrich A. Kittler, la prosa de Nietzsche “cambió de argumentos a aforismos, de pensamientos a juegos de palabras, del estilo retórico al telegráfico.”

El cerebro humano es casi infinitamente maleable. La gente pensaba que nuestro engranaje mental —las densas conexiones que se forman entre los 100 billones de neuronas que se encuentran dentro de nuestros cráneos— estaba en gran medida fijado para el momento en que alcanzábamos la edad adulta. Pero los investigadores del cerebro han descubierto que no es así. James Olds, profesor de neurociencia que dirige el Instituto Krasnow de Estudios Avanzados en la Universidad George Mason, afirma que incluso la mente adulta “es muy plástica”. Las neuronas normalmente rompen conexiones viejas y forman nuevas. Según Olds, “el cerebro tiene la capacidad de reprogramarse a la carrera, cambiando la forma en que funciona.”

Según usamos lo que el sociólogo Daniel Bell ha llamado nuestras “tecnologías individuales” —los instrumentos que amplían nuestras capacidades mentales más bien que físicas— inevitablemente comenzamos a adoptar las cualidades de esas tecnologías.

El reloj mecánico, que comenzó a usarse corrientemente en el siglo XIV, brinda un ejemplo convincente. En Technics and Civilization (Técnicas y civilización), el historiador y crítico de la cultura Lewis Mumford describió la forma en que el reloj “desasoció el tiempo de los sucesos humanos y contribuyó a crear la idea de un mundo independiente de secuencias matemáticamente mensurables”. El “marco abstracto de tiempo dividido” se convirtió en “el punto de referencia de la acción y el pensamiento”.

El tictac metódico del reloj contribuyó al surgimiento de la mente científica y del científico, pero también se llevó algo. Como observó el difunto científico de computación del MIT(2) Joseph Weizenbaum en su libro de 1976, Computer Power and Human Reason: From Judgment to Calculation (El poder de la computadora y la razón humana: del juicio al cálculo), la concepción del mundo que surgió del empleo extendido de los instrumentos de llevar el tiempo “sigue siendo una versión empobrecida del antiguo, porque descansa en un rechazo de las experiencias directas que formaban la base de la antigua realidad y, de hecho, la constituían.” Al decidir cuándo comer, trabajar, dormir, levantarse, dejamos de escuchar a nuestros sentidos y comenzamos a obedecer el reloj.

El proceso de adaptación a nuevas tecnologías intelectuales se refleja en las cambiantes metáforas que usamos para explicarnos a nosotros mismos. Cuando llegó el reloj mecánico, las personas comenzaron a pensar que sus cerebros operaban “como mecanismos de relojería”. Hoy, en la era del software, hemos llegado a pensar que operan “como computadoras”. Pero los cambios, nos dicen las neurociencias, son mucho más profundos que la metáfora. Gracias a la plasticidad de nuestro cerebro, la adaptación se produce también en el nivel biológico.

Internet promete tener efectos de especial alcance en la cognición. En un trabajo publicado en 1936, el matemático británico Alan Turing demostró que era posible programar una computadora digital, que en aquella época existía sólo como máquina teórica, para que realizara la función de cualquier otro dispositivo de procesamiento de información. Eso es lo que estamos presenciando hoy. Internet, un sistema de computación inconmensurablemente poderoso, está subsumiendo la mayoría de nuestras otras tecnologías intelectuales. Se está convirtiendo en nuestro mapa y nuestro reloj, nuestra imprenta y nuestra máquina de escribir, nuestra calculadora y nuestro teléfono, nuestro radio y nuestra televisión.

Cuando la Red absorbe un medio, ese medio se recrea a la imagen de la Red. Inyecta el contenido del medio con hiperenlaces, anuncios de parpadeo y otras baratijas digitales y rodea el contenido con el contenido de todos los demás medios que ha absorbido. Un mensaje nuevo de correos, por ejemplo, puede anunciar su llegada mientras estamos revisando los últimos titulares de un sitio de prensa. El resultado es dispersar nuestra atención y difundir nuestra concentración.

Tampoco termina la influencia de la Red en los márgenes de la pantalla de la computadora. Al irse sintonizando las mentes de las personas al enloquecido conjunto de medios de Internet, los medios tradicionales deben adaptarse a las nuevas expectativas del público.

Los programas de televisión añaden textos que se deslizan por la pantalla y anuncios que surgen de repente; revistas y diarios acortan sus artículos, introducen resúmenes en cápsulas y rellenan sus páginas con fragmentos de información fáciles de rastrear. Cuando en marzo de este año The New York Times decidió dedicar la segunda y tercera páginas de cada edición a resúmenes de artículos, su director de diseño Tom Bodkin explicó que los “atajos” darían a los lectores atribulados un “tanteo” rápido de las noticias del día ahorrándoles el método “menos eficiente” de volver las páginas y leer los artículos. Los medios antiguos tienen poca opción más que jugar con las reglas de los medios nuevos.

Nunca ha desempeñado un sistema de comunicación tantos papeles en nuestras vidas —o ejercido una influencia tan amplia sobre nuestros pensamientos— como hace hoy Internet. Pero, a pesar de todo lo que se ha escrito sobre la Red, se ha pensado poco en cómo exactamente nos está reprogramando. La ética intelectual de la Red sigue siendo oscura.

Aproximadamente por el tiempo en que Nietzsche comenzó a usar su máquina de escribir, un joven serio llamado Frederick Winslow Taylor fue con un cronómetro a la planta Midvale Steel de Filadelfia y comenzó una histórica serie de experimentos destinada a mejorar la eficiencia de sus maquinistas. Con aprobación de los propietarios de Midvale, tomó a un grupo de obreros, los puso a trabajar en varias máquinas de elaborado de metales y registró y midió el tiempo de cada uno de sus movimientos así como las operaciones de las máquinas. Dividiendo cada tarea en una secuencia de pequeños pasos discretos y luego ensayando formas distintas de realizar cada una, Taylor creó un conjunto de instrucciones precisas —un “algoritmo” pudiéramos decir hoy— de cómo debía trabajar cada obrero.

Los empleados de Midvale rezongaron sobre el estricto régimen nuevo, diciendo que los convertía en poco más que autómatas, pero la productividad de la fábrica se disparó.

Más de cien años después de la invención del motor de vapor, la Revolución Industrial al fin había encontrado sus bases filosóficas y su filósofo. La apretada coreografía industrial de Taylor —su “sistema”, como le agradaba llamarlo— fue aceptada por fabricantes de todo el país y, con el tiempo, de todo el mundo. Procurando la mayor rapidez, eficiencia y producción, los dueños de fábricas utilizaban los estudios de tiempo y movimiento para organizar el trabajo y configurar las tareas de sus trabajadores.

El objetivo, como definió Taylor en su célebre tratado de 1911, The Principles of Scientific Management (Los principios de la gestión moderna), era identificar y adoptar, para cada tarea, “un mejor método” de trabajo y con ello efectuar “la sustitución gradual de la ciencia por la regla empírica en todas las artes mecánicas”. Una vez que se aplicara este sistema en todos los actos de trabajo manual, aseguró Taylor a sus seguidores, brindaría una reestructuración no sólo de la industria, sino de la sociedad, creando la utopía de la eficiencia perfecta. “En el pasado el hombre había sido lo primero —declaró—, en el futuro lo será el sistema.”

El sistema de Taylor sigue en gran medida con nosotros: sigue siendo la ética de la manufactura industrial. Y ahora, gracias al creciente poder que los ingenieros en computación y codificadores de software ejercen sobre nuestras vidas intelectuales, la ética de Taylor comienza a regir también la esfera de la mente. Internet es una máquina diseñada para la recolección, transmisión y manipulación automatizada de información y sus legiones de programadores están concentrados en encontrar el “mejor método único” —el algoritmo perfecto— para llevar a cabo cada movimiento mental de lo que hemos llegado a describir como “trabajo de conocimiento”.

La sede de Google, en Moutain View, California —el Googleplex— es el santuario supremo de Internet y la religión que se practica dentro de sus paredes es el taylorismo. Google, al decir de su ejecutivo principal, Eric Schmidt, es “una compañía fundada en torno a la ciencia de la medición” y se esfuerza en “sistematizar todo” lo que hace. Según el Harvard Business Review, haciendo uso de los terabytes de datos de conducta que recoge mediante su motor de búsqueda(3) y otros sitios, realiza miles de experimentos diarios y utiliza los resultados para refinar los algoritmos que controlan cada vez más la forma en que las personas encuentran información y extraen significado de ella. Lo que Taylor hizo para el trabajo manual, Google lo está haciendo para el trabajo mental.

La compañía ha declarado que su misión es “organizar la información mundial y hacerla universalmente accesible y útil”. Procura desarrollar “el motor de búsqueda perfecto” al que define como algo que “entiende exactamente lo que uno quiere decir y le devuelve exactamente lo que desea”. Al entender de Google, la información es un tipo de producto, un recurso utilitario que puede extraerse y procesarse con eficiencia industrial. Mientras más sean las piezas de información a las que uno pueda “acceder” y mientras con mayor rapidez podamos extraer lo esencial de ellas, más productivos nos hacemos como pensadores.

¿Dónde termina esto? Sergey Brin y Larry Page, los dotados jóvenes que fundaron Google cuando hacían su doctorado en ciencias de computación en Stanford, hablan con frecuencia de su deseo de convertir su motor de búsqueda en una inteligencia artificial, una máquina al estilo de HAL que sea posible conectar directamente a nuestros cerebros. “El motor de búsqueda supremo es tan inteligente como las personas… o más —afirmó Page hace unos años en un discurso—. Para nosotros, trabajar en búsqueda es una forma de trabajar en inteligencia artificial.”

En una entrevista concedida a Newsweek en 2004, Brin comentó: “No hay dudas de que si uno tuviera toda la información del mundo unida directamente al cerebro, o un cerebro artificial que fuera más listo que el propio, estaría uno mejor.” El año pasado Page dijo en una convención de científicos que Google “en realidad trata de construir una inteligencia artificial y de hacerlo en gran escala”.

Una ambición de este tipo es natural, incluso admirable, para un par de genios matemáticos con vastas cantidades de dinero a su disposición y un pequeño ejército de científicos de computación en su empleo. Google, una empresa fundamentalmente científica, está motivada por un deseo de usar la tecnología, en palabras de Eric Schmidt, “para solucionar problemas que nunca antes se han solucionado” y la inteligencia artificial es el problema más difícil que hay. ¿Por qué no habrían de ser Brin y Page quienes lo resolvieran?

De todos modos, su suposición fácil de que estaríamos “mucho mejor” si una inteligencia artificial complementara, o incluso sustituyera, nuestros cerebros resulta inquietante. Ésta indica una creencia en que la inteligencia es producto de un proceso mecánico, una serie de pasos discretos que es posible aislar, medir, optimizar. En el mundo de Google, el mundo en que entramos al entrar en línea, hay poco espacio para la falta de claridad de la contemplación. La ambigüedad no es una apertura para la visión, sino una falla que debe arreglarse. El cerebro humano es sólo una computadora anticuada que necesita un procesador más rápido y un disco duro mayor.

La idea de que nuestras mentes deben operar como máquinas de procesamiento de datos de alta velocidad no sólo está incorporada al funcionamiento de Internet, sino que es también el modelo comercial reinante de la red. Mientras con mayor rapidez naveguemos por la Red —mientras más enlaces podamos cliquear y más páginas veamos— más oportunidades ganan Google y otras empresas de recopilar información sobre nosotros y alimentarnos anuncios.

La mayoría de los propietarios de Internet comercial tienen interés financiero en recopilar los mendrugos de datos que dejamos atrás cuando revoloteamos de enlace en enlace… mientras más mendrugos, mejor. Lo último que desean estas empresas es fomentar la lectura pausada o el pensamiento concentrado, lento. Es interés económico suyo llevarnos a la distracción.

Puede que yo sea sólo una persona que se preocupa más de lo debido. Del mismo modo que existe una tendencia a glorificar el avance tecnológico, existe una tendencia opuesta a esperar lo peor de todo instrumento o máquina nueva.

En la Fedra de Platón, Sócrates se lamentaba del desarrollo de la escritura. Temía que, según las personas comenzaran a confiar en la palabra escrita como sustituto del conocimiento que antes llevaban dentro de las cabezas, en palabras de uno de los personajes del diálogo, “dejaran de ejercitar su memoria y se hicieran olvidadizas”. Y como podrían “recibir una cantidad de información sin instrucción adecuada”, se les “considerara muy conocedores cuando la mayoría es bien ignorante”. Estarían “llenas de la presunción de sabiduría en lugar de verdadera sabiduría”.

Sócrates no se equivocaba —la nueva tecnología muchas veces tuvo los efectos que temió—, pero fue miope. No podía prever las muchas formas en que la escritura y la lectura servirían para extender la información, estimular ideas nuevas y expandir el conocimiento (cuando no la sabiduría) humana.

La llegada de la imprenta de Gutenberg en el siglo XV provocó otra ronda de rechinamiento de dientes. Al humanista italiano Hieronimo Squarciafico le preocupaba que a disponibilidad fácil de los libros condujera a pereza intelectual, haciendo a los hombres “menos estudiosos” y debilitando sus mentes. Otros aducían que los libros y publicaciones impresas baratas socavarían la autoridad religiosa, degradarían el trabajo de eruditos y escribas y extenderían la sedición y el libertinaje. Como observa el profesor de la Universidad de Nueva York Clay Shirky: “La mayoría de los argumentos que se opusieron a la imprenta fueron correctos, incluso proféticos.” Pero, de nuevo, los agoreros no fueron capaces de imaginar la miríada de bendiciones que brindaría la palabra impresa.

De modo que sí, deben mostrarse escépticos hacia mi escepticismo. Puede que aquellos que descarten a quienes critican Internet por considerarlos luditas o nostalgistas tengan la razón y de nuestras mentes hiperactivas, alimentadas de datos, surja una era dorada de descubrimiento intelectual y sabiduría universal.

Pero, de nuevo, la Red no es el alfabeto y aunque pueda sustituir a la imprenta produce algo por completo diferente. El tipo de lectura profunda que promueve una secuencia de páginas impresas es valiosa no sólo por el conocimiento que adquirimos de las palabras del autor, sino por las vibraciones intelectuales que esas palabras desencadenan en nuestras propias mentes. En los espacios de calma abiertos por la lectura sostenida, sin distracción, de un libro o, si a eso vamos, por cualquier otro acto de contemplación, realizamos nuestras asociaciones, trazamos nuestras propias inferencias y analogías, promovemos nuestras propias ideas. La lectura profunda, como afirma Maryanne Wolf, es indistinguible del pensamiento profundo.

Si perdemos esos espacios de quietud o los llenamos de “contenido”, sacrificaremos algo importante no sólo de nuestro propio ser, sino de nuestra cultura. En un ensayo reciente, el dramaturgo Richard Foreman describió con elocuencia lo que está en juego:
    “Procedo de una tradición de cultura occidental en que el ideal (mi ideal) era la estructura compleja, densa, como una catedral de la personalidad de alta educación y expresión, el hombre o mujer que llevaba dentro de sí una versión individualmente construida y singular del patrimonio completo de Occidente. [Pero ahora] veo dentro de todos nosotros (yo incluido) la sustitución de la compleja densidad interna por un nuevo tipo de ser que evoluciona bajo la presión de la sobrecarga de información y la tecnología de lo “instantáneamente disponible”.
Según se nos drena de nuestro “repertorio interno de denso patrimonio cultural”, concluyó Foreman, nos arriesgamos a convertirnos en “gente tan extendida y fina como una crepa según nos conectamos con la vasta red de información a la que se accede tan sólo tocando un botón.”

Me persigue esa escena de 2001. Lo que la hace tan conmovedora, y tan extraña, es la respuesta emocional de la computadora al desmonte de su mente: su desesperación cuando se va oscureciendo un circuito tras otro, su súplica infantil al astronauta —“Lo estoy sintiendo. Lo estoy sintiendo. Tengo miedo”— y su reversión final a lo que sólo puede recibir el nombre de estado de inocencia. La emanación de sentimientos de HAL contrasta con la impasibilidad que caracteriza a las figuras humanas del film, que hacen lo que tienen que hacer con eficiencia casi robótica. Sus pensamientos y acciones parecen preparados de antemano, como si siguieran los pasos de un algoritmo.

En el mundo de 2001, las personas se han hecho tan similares a máquinas que el carácter más humano resulta ser la máquina. Esa es la esencia de la oscura profecía de Kubrick: según confiemos en las computadoras para mediar nuestra comprensión del mundo es nuestra propia inteligencia la que se aplana hasta convertirse en inteligencia artificial.

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El libro más reciente de Nicholas Carr, The Big Switch: Rewiring the World, from Edison to Google, se publicó en el año 2008.

Notas:

1.- Hyperlink (hiperenlace, hipervínculo, nexo) Puntero existente en un documento hipertexto que apunta (enlaza) a otro documento que puede ser o no otro documento hipertexto. [Fuente: RFCALVO]

2.- Instituto Tecnológico de Massachussets.

3.- Search engine (motor de búsqueda, buscador, indexador de información) Servicio WWW que permite al usuario acceder a información sobre un tema determinado contenida en un servidor de información Internet (WWW, FTP, Gopher, Usenet, Newsgroups...) a través de palabras de búsqueda introducidas por él. Los más conocidos son Yahoo, WebCrawler, Lycos, Altavista, DejaNews... En España empiezan a existir indexadores en lengua castellana, con nombres tan castizos como Ole y Ozú. [Fuente: RFCALVO].

Tomado de CubaNow

Is Google Making Us Stupid?

What the Internet is doing to our brains

by Nicholas Carr

"Dave, stop. Stop, will you? Stop, Dave. Will you stop, Dave?” So the supercomputer HAL pleads with the implacable astronaut Dave Bowman in a famous and weirdly poignant scene toward the end of Stanley Kubrick’s 2001: A Space Odyssey. Bowman, having nearly been sent to a deep-space death by the malfunctioning machine, is calmly, coldly disconnecting the memory circuits that control its artificial “ brain. “Dave, my mind is going,” HAL says, forlornly. “I can feel it. I can feel it.”
I can feel it, too. Over the past few years I’ve had an uncomfortable sense that someone, or something, has been tinkering with my brain, remapping the neural circuitry, reprogramming the memory. My mind isn’t going—so far as I can tell—but it’s changing. I’m not thinking the way I used to think. I can feel it most strongly when I’m reading. Immersing myself in a book or a lengthy article used to be easy. My mind would get caught up in the narrative or the turns of the argument, and I’d spend hours strolling through long stretches of prose. That’s rarely the case anymore. Now my concentration often starts to drift after two or three pages. I get fidgety, lose the thread, begin looking for something else to do. I feel as if I’m always dragging my wayward brain back to the text. The deep reading that used to come naturally has become a struggle.
I think I know what’s going on. For more than a decade now, I’ve been spending a lot of time online, searching and surfing and sometimes adding to the great databases of the Internet. The Web has been a godsend to me as a writer. Research that once required days in the stacks or periodical rooms of libraries can now be done in minutes. A few Google searches, some quick clicks on hyperlinks, and I’ve got the telltale fact or pithy quote I was after. Even when I’m not working, I’m as likely as not to be foraging in the Web’s info-thickets’reading and writing e-mails, scanning headlines and blog posts, watching videos and listening to podcasts, or just tripping from link to link to link. (Unlike footnotes, to which they’re sometimes likened, hyperlinks don’t merely point to related works; they propel you toward them.)
For me, as for others, the Net is becoming a universal medium, the conduit for most of the information that flows through my eyes and ears and into my mind. The advantages of having immediate access to such an incredibly rich store of information are many, and they’ve been widely described and duly applauded. “The perfect recall of silicon memory,” Wired’s Clive Thompson has written, “can be an enormous boon to thinking.” But that boon comes at a price. As the media theorist Marshall McLuhan pointed out in the 1960s, media are not just passive channels of information. They supply the stuff of thought, but they also shape the process of thought. And what the Net seems to be doing is chipping away my capacity for concentration and contemplation. My mind now expects to take in information the way the Net distributes it: in a swiftly moving stream of particles. Once I was a scuba diver in the sea of words. Now I zip along the surface like a guy on a Jet Ski.
I’m not the only one. When I mention my troubles with reading to friends and acquaintances—literary types, most of them—many say they’re having similar experiences. The more they use the Web, the more they have to fight to stay focused on long pieces of writing. Some of the bloggers I follow have also begun mentioning the phenomenon. Scott Karp, who writes a blog about online media, recently confessed that he has stopped reading books altogether. “I was a lit major in college, and used to be [a] voracious book reader,” he wrote. “What happened?” He speculates on the answer: “What if I do all my reading on the web not so much because the way I read has changed, i.e. I’m just seeking convenience, but because the way I THINK has changed?”
Bruce Friedman, who blogs regularly about the use of computers in medicine, also has described how the Internet has altered his mental habits. “I now have almost totally lost the ability to read and absorb a longish article on the web or in print,” he wrote earlier this year. A pathologist who has long been on the faculty of the University of Michigan Medical School, Friedman elaborated on his comment in a telephone conversation with me. His thinking, he said, has taken on a “staccato” quality, reflecting the way he quickly scans short passages of text from many sources online. “I can’t read War and Peace  anymore,” he admitted. “I’ve lost the ability to do that. Even a blog post of more than three or four paragraphs is too much to absorb. I skim it.”
Anecdotes alone don’t prove much. And we still await the long-term neurological and psychological experiments that will provide a definitive picture of how Internet use affects cognition. But a recently published study of online research habits , conducted by scholars from University College London, suggests that we may well be in the midst of a sea change in the way we read and think. As part of the five-year research program, the scholars examined computer logs documenting the behavior of visitors to two popular research sites, one operated by the British Library and one by a U.K. educational consortium, that provide access to journal articles, e-books, and other sources of written information. They found that people using the sites exhibited “a form of skimming activity,” hopping from one source to another and rarely returning to any source they’d already visited. They typically read no more than one or two pages of an article or book before they would “bounce” out to another site. Sometimes they’d save a long article, but there’s no evidence that they ever went back and actually read it. The authors of the study report:
 
It is clear that users are not reading online in the traditional sense; indeed there are signs that new forms of “reading” are emerging as users “power browse” horizontally through titles, contents pages and abstracts going for quick wins. It almost seems that they go online to avoid reading in the traditional sense.
 
Thanks to the ubiquity of text on the Internet, not to mention the popularity of text-messaging on cell phones, we may well be reading more today than we did in the 1970s or 1980s, when television was our medium of choice. But it’s a different kind of reading, and behind it lies a different kind of thinking—perhaps even a new sense of the self. “We are not only what we read,” says Maryanne Wolf, a developmental psychologist at Tufts University and the author of Proust and the Squid: The Story and Science of the Reading Brain. “We are how we read.” Wolf worries that the style of reading promoted by the Net, a style that puts “efficiency” and “immediacy” above all else, may be weakening our capacity for the kind of deep reading that emerged when an earlier technology, the printing press, made long and complex works of prose commonplace. When we read online, she says, we tend to become “mere decoders of information.” Our ability to interpret text, to make the rich mental connections that form when we read deeply and without distraction, remains largely disengaged.
Reading, explains Wolf, is not an instinctive skill for human beings. It’s not etched into our genes the way speech is. We have to teach our minds how to translate the symbolic characters we see into the language we understand. And the media or other technologies we use in learning and practicing the craft of reading play an important part in shaping the neural circuits inside our brains. Experiments demonstrate that readers of ideograms, such as the Chinese, develop a mental circuitry for reading that is very different from the circuitry found in those of us whose written language employs an alphabet. The variations extend across many regions of the brain, including those that govern such essential cognitive functions as memory and the interpretation of visual and auditory stimuli. We can expect as well that the circuits woven by our use of the Net will be different from those woven by our reading of books and other printed works.
 
Sometime in 1882, Friedrich Nietzsche bought a typewriter—a Malling-Hansen Writing Ball, to be precise. His vision was failing, and keeping his eyes focused on a page had become exhausting and painful, often bringing on crushing headaches. He had been forced to curtail his writing, and he feared that he would soon have to give it up. The typewriter rescued him, at least for a time. Once he had mastered touch-typing, he was able to write with his eyes closed, using only the tips of his fingers. Words could once again flow from his mind to the page.
But the machine had a subtler effect on his work. One of Nietzsche’s friends, a composer, noticed a change in the style of his writing. His already terse prose had become even tighter, more telegraphic. “Perhaps you will through this instrument even take to a new idiom,” the friend wrote in a letter, noting that, in his own work, his “‘thoughts’ in music and language often depend on the quality of pen and paper.”
 
“You are right,” Nietzsche replied, “our writing equipment takes part in the forming of our thoughts.” Under the sway of the machine, writes the German media scholar Friedrich A. Kittler , Nietzsche’s prose “changed from arguments to aphorisms, from thoughts to puns, from rhetoric to telegram style.”
The human brain is almost infinitely malleable. People used to think that our mental meshwork, the dense connections formed among the 100 billion or so neurons inside our skulls, was largely fixed by the time we reached adulthood. But brain researchers have discovered that that’s not the case. James Olds, a professor of neuroscience who directs the Krasnow Institute for Advanced Study at George Mason University, says that even the adult mind “is very plastic.” Nerve cells routinely break old connections and form new ones. “The brain,” according to Olds, “has the ability to reprogram itself on the fly, altering the way it functions.”
 
As we use what the sociologist Daniel Bell has called our “intellectual technologies”—the tools that extend our mental rather than our physical capacities—we inevitably begin to take on the qualities of those technologies. The mechanical clock, which came into common use in the 14th century, provides a compelling example. In Technics and Civilization, the historian and cultural critic Lewis Mumford  described how the clock “disassociated time from human events and helped create the belief in an independent world of mathematically measurable sequences.” The “abstract framework of divided time” became “the point of reference for both action and thought.”
The clock’s methodical ticking helped bring into being the scientific mind and the scientific man. But it also took something away. As the late MIT computer scientist Joseph Weizenbaum  observed in his 1976 book, Computer Power and Human Reason: From Judgment to Calculation, the conception of the world that emerged from the widespread use of timekeeping instruments “remains an impoverished version of the older one, for it rests on a rejection of those direct experiences that formed the basis for, and indeed constituted, the old reality.” In deciding when to eat, to work, to sleep, to rise, we stopped listening to our senses and started obeying the clock.
The process of adapting to new intellectual technologies is reflected in the changing metaphors we use to explain ourselves to ourselves. When the mechanical clock arrived, people began thinking of their brains as operating “like clockwork.” Today, in the age of software, we have come to think of them as operating “like computers.” But the changes, neuroscience tells us, go much deeper than metaphor. Thanks to our brain’s plasticity, the adaptation occurs also at a biological level.
 
The Internet promises to have particularly far-reaching effects on cognition. In a paper published in 1936, the British mathematician Alan Turing  proved that a digital computer, which at the time existed only as a theoretical machine, could be programmed to perform the function of any other information-processing device. And that’s what we’re seeing today. The Internet, an immeasurably powerful computing system, is subsuming most of our other intellectual technologies. It’s becoming our map and our clock, our printing press and our typewriter, our calculator and our telephone, and our radio and TV.
When the Net absorbs a medium, that medium is re-created in the Net’s image. It injects the medium’s content with hyperlinks, blinking ads, and other digital gewgaws, and it surrounds the content with the content of all the other media it has absorbed. A new e-mail message, for instance, may announce its arrival as we’re glancing over the latest headlines at a newspaper’s site. The result is to scatter our attention and diffuse our concentration.
 
The Net’s influence doesn’t end at the edges of a computer screen, either. As people’s minds become attuned to the crazy quilt of Internet media, traditional media have to adapt to the audience’s new expectations. Television programs add text crawls and pop-up ads, and magazines and newspapers shorten their articles, introduce capsule summaries, and crowd their pages with easy-to-browse info-snippets. When, in March of this year, TheNew York Times decided to devote the second and third pages of every edition to article abstracts , its design director, Tom Bodkin, explained that the “shortcuts” would give harried readers a quick “taste” of the day’s news, sparing them the “less efficient” method of actually turning the pages and reading the articles. Old media have little choice but to play by the new-media rules.
Never has a communications system played so many roles in our lives—or exerted such broad influence over our thoughts—as the Internet does today. Yet, for all that’s been written about the Net, there’s been little consideration of how, exactly, it’s reprogramming us. The Net’s intellectual ethic remains obscure.
 
About the same time that Nietzsche started using his typewriter, an earnest young man named Frederick Winslow Taylor  carried a stopwatch into the Midvale Steel plant in Philadelphia and began a historic series of experiments aimed at improving the efficiency of the plant’s machinists. With the approval of Midvale’s owners, he recruited a group of factory hands, set them to work on various metalworking machines, and recorded and timed their every movement as well as the operations of the machines. By breaking down every job into a sequence of small, discrete steps and then testing different ways of performing each one, Taylor created a set of precise instructions—an “algorithm,” we might say today—for how each worker should work. Midvale’s employees grumbled about the strict new regime, claiming that it turned them into little more than automatons, but the factory’s productivity soared.
 
More than a hundred years after the invention of the steam engine, the Industrial Revolution had at last found its philosophy and its philosopher. Taylor’s tight industrial choreography—his “system,” as he liked to call it—was embraced by manufacturers throughout the country and, in time, around the world. Seeking maximum speed, maximum efficiency, and maximum output, factory owners used time-and-motion studies to organize their work and configure the jobs of their workers. The goal, as Taylor defined it in his celebrated 1911 treatise, The Principles of Scientific Management, was to identify and adopt, for every job, the “one best method” of work and thereby to effect “the gradual substitution of science for rule of thumb throughout the mechanic arts.” Once his system was applied to all acts of manual labor, Taylor assured his followers, it would bring about a restructuring not only of industry but of society, creating a utopia of perfect efficiency. “In the past the man has been first,” he declared; “in the future the system must be first.”
 
Taylor’s system is still very much with us; it remains the ethic of industrial manufacturing. And now, thanks to the growing power that computer engineers and software coders wield over our intellectual lives, Taylor’s ethic is beginning to govern the realm of the mind as well. The Internet is a machine designed for the efficient and automated collection, transmission, and manipulation of information, and its legions of programmers are intent on finding the “one best method”—the perfect algorithm—to carry out every mental movement of what we’ve come to describe as “knowledge work.”
 

Google’s headquarters, in Mountain View, California—the Googleplex—is the Internet’s high church, and the religion practiced inside its walls is Taylorism. Google, says its chief executive, Eric Schmidt, is “a company that’s founded around the science of measurement,” and it is striving to “systematize everything” it does. Drawing on the terabytes of behavioral data it collects through its search engine and other sites, it carries out thousands of experiments a day, according to the Harvard Business Review, and it uses the results to refine the algorithms that increasingly control how people find information and extract meaning from it. What Taylor did for the work of the hand, Google is doing for the work of the mind.

 
The company has declared that its mission is “to organize the world’s information and make it universally accessible and useful.” It seeks to develop “the perfect search engine,” which it defines as something that “understands exactly what you mean and gives you back exactly what you want.” In Google’s view, information is a kind of commodity, a utilitarian resource that can be mined and processed with industrial efficiency. The more pieces of information we can “access” and the faster we can extract their gist, the more productive we become as thinkers.
 
Where does it end? Sergey Brin and Larry Page, the gifted young men who founded Google while pursuing doctoral degrees in computer science at Stanford, speak frequently of their desire to turn their search engine into an artificial intelligence, a HAL-like machine that might be connected directly to our brains. “The ultimate search engine is something as smart as people—or smarter,” Page said in a speech a few years back. “For us, working on search is a way to work on artificial intelligence.” In a 2004 interview with Newsweek, Brin said, “Certainly if you had all the world’s information directly attached to your brain, or an artificial brain that was smarter than your brain, you’d be better off.” Last year, Page told a convention of scientists that Google is “really trying to build artificial intelligence and to do it on a large scale.”
 
Such an ambition is a natural one, even an admirable one, for a pair of math whizzes with vast quantities of cash at their disposal and a small army of computer scientists in their employ. A fundamentally scientific enterprise, Google is motivated by a desire to use technology, in Eric Schmidt’s words, “to solve problems that have never been solved before,” and artificial intelligence is the hardest problem out there. Why wouldn’t Brin and Page want to be the ones to crack it?
 
Still, their easy assumption that we’d all “be better off” if our brains were supplemented, or even replaced, by an artificial intelligence is unsettling. It suggests a belief that intelligence is the output of a mechanical process, a series of discrete steps that can be isolated, measured, and optimized. In Google’s world, the world we enter when we go online, there’s little place for the fuzziness of contemplation. Ambiguity is not an opening for insight but a bug to be fixed. The human brain is just an outdated computer that needs a faster processor and a bigger hard drive.
 
The idea that our minds should operate as high-speed data-processing machines is not only built into the workings of the Internet, it is the network’s reigning business model as well. The faster we surf across the Web—the more links we click and pages we view—the more opportunities Google and other companies gain to collect information about us and to feed us advertisements. Most of the proprietors of the commercial Internet have a financial stake in collecting the crumbs of data we leave behind as we flit from link to link—the more crumbs, the better. The last thing these companies want is to encourage leisurely reading or slow, concentrated thought. It’s in their economic interest to drive us to distraction.
 
Maybe I’m just a worrywart. Just as there’s a tendency to glorify technological progress, there’s a countertendency to expect the worst of every new tool or machine. In Plato’s Phaedrus, Socrates bemoaned the development of writing. He feared that, as people came to rely on the written word as a substitute for the knowledge they used to carry inside their heads, they would, in the words of one of the dialogue’s characters, “cease to exercise their memory and become forgetful.” And because they would be able to “receive a quantity of information without proper instruction,” they would “be thought very knowledgeable when they are for the most part quite ignorant.” They would be “filled with the conceit of wisdom instead of real wisdom.” Socrates wasn’t wrong—the new technology did often have the effects he feared—but he was shortsighted. He couldn’t foresee the many ways that writing and reading would serve to spread information, spur fresh ideas, and expand human knowledge (if not wisdom).
 
The arrival of Gutenberg’s printing press, in the 15th century, set off another round of teeth gnashing. The Italian humanist Hieronimo Squarciafico worried that the easy availability of books would lead to intellectual laziness, making men “less studious” and weakening their minds. Others argued that cheaply printed books and broadsheets would undermine religious authority, demean the work of scholars and scribes, and spread sedition and debauchery. As New York University professor Clay Shirky notes, “Most of the arguments made against the printing press were correct, even prescient.” But, again, the doomsayers were unable to imagine the myriad blessings that the printed word would deliver.
 
So, yes, you should be skeptical of my skepticism. Perhaps those who dismiss critics of the Internet as Luddites or nostalgists will be proved correct, and from our hyperactive, data-stoked minds will spring a golden age of intellectual discovery and universal wisdom. Then again, the Net isn’t the alphabet, and although it may replace the printing press, it produces something altogether different. The kind of deep reading that a sequence of printed pages promotes is valuable not just for the knowledge we acquire from the author’s words but for the intellectual vibrations those words set off within our own minds. In the quiet spaces opened up by the sustained, undistracted reading of a book, or by any other act of contemplation, for that matter, we make our own associations, draw our own inferences and analogies, foster our own ideas. Deep reading, as Maryanne Wolf argues, is indistinguishable from deep thinking.
If we lose those quiet spaces, or fill them up with “content,” we will sacrifice something important not only in our selves but in our culture. In a recent essay, the playwright Richard Foreman  eloquently described what’s at stake:
 
I come from a tradition of Western culture, in which the ideal (my ideal) was the complex, dense and “cathedral-like” structure of the highly educated and articulate personality—a man or woman who carried inside themselves a personally constructed and unique version of the entire heritage of the West. [But now] I see within us all (myself included) the replacement of complex inner density with a new kind of self—evolving under the pressure of information overload and the technology of the “instantly available.”
 
As we are drained of our “inner repertory of dense cultural inheritance,” Foreman concluded, we risk turning into “‘pancake people’—spread wide and thin as we connect with that vast network of information accessed by the mere touch of a button.”
I’m haunted by that scene in 2001. What makes it so poignant, and so weird, is the computer’s emotional response to the disassembly of its mind: its despair as one circuit after another goes dark, its childlike pleading with the astronaut—“I can feel it. I can feel it. I’m afraid”—and its final reversion to what can only be called a state of innocence. HAL’s outpouring of feeling contrasts with the emotionlessness that characterizes the human figures in the film, who go about their business with an almost robotic efficiency. Their thoughts and actions feel scripted, as if they’re following the steps of an algorithm. In the world of 2001, people have become so machinelike that the most human character turns out to be a machine. That’s the essence of Kubrick’s dark prophecy: as we come to rely on computers to mediate our understanding of the world, it is our own intelligence that flattens into artificial intelligence
 
 
 

Visible Body

TODOS DEBERÍAMOS CONOCER NUESTRO CUERPO
Anatomía 3D - Visible Body
Creo que muchos conoceis el programa Google Hearth. Ese programa que te permite navegar por el mundo de mil y una formas.
Pues este el "equivalente" para navegar por la antatomía del cuerpo humano en 3D
 
SENCILLAMENTE FABULOSO
 

La medicalización de la vida cotidiana

Enrique Carpintero
Psicoanalista
enrique.carpintero@topia.com.ar
 
 
Al amanecer, armados de una ardiente paciencia,
entraremos en las espléndidas ciudades.

Rimbaud
I
En el 2007 se produce un hecho histórico: es la primera vez en la historia de la humanidad que viven más habitantes en las grandes ciudades que en zonas rurales. Sin embargo cada día se hace más difícil vivir en la ciudad del capitalismo mundializado. Paul Virilio habla de la ciudad pánico. La fragmentación social que aparece en el desarrollo urbano muestra espacialmente lo que se inscribe simbólicamente en la subjetividad de aquéllos que la habitan. Desde el poder se genera esta violencia simbólica que enmarca nuestra identidad y legitima nuestras conductas en la afirmación individual no como una posible autonomía, sino como un yo hermético, sin fronteras, en cuyo espacio no entra nadie más y su cumplimiento es el encierro narcisista. En estas circunstancias el yo-soporte es dominado porlas pulsiones destructivas y autodestructivas produciendo los síntomas característicos de nuestra época .
Como dice Remo Bodei
el yo de la modernidad hecho de acero y cemento se ha transformado en un yo de plástico biodegradable. En un yo video tape que se cambia según las circunstancias. En “la era de la dominación de las conciencias” el poder disciplina nuestra subjetividad banalizando la experiencia donde el dolor y el conflicto dejan de ser una fuente de energía. Por el contrario, hay que evitarlos. El consumo de bienes, el alcohol, los tranquilizantes, la dependencia de los medios de entretenimiento es lo que ofrece la cultura para que anestesiemos nuestra subjetividad.
En este sentido la actual evolución de las biotecnologías, las neurociencias, las técnicas médicas y farmacológicas que pueden estar al servicio de la emancipación del sujeto se las utiliza para adaptarlo a la cultura del sometimiento. Por ello el medicamento que estaba exclusivamente al servicio del “arte de curar” hoy se lo ofrece como un objeto necesario de consumir para soportar las incertidumbres de un futuro que es vivido como catastrófico.
 
II
 
Medicar es un acto médico. En cambio la medicalización alude a los factores políticos, sociales y económicos que intervienen en la producción, distribución y venta de las grandes industrias de tecnología médica y farmacológica.
La medicalización es un término que se viene usando desde hace muchos años para demostrar los efectos en la medicina de la mundialización capitalista donde lo único que importa es la ganancia. Es así como las grandes industrias redefinen la salud humana acorde a una subjetividad sometida a los valores de la cultura dominante. Muchos procesos normales como el nacimiento, la adolescencia, la vejez, la sexualidad, el dolor y la muerte se presentan como patológicos a los cuales se les puede aplicar un remedio para su solución. Al dar una resignificación médica a circunstancias de la vida cotidiana el sujeto no solo se convierte en un objeto pasible de enfermedad, sino también culpable por padecerla. La búsqueda de la salud se transforma en una exigencia que en mucha ocasiones genera enfermos imaginarios de enfermedades creadas por los propios laboratorios
. Estos para aumentar se rentabilidad establecen nuevas indicaciones para sus productos o bien cambian los valores normales de determinados parámetros fisiológicos para construir “factores de riesgo” que pueden ser tratados. Su resultado es una información que varía permanentemente . Al leer los suplementos de salud un día nos enteramos que la carne es tóxica, luego que es necesaria; es importante tomar vitaminas o, por el contrario, las vitaminas pueden traer dificultades; las frutas y verduras son valiosas para la alimentación pero hay que cuidar que no estén contaminadas; el colesterol cada día hay que tenerlo más bajo, lo cual es imposible sostenerlo sin medicación; hay que evitar la grasas, mantener el volumen de la cintura, etc. En definitiva, las compras deben ser realizadas con una guía de riesgos a asumir que nos indica la posible enfermedad y la tranquilidad por el correspondiente medicamento que la puede evitar. De esta manera la necesaria información sobre determinados problemas sanitarios se transforma en generar enfermos que pueden consumir medicamentos o tecnología médica.
Lejos estamos de Sabín y Salk que no patentaron sus vacunas antipoliomelíticas por considerarlas un beneficio para la humanidad. Hoy la salud es un valor del mercado donde lo importante son las cifras que se facturan. El marketing predomina sobre la epidemiología. Esta red de intereses altera la relación médico-paciente y ha llevado al aumento en forma alarmante de la automedicación. Grandes campañas publicitarias en los medios de comunicación ofrecen las bondades de un medicamento como si fuera cualquier producto para consumir. La ingesta de remedios se la ha naturalizado como una forma de vida. Ansiolíticos, analgésicos, laxantes, antiácidos y multivitamínicos no sólo se venden en las farmacias sino en quioscos y supermercados. Se estima que el 20 % de los medicamentos se ofrecen por fuera de los circuitos legales de comercialización. Su consecuencia es que nuestro país esta considerado un “subconsumidor” de medicamentos y se encuentra entre los primeros del mundo en el consumo de psicofármacos. Una consulta de la Universidad Maimónides y el Instituto Argentino de Atención Farmacéutica realizado a 3000 pacientes y 400 farmacéuticos muestran que el uso de medicamentos sin control médico adecuado conduce a que 100.000 personas se internan por esta causa en los hospitales públicos y más de 770 terminen muriendo En EE.UU. se ha transformado en la tercera causa de muerte después de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.
Los diferentes factores que se ponen en juego para difundir la medicalización en la sociedad explican las fabulosas ganancias que tienen los grandes laboratorios, las cuales deben ser repartidas entre los diferentes actores que participan en este proceso. Un informe de la Asociación de Agentes de Propaganda Médica afirma que la diferencia entre lo que pagan por las drogas en el mercado mayorista y el precio que esa droga se vende en las farmacias llega al 55.281 por ciento. Por ejemplo el Diazepam, que el laboratorio suizo Roche comercializa con la marca Valium, el precio por kilo es de $ 235 (0,0002 por miligramo), la presentación que se ofrece es de 10 mg. por 50 unidades, lo que supone 12 centavos por la droga que lleva esa presentación, pero en las farmacias se vende a $ 40,40, es decir el 33.633 por ciento más. Este margen extraordinario sobre el que el Estado no interviene, dificulta el acceso de la mayoría de la población a los medicamentos y le permite a la industria seguir haciendo lobby en las diferentes estructuras del Estado, realizar grandes campañas publicitarias y ofrecer promociones y descuentos.
Este monopolio médico-tecnológico, nacido en Europa y EE.UU., da lugar a modelos neopositivistas donde la única valoración es la biología como determinante del proceso salud-enfermedad. Desde allí no se piensa en enfermos sino en enfermedades de pacientes que pueden pagar los altos costos de la tecnología médico-farmacológica. Esta situación esta llevando a que millones de personas en nuestro país y en el mundo mueran por no poder acceder a tratamientos básicos o mueran de paludismo, chagas, dengue y tuberculosis. Es decir, enfermedades que no dan rédito económico ya que para evitarlas es necesario el trabajo preventivo y mejorar la calidad de vida de la población afectada.
 
III
 
En el campo de la Salud Mental la medicalización se fomenta a partir de la hegemonía que ha adquirido la psiquiatría biológica. Frente al desarrollo de las neurociencias la psiquiatría ha dejado de lado el modelo de la psicogénesis para resolver el conflicto en beneficio de una clasificación de las conductas que reduce el tratamiento a la supresión de los síntomas. La enfermedad es una falla que hay que suprimir y no un problema a entender donde hay que dar cuenta de una etiología. Desde esta perspectiva el psicoanálisis es cuestionado por aquellos que han retrocedido a un neopositivismo que reduce el pensamiento a un circuito neuronal y el deseo a una secreción química.
Para ello cuentan con el DSM IV (Manual de Diagnóstico y Tratamiento de los Trastornos Mentales de la American Pychiatric Association) que psiquiatrizó la vida cotidiana en tanto toda conducta puede ser definida como un trastorno. Este es un manual basado en el esquema de síntomas-diagnóstico-tratamiento elaborado a partir de las neurociencias y el uso de psicotrópicos. A pesar de su utilidad epidemiológica el paciente es etiquetado con un diagnóstico que deja de lado su particularidad y las posibilidades de realizar un trabajo pluridisciplinario. Su objetivo no es organizar un tratamiento psicoterapéutico sino clasificar cada trastorno para poder aplicar la droga correspondiente: trastorno de aprendizaje con déficit de atención, Ritalina ; depresión, Fluoxetina; ansiedad generalizada, Lorazepam y así sucesivamente.
De esta manera el diagnóstico realizado sobre la base del DSM IV se adecua a las necesidades de las obras sociales y los pre-pagos que al disminuir los costos de las prestaciones priorizan la rapidez en los tratamientos
. Pero si la medicalización de la psiquiatría se ha expandido es porque los pacientes acorde con los tiempos que corren reclaman que sus síntomas psíquicos tengan una causalidad orgánica ya que al depositar la ilusión en una pastilla evitan el camino de la resolución del conflicto.
También la locura se redujo nuevamente a sus componentes biológicos. Para realizar semejantes cambios fue necesario echar por tierra muchos años de trabajo teórico y experiencias de comunidad terapéutica, hospital de día, etc
. Hoy el loco no es un sujeto con el que se establece una relación terapéutica, sino se ha convertido en un objeto cuyos síntomas pueden ser tratados químicamente si tiene dinero para pagar los psicofármacos de última generación. Si es pobre será enviado a un manicomio.
El manicomio es el paradigma de la segregación. Nadie le reconoce su efectividad curativa pero permanece mostrando su funcionalidad. Nadie discute su efecto iatrogénico y todos están de acuerdo en limitar las internaciones psiquiátricas a cuadros agudos y períodos breves. Sin embargo la ley 448 de Salud Mental de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que sostiene esta perspectiva, es permanentemente limitada en su aplicación por diferentes poderes instalados en las estructuras del Estado

En este sentido creemos que son secundarias las cuestiones que enfrentan a médicos y psicólogos o a psiquiatras y psicoanalistas. Lo importante es unificar a todos los que cuestionan el neopositivismo biológico rescatando el trabajo pluridisciplinario donde la medicación es un instrumento adecuado cuando se da cuenta de una subjetividad construida en su dimensión biológica, psíquica y social. Es decir, humana.
 
IV
 
Los ricos no sólo viven mejor que los pobres, viven más tiempo. Uno de los datos de la desigualdad es cuánto se vive y cuanto se sobrevive a la enfermedad y al riesgo. Como venimos diciendo en anteriores artículos la protección de la vida es una tarea de los gobiernos por que las circunstancias de que la gente viva o muera es un hecho político. Si se deja que las condiciones de vida, la enfermedad y la muerte esté en manos de los votos o de la leyes del mercado, las familias pobres no pueden sobrevivir. Esta es la función de un Estado que represente los intereses de la mayoría de la población. Sin embargo la lógica del capital desnuda un Estado que no es objetivo, sino que defiende los intereses de los sectores empresarios, al no garantizar las leyes que protejan a los sectores de menores recursos.
Su resultado es la precarización de las redes sociales donde la cultura dominante sólo ofrece la ilusión del consumo. De esta manera la medicalización es la respuesta que permite sostener la fragmentación de las identidades individuales y colectivas. Para eliminar sus consecuencias no es suficiente con una condena moral ya que estas reproducen el modelo social y económico. Plantear su necesaria transformación requiere tener en cuenta que los sectores dominantes crean sus instrumentos de poder, de civilización y de cultura, así como los medios para realizarlos. De allí la importancia de la fuerza del colectivo social para permitir formas organizativas que generen comunidad. Es decir, como plantea Spinoza, no es solamente el afán desmedido de manipulación y dominio de un sector social el que genera el poder. También podemos observar en muchos otros un afán de servidumbre, una impotencia que los lleva a esperar sus alegrías y felicidad de supuestos poderosos: creer en la salvación que le propone la cultura de consumo. Los seres humanos sufren la servidumbre de sus pasiones tristes que disminuyen su propia potencia. En esta perspectiva el camino ético -según Spinoza- no es una supresión de las pasiones sino enfrentar las pasiones tristes (la depresión, la melancolía, el odio) con la fuerza de las pasiones alegres (el amor, la solidaridad, etc.). Por ello la importancia de una política liberadora que tenga en cuenta las pasiones. Una política basada en una razón apasionada que se transforme en una guía para la acción potenciando la fuerza del colectivo social contra el poder que la limita. Es decir, una política que permita reconstruir los lazos de solidaridad necesarios para hacer habitable nuestras ciudades
Notas
 
Virilio, Paul, Ciudad pánico. El afuera comienza aquí, libros del Zorzal, Buenos Aires, 2006.Si bien no coincidimos con su posición postmoderna describe con cierta elocuencia las problemáticas que atraviesan las grandes ciudades en el mundo. Aunque en una característica típica de un pensador eurocéntrico confunde los problemas que atraviesa la Argentina con las favelas de Brasil (pág. 102).  
 
“… el yo es el resultado de elecciones de objeto que llevan a identificaciones que permiten soportar la emergencia de lo pulsional. Este yo-soporte se constituye como garantía del proceso de estructuración-desestructuración del interjuego entre las pulsiones de vida y de muerte. Por ello, en el caso de una estasis pulsional, el yo desaparece en su función soporte al quedar atravesado por los efectos de la pulsión de muerte. En este sentido, el necesario trabajo con el yo permite que el sujeto se encuentre con su ‘potencia de ser’ para posibilitar un revestimiento narcisista del yo en una identificación sostenida en un proyecto como ideal del yo.” Carpintero, Enrique, “El Yo- soporte. La clínica en el trabajo con lo negativo”, revista Dialogantes, Buenos Aires, 2002.
 
Bodei, Remo, Destinos personales. La era de la colonización de las conciencias, El Cuerno de Plata, Buenos Aires, 2006.
Sobre este tema se puede consultar “Medicina Familiar y Comunitaria”
en http://e-medicinafamiliar.org
Ver “Salud para Tod@s. Blog de información y opinión sobre Salud en Argentina y en el mundo”, http://www.saludargentina.info
Diario La Nación, 7 y 8 de enero de 2007.
Diario Página/12, suplemento CASH, 26 de noviembre de 2006.
Sobre este tema leer Pavlovsky, Federico, “La tentación: vicisitudes de un psiquiatra”, revista Topía, N° 47, agosto de 2006. También “Medicamentos, médicos y laboratorios: una cuestión del campo de la Salud Mental”, Gustavo Lipovetzky, José C. Escudero y Diana Kordon, revista Topía, N° 48, noviembre de 2006.
Leer en este número, Janin, Beatriz “La medicalización de la infancia”.
Para un crítica más desarrollada del DSM IV ver Roudinesco, Élizabeth, ¿Por qué el psicoanálisis?, editorial Paidós, Buenos Aires, 2000. El paciente, el terapeuta y el Estado, editorial Siglo Veintiuno Argentina, Buenos Aires, 2004. 
Esta situación es una tendencia mundial. Para ver lo que ocurre en Francia se puede leer Coupechoux, Patrick, “Hasta la locura es sospechosa. La psiquiatría arrastrada por la tormenta securitaria”, Le Monde Diplomatique, julio de 2006. Sobre un desarrollo de este tema en nuestro país leer Vainer, Alejandro, “La contrarreforma psiquiátrica”, revista Topía, N° 47, agosto de 2006.
Barraco, Angel, Kazi, Gregorio, Vainer, Alejandro y Carpintero Enrique, “Desmanicomializar. Pasado y presente de los manicomios”, en este mismo número.
Leer Vainer, Alejandro, “La contrarreforma psiquiátrica”, revista Topía N° 47, agosto de 2006.
Carpintero, Enrique, La alegría de lo necesario. Las pasiones y el poder en Spinoza y Freud, editorial Topía, segunda edición corregida y aumentada, marzo de 2007.
 
 

Spinoza y Freud: “compañeros de incredulidad”

Enrique Carpintero
enrique.carpintero@topia.com.ar
 
Yo sólo creo en el Dios de Spinoza
                                 Einstein
 
Los humanos tienen una radical diferencia con los otros seres vivientes: saben de su propia muerte. Uno de los procedimientos para oponerse a los efectos de la muerte es hacer de ella una aniquilación sólo del individuo. La muerte se vuelve entonces un tránsito hacia otro lugar en que habitaría el alma inmortal. Por ello la religión conoce el espacio de su eficacia: Esta es la subjetividad donde los diferentes monoteísmos inventaron el espacio abstracto por excelencia en los que se aposentan los juegos de la fe: la conciencia.
El Dios único nos es como los muchos dioses de la antigüedad. El Dios único, es único porque existe. Pero son los representantes de las instituciones religiosas quienes lo transforman según cada período histórico con el fin de consolidar el poder de la cultura dominante. Es que mientras Dios es trascendente las religiones son humanas, demasiado humanas ya que forman parte de la historia y de la sociedad.     
 
Rosca, huevos y guefilte fish
(Unos meses atrás un periodista amigo me llamó para escribir una columna sobre la celebración de la Pascua cristiana y el Pesaj judío. Al comentarle sobre mis posibles orígenes marranos le pareció interesante que relatara esta circunstancia. Dadas las características de este artículo editorial nada mejor que comenzar reproduciendo este breve texto).
“Cuando era chico la Pascua significaba comer la exquisita rosca que preparaba mi abuela. No entendía bien qué relación había entre esa rosca con huevos y la procesión que organizaba el cura del barrio con los fieles llevando ramos de olivos.
Con los años, que como todo el mundo sabe no vienen solos, fue Freud -ese judío sin Dios- con quien pude entender la ilusión que representaba la religión.
También con los años descubrí que los apellidos españoles con significado eran de origen marrano. Esa posibilidad, negada por mi familia de origen, adquiere alguna verosimilitud cuando encuentro la partida de nacimiento de mi abuelo gallego -de Pontevedra para más datos- donde figuraba que su segundo nombre era Isaac. En Pesaj se celebra la liberación de los judíos del poder egipcio. Por ello cuando mi suegra me sirve el guefilte fish no puedo dejar de pensar que quizás esté recuperando la memoria de mis antepasados.
Nuevamente con los años, al estudiar la obra de ese judío marrano excomulgado en el siglo XVII llamado Baruch Spinoza, me interesó su sistema de pensamiento donde trata de resolver los interrogantes de la condición humana y su sometimiento al poder. De allí sus preguntas: ¿Por qué los hombres luchan por la servidumbre como si lo hicieran por su salvación? ¿Por qué la religión, que se supone basada en el amor, fomenta la intolerancia y la guerra? Varios siglos después estos interrogantes siguen vigentes.
Para esta fecha, donde ambas religiones recuerdan la Pascua y Pesaj, me lleva a decir que Isaac, el nombre negado de mi abuelo, también representa esa memoria colectiva excluida por los diferentes poderes de nuestra historia”.
 
Spinoza, el padre de los ateos
Durante el siglo XVII un joven judío marrano de la ciudad de Ámsterdam comenzaba a producir profundos rechazos. Cuentan sus biógrafos que a los veinte años ya estaba expresando ideas que llevarían a los rabinos de su comunidad a la decisión de excomulgarlo. En cierta ocasión algunos amigos le preguntaron si Dios tenía cuerpo, si había ángeles y si el alma era inmortal. La respuesta de Baruch Spinoza fueron francamente heréticas: “¿Por qué Dios no podía ser material? No, no había ángeles. Por lo que hace al alma, siempre que en las escrituras se habla de ella la palabra Alma es usada simplemente para expresar Vida, o cualquier cosa que está viva. Sería inútil buscar un pasaje en respaldo de su inmortalidad”. Para los judíos de la época, al igual que para los cristianos, estas eran unas herejías terribles.
Después de que fracasaron todos los intentos para que no expresara tales opiniones los rabinos realizaron su proscripción con los más terribles anatemas y casi fue apuñalado por un fanático a la salida de la sinagoga.
El 27 de julio de 1656 fue leído el texto en hebreo que promulgaba el Cherem frente al arco de la sinagoga en el Houtgracht. En su parte final decía: “... Maldito sea de día y maldito sea de noche, maldito sea al acostarse y maldito sea al levantarse, maldito sea al entrar y al salir; no quiera el Altísimo perdonarle hasta que su furor y su celo abrasen a este hombre; lance sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de esta Ley, borre su nombre de bajo los cielos y sepárelo, para su desgracia, de todos las tribus de Israel, con todas las maldiciones del firmamento escritas en el libro de la Ley. Y vosotros, los unidos al Altísimo, vuestro Dios, todos vosotros que estáis vivos hoy, advirtiendo que nadie pueda hablarle oralmente ni por escrito, ni hacerle ningún favor, ni estar él bajo el mismo techo ni a menos de cuatro codos de él, ni leer papel hecho o escrito por él.”
Desterrado de su comunidad comienza a escribir y sus textos circulan secretamente.
Estudia matemáticas, latín, discute con los representantes científicos de la Royel Society de Londres, se interioriza por la óptica, lee a los pensadores más importantes de la antigüedad y de su época. Conocía la Biblia profundamente y encontraba en ella muchas contradicciones. Las ordenanzas de la Torá le parecían arbitrarias y meramente históricas sin ninguna relación con la Leyes de Dios que eran las universales de la naturaleza. Consideraba que la noción de milagro se contradecía con la razón. Por ello hace una crítica ilustrada de las exégesis sacerdotales donde sostiene que los profetas no tienen un alma perfecta sino una gran imaginación que la utilizan para afianzar la superstición.

Spinoza tenía motivos suficientes para temer por su vida: uno de sus amigos había sido ejecutado, y otro había muerto en la cárcel. Los esfuerzos por publicar habían concluido en amenazas de un juicio criminal. Un teólogo famoso se había referido a él como “el hombre más impío y peligroso del siglo” y un poderoso obispo lo describió como “un loco y malvado que merece ser encadenado y azotado”.
El único libro que publica en vida es el Tratado teológico político utilizando un seudónimo para evitar el castigo de los curas cartesianos de toda Europa. Allí realiza un cuestionamiento político a las religiones históricas: “El gran secreto del régimen monárquico y su interés profundo consiste en engañar a los hombres, disfrazando con el nombre religión el temor con que los esclavizan, de tal modo que combaten por su servidumbre cuando creen que luchan por su salvación.”
 
Spinoza habla de un Dios que no es Dios
Los grandes temas de Spinoza son la libertad de pensamiento, la separación entre la filosofía y la teología, la identidad de Dios y la naturaleza, la democracia y la subordinación de la iglesia al Estado.
La Ética demostrada según el orden geométrico es su libro fundamental. El modo geométrico de su escritura implica trasladar a la filosofía el método axiomático deductivo en la búsqueda de una consistencia lógica. La Ética esta dividida en cinco partes. La primera trata sobre Dios; la segunda sobre el origen de la Mens (Spinoza no utiliza la palabra “alma” por su connotación religiosa); la tercera sobre las pasiones; la cuarta sobre el poder de las pasiones y la quinta sobre el poder de la Mens ante las pasiones o de la posibilidad de la libertad de los hombres.
Es en la primera parte donde refuta la concepción del Dios judeo-cristiano. Es decir un Dios persona, omnipotente y omnisciente, con poderes para castigar y premiar, un Dios que crea al mundo de la nada. Para Spinoza Dios es la Naturaleza (Deus sive natura). Dios es inmanente no trascendente. Una causa inmanente esta “junto a” o “dentro” de aquello que causa. Por ejemplo la naturaleza de un círculo es la causa inmanente de su redondez. Lo que afirma Spinoza es que Dios no está fuera del mundo y lo crea, Dios existe en el mundo y subsiste junto con aquello que crea. Dios es el mundo y todo lo que lo constituye. Por ello lo que propone es que la Naturaleza como potencia, como naturaleza naturante, es Dios. La Naturaleza es “causa de si”, es decir existe por necesidad y no puede ser de otra manera.
En el universo todo forma parte de una sola sustancia, todo lo que hay es una sola sustancia a la que podemos llamar Dios o la Naturaleza. De los infinitos atributos de esa sustancia sólo conocemos dos: el modo pensamiento y el modo extensión. Pero entre ambos modos no hay correspondencia, ni prioridad, ni subordinación. Lo que aparece en un modo también se encuentra en el otro. Una consecuencia de la teoría de la mente de Spinoza es que la inmortalidad personal no existe. En la medida que los actos mentales tienen siempre su correlato en el cuerpo, cuando este muere lo mismo sucede con la mente. Esta perspectiva cuestiona la separación cartesiana entre alma y cuerpo. El dualismo de Descartes establece la posibilidad de un acuerdo entre la religión y la ciencia emergente de la época. Aislando la mente del cuerpo se aseguraba que las doctrinas religiosas -la inmortalidad del alma, la libertad de la voluntad y el estatus especial del ser humano- no se contradecía con la posible intervención de la investigación científica.
Para Spinoza sólo hay un reino en el mundo: el de Dios o la Naturaleza. Los seres humanos pertenecen a este reino de la misma forma que las piedras, los árboles y los gatos. De esta manera subvierte siglos de ideas religiosas que habían colocado al ser humano en un lugar especial.

Esta implacable supresión de la inmortalidad del ser humano y su fundamentación de que Dios es sinónimo de la Naturaleza nos lleva a sostener que su filosofía plantea un método que está al servicio de sus ideas políticas radicales en contra de la jerarquía teológica ligada al poder del Estado que -como sostiene Spinoza- utiliza la posibilidad de un castigo o recompensa para someter a las masas. De allí que su ateísmo lo fundamenta en un riguroso sistema de pensamiento.
El ser es un verbo que se afirma en la divinidad de la potencia
 
Algunos de los sufrimientos del ser humano provienen de formarse ideas inadecuadas producto de su imaginación. Una de ellas es su libertad: “Los hombres se equivocan al creerse libres, opinión que obedece al solo hecho de que son conscientes de sus acciones pero ignorantes de las causas que las determinan. Y, por tanto su idea de libertad se reduce al desconocimiento de las causas de sus acciones, pues todo ese decir que las acciones humanas dependen de la voluntad son sólo palabras, sin idea alguna que les corresponda. Efectivamente, todos ignoran lo que es la voluntad y cómo mueve el cuerpo, y quienes se jactan de otra cosa e inventan residencias o moradas del alma suelen mover a risa o a repugnancia.” Pero el ser humano tiene un tipo de libertad ligada a su capacidad racional de formarse ideas adecuadas sobre lo que es necesario y orientar su conatus. Es decir, su deseo para aumentar su potencia de vida y preservarse en su ser. Por ello la idea del bien y del mal suelen estar ligadas a supersticiones e ideas confusas. Para Spinoza bueno es lo que aumenta nuestra potencia acompañada de un sentimiento de alegría y malo es lo que disminuye nuestra potencia acompañada de un sentimiento de tristeza. Si un sujeto hace un acto malo no comete un pecado simplemente devasta su vida y la de los demás. En todo caso si es una ilegalidad jurídica recibirá la sanción que corresponde por parte del Estado. De esta manera funda una ética de la alegría como potencia de ser. El ser de Spinoza es poder y potencia, no deber. El ser es un verbo donde la alegría no es una recompensa sino una señal que nos dice lo que es bueno. Por ello afirma: “la alegría es siempre buena y la melancolía siempre es mala”. La melancolía como pasión triste es funcional a la superstición ya que es utilizada por los poderes religiosos para separar a los cuerpos de su propia potencia y a las mentes de su capacidad de pensar. Por ello no afirmaba la potencia de la divinidad sino la divinidad de la potencia de ser.
En la Ética Spinoza presenta una solución al conflicto que las religiones plantean entre Dios y la Naturaleza. En sus aspectos fundamentales esta solución estaba presente en su mente cuando fue expulsado de la comunidad judía. Dios y la Naturaleza no están en conflicto por que Dios es la Naturaleza. La “Naturaleza” de la que se trata incluye la que hablamos normalmente pero está más cerca de lo que entendemos por “naturaleza” en expresiones como “la naturaleza del hombre”, “la naturaleza del agua”. Es decir la naturaleza que es objeto de la indagación racional, que es inteligible o comprensible. Su filosofía sostiene que no hay nada en el mundo que sea misterioso, no hay dioses inescrutables tomando decisiones sobre el mundo. En definitiva no hay nada que pueda no ser conocido, aunque necesariamente no conozcamos todo. Por ello termina la Ética diciendo que la sabiduría está en el “amor intelectual a Dios” (amor Dei intelectuallis). Este es un amor de las cosas y del mundo. Más conocemos a Dios cuanto más nos conocemos a nosotros mismos y al mundo. Es decir, al unir la pasión, el intelecto y la Naturaleza propone una razón apasionada como fuerza activa de construcción y aprehensión del mundo. Esta es su posición política.         
Spinoza describió la necesidad de una democracia radical antes de que el mundo proporcionase su posibilidad y Marx escribiera El capital. Dos siglos antes de que Darwin desarrollara su teoría de la evolución de las especies descartando la necesidad de un creador, anunció que una explicación así era inevitable. Anticipó la perspectiva de entender al ser humano como bio-psico-social. Sin embargo aún sigue produciendo profundos rechazos.
Este año el gobierno holandés debido al escaso conocimiento de los estudiantes sobre la historia del país decidió hacer obligatoria una materia en la que estudiaran los cincuenta sucesos y personajes más importantes en la conformación actual de los Países Bajos. Entre los personajes estaba Spinoza. Las escuelas cristianas se apresuraron a señalar que prefieren configurar su propia lista de celebridades destinada a evitar que la fe aparezca como fuente de conflictos. Por ello proponen suprimir a Spinoza e incluir el Concilio Vaticano II. Este hecho demuestra como tres siglos después sigue perviviendo el odio teológico contra este judío marrano. 
 
Freud consideraba a Spinoza “un hermano en la falta de fe”
El escritor Isaac Deutscher sostiene que una importante tradición disidente dentro del judaísmo está formada por pensadores heréticos como Spinoza, Marx, Heine y Freud. Sus ideas exponían críticas contundentes a la sociedad y creían que las leyes científicas gobernaban el pensamiento humano. Para ellos la realidad humana estaba representada por deseos y anhelos, escrúpulos e inhibiciones, afanes e inquietudes independientemente de la raza, religión o nación a la que pertenezcan. Por ello no creían que ninguna cultura o dios tengan el monopolio de la razón y la virtud.  
En este sentido Freud se describía como un “judío totalmente sin dios”. Su primer intento de aplicar el psicoanálisis a la religión fue en el artículo “Actos obsesivos y prácticas religiosas” donde señalaba la similitud entre los actos obsesivos y las ceremonias religiosas. La diferencia es que “la neurosis obsesiva es la religiosidad individual y la religión es una neurosis obsesiva universal”.

Pero es en Totém y Tabú (1913)donde la religión es considerada como una defensa infantil de protección contra el desamparo. En definitiva, contra la muerte. Al desarrollar el mito de la horda primitiva señala como los hijos del Padre muerto se constituyen como un grupo desde la idealización del Padre. De esta manera el Padre protector también instala la prohibición que instituye la cultura, en tanto a lo que se renuncia es al parricidio y al incesto. Esta renuncia de lo pulsional deriva de la culpa individual y colectiva que se transforma en el problema más importante para el desarrollo cultural, ya que es el precio que el progreso de la cultura exige al sujeto, que debe pagarlo con un déficit de felicidad provocado por la elevación de ese mismo sentimiento de culpa. En este sentido es necesario plantearnos algunos interrogantes. ¿Se puede pensar otro poder fuera de esa convergencia en un grupo de sujetos sometidos a un yo-ideal? Si la imperfección es propia de toda actividad humana, y por lo tanto generadora de la misma, ¿qué creencias puede desarrollar un grupo para evitar el conformismo de lo posible? ¿Cómo puede el sujeto enfrentar las injusticias si su rebelión queda reducida al campo de las fantasías? Y por último, ¿con qué criterio de eficacia se puede discernir la ilusión en los procesos sociales? Intentar contestar estas preguntas requiere que no reduzcamos los procesos colectivos a categorías individuales. Tampoco se puede dar cuenta de los primeros sin pensar en la subjetividad del sujeto.         
 
Este tema es el que desarrolla Freud en los primeros capítulos de El porvenir de una ilusión (1927). La religión es la que sostiene la cultura dominante a través de la ilusión. Su planteo no es demostrar que la ilusión es falsa, sino que es el resultado de un deseo de plenitud y como tal una distorsión de la realidad. La ilusión es lo que el deseo da por realizado. Es por esto que la unión entre los miembros de la masa no reside en la solidaridad, sino en esos deseos de ilusión.

Este lugar de la religión como forma de ilusión lo extiende a otros patrimonios culturales como los científicos, políticos e ideológicos que pretenden conformarse en una cosmovisión. Sin embargo estos últimos pueden apelar a la razón y la verdad no como saberes absolutos, sino como un acto de reflexión en la búsqueda de respuestas. Esto no alude a un realismo ingenuo en la búsqueda de lo posible, así como tampoco a un racionalismo que cree explicarlo todo dejando de lado el sujeto como núcleo de verdad histórica. De allí que al trabajar el problema de la ilusión, Freud entiende la verdad histórica como algo que hay que construir con la ayuda del “Dios Logos”. Esta es la posición que sostiene para el psicoanálisis. Por ello le escribe a Pfister: “Perdiendo sus esperanzas en el más allá, y concentrando en la vida terrenal todas las fuerzas así liberadas, logrará probablemente, que la vida se vuelva soportable para todos y la cultura no sofoque a nadie más. Entonces, sin lamentarse, podrá decir junto con uno de nuestros compañeros de incredulidad: <Dejemos los cielos/ a ángeles y gorriones>
En la actualidad, para el escepticismo postmoderno, no hay hechos sino interpretaciones, por lo tanto no hay posibilidad de alcanzar un conocimiento objetivo de ninguna realidad. De esta manera se anula toda posibilidad de debate ya que “lo políticamente correcto” es que todos tienen razón pues, en definitiva nadie tiene la posición de la verdad, ya que no la hay. Es decir un mundo donde todo vale y, nada vale. La ciencia es una interpretación que no tiene ninguna validación objetiva, el progreso es una ilusión y la lucha por un mundo mejor una antigüedad. Sólo queda vivir el presente y esperar la inevitable catástrofe.
Que el mundo sea lineal ni este garantizado es una evidencia. Pero esto es una justificación para que luchemos por un mundo mejor y no para que renunciemos a hacerlo. Por ello la cuestión no es tener fe en una creencia o no tenerla. Sino cuales son las creencias que potencian nuestra capacidad de transformación individual, familiar y social y cuales nos someten a la cultura hegemónica. En definitiva cual es la que permite una razón apasionada por la lucha de la vida ya que, como plantea Spinoza, “el hombre libre en nada piensa menos que en la muerte.”
 
Revista Veintitrés, Buenos Aires, 5 de abril de 2007.
 
Para Spinoza las religiones constituidas institucionalmente tienen siempre una base de superstición que la hacen posible. Sus representantes son los profetas. Sin embargo sostiene que Cristo no inaugura una religión. “Pero no por motivos religiosos ni de intrínseca verdad, Cristo no dice nada nuevo. En rigor, no hay ´evangelio´, no hay ´buena nueva´. Lo que hay en Cristo, lo específico en Cristo, es un hecho paradójicamente histórico ¿Qué hace Cristo? A un núcleo de verdad, que está en la base de la religión judía y de otras religiones, lo despoja de todas las formas y las configuraciones históricas bajo las cuales se habían manifestado hasta entonces: ceremonias, ritos, mitos, cultos, castigos, premios, etc. Es como si Cristo despojara de esa ´cáscara´ histórica al núcleo de verdad de todas las religiones: el amor al prójimo, o  -en una palabra- la fraternidad. El núcleo de verdad de todas las religiones es la fraternidad humana. Y Cristo viene a decir que esa fraternidad se instituye como una comunidad universal: no nacional, no particular, no local, no racial. Sino absolutamente de todos los hombres... con la institución del cristianismo como religión, se adultera y se pierde, y vuelve a cobrar la forma histórica de la que Cristo la había despojado. Entonces, de nuevo: ritos, ceremonias, castigos y premios: ese es el cristianismo histórico”. Tatián, Diego, “Spinoza y el judaísmo” en Forster, Ricardo y Tatián, Diego, Mesianismo, Nihilismo y Redención. De Abraham a Spinoza. De Marx a Benjamin, Editorial Altamira, Pensamiento Judáico, Buenos Aires, 2005.  
 
Para un desarrollo de este tema ver en este número, Pal, Félix, “Medicina y religión”.
 
John Tolland en el siglo XVIII crea un neologismo, “panteismo”, para designar el sistema de Spinoza. Este significa que Dios esta en todos lados. Algunos dan como sinónimos ateismo y panteismo. Sin embargo creemos que Spinoza cuando habla de Dios no es para decir que esta en todos lados sino, por el contrario, para demostrar que lo podemos encontrar en las bases materiales que constituyen nuestro mundo. Por ello su ateismo produce tan profundo rechazo. Durante varios siglos en las universidades europeas era necesario empezar una tesis de filosofía condenando las ideas de Spinoza. Los libertinos (en los siglos XVII y XVIII se entendía por libertino un erudito y libre pensador no un libertino de costumbres) hacían circular clandestinamente escritos anónimos anticlericales. Uno de ellos se lo atribuían a un discípulo de Spinoza: Tratado de los tres impostores. Moisés, Jesús Cristo, Mahoma. Anónimo clandestino del siglo XVIII, Editorial Cuenco del Plata. En una edición de esa época comenzaba con su biografía: “La vida del señor Benoit de Spinosa”. Al inicio el editor advertía que se habían impreso pocos ejemplares. Teniendo “el cuidado de distribuir este pequeño número de ejemplares entre personas capaces de refutar (las ideas de Spinoza). No cabe ninguna duda de que ellos pondrán en retirada al autor de este monstruoso escrito, y que destruirán completamente el impío sistema de Spinoza, sobre el que se fundan los sofismas del discípulo.”      
Citado en Said, Edward W., Freud y los no europeos, editorial Global Rhytham, Barcelona, 2006.
 
Para un desarrollo de estos temas ver, Carpintero, Enrique, La alegría de lo necesario. Las pasiones y el poder en Spinoza y Freud,Editorial Topía, segunda edición corregida y aumentada, Buenos Aires, 2007.
 
Leer en este número, Pavlovsky, Federico, “Radiografía de un endemoniado”.
 
En Moisés y la religión monoteísta (1939), Freud retoma algunos conceptos planteados en Totém y Tabú (1913)pero aplicados al pueblo judío. Dudó mucho en publicarlo dadas las condiciones políticas de su época. Su tesis principal era que Moisés fue un egipcio defensor de la fe monoteísta del Faraón Amenhotep. A la caída de éste se vale del pueblo judío para abandonar su tierra natal y fundar una nación. Como era muy exigente fue asesinado. Posteriormente el Dios mosaico fue amalgamado con el culto a un Dios volcánico que vivía en el Monte Sinaí y que se denominaba Jahvé. La culpa por la muerte del Profeta continuó actuando y con el tiempo el guerrero Jahvé de las Doce Tribus acaba perdiendo sus atributos belicosos y se transforma en la replica del Dios Moisés. Esta “novela histórica”, como quería llamarla Freud, tiene muchas posibles interpretaciones. Por su actualidad, una de las que me interesa destacar es la dada por Edward W. Said en una conferencia. Allí plantea que la tesis de Freud al afirmar que Moisés no era judío socava la idea misma de identidad “pura” y mantiene que la identidad no puede pensarse ni entenderse sin el reconocimiento previo de los límites inherentes a ella. Said sugiere que, desde esta perspectiva, ese sentido de identidad aún no resuelto podría, de haber tomado cuerpo en la realidad política, haber formado una buena base para lograr la comprensión mutua de judíos y palestinos. Said, Edward W., Freud y los no europeos, Editorial Global Rhytham, Barcelona, 2006. Esta conferencia fue prohibida en el Instituto Freud de Viena. Finalmente se pronunció en el Museo Freud de Londres en diciembre de 2001.      
 
Tomado del poema de Heine, Deutschland.La expresión “compañeros de incredulidad” fue aplicada por el propio Heine a Spinoza en lo que Freud en su libro sobre el chiste citó como ejemplo de un tipo especial de procedimiento humorístico.

Para un desarrollo de este tema leer en este número Maritano, Alejandro.
 
Spinoza y Freud: “compañeros de incredulidad”

Bibliografía

Anónimo Clandestino del siglo XVIII, Tratado de los tres impostores, ediciones el Cuenco del Plata, Buenos Aires, 2006.
Carpintero, Enrique, La alegría de lo necesario. Las pasiones y el poder en Spinoza y Freud, editorial Topía, segunda edición corregida y aumentada, Buenos Aires, 2007.
Forster, Ricardo y Tatián, Diego, Mesianismo, Nihilismo y Redención. De Abraham a Spinoza. De Marx a Benjamin, editorial Altamira, pensamiento judáico, Buenos Aires, 2005.  
Freud, Sigmund, Tótem y Tabú (1913), tomo XIII. El porvenir de una ilusión (1927), tomo XXI. Moisés y la religión monoteísta (1939), tomo XXIII. Amorrortu ediciones, 1976.
Gay, Peter, Un judío sin Dios. Freud, el ateísmo y la construcción del psicoanálisis, Ada Korn editora, Buenos Aires, 1993.   
Major, René y Chantal, Talagrand, Freud. Una biografía política, editorial Topía, Buenos Aires, 2007.
Roazen, Paul, Freud. Su pensamiento político y social, ediciones Martínez Roca, Barcelona, 1968.
Rodrigué, Emilio, Sigmund Freud. El siglo del psicoanálisis, dos tomos, editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1996.
Said, Edward W., Freud y los no europeos, editorial Global Rhytham, Barcelona, 2006.
Savater, Fernando, La piedad apasionada, ediciones Sígueme, España, 1977.
Steven, Nadler, Spinoza, editorial Acento, España, 2004.
Stewart, Matthew, El Hereje y el cortesano. Spinoza, Leibniz y el destino de Dios en el mundo moderno, ediciones Biblioteca Buridán, España, 2007.
Wienpahl, Paul, Por un Spinoza radical, Fondo de Cultura Económica, México, 1990.
Yirmiyahu, Yovel, El marrano de razón, ediciones Anaya y Mario Muchnik, España, 1995

Cyberbullying: la nueva forma de agredir

 

 

Chismes, fotos trucadas, intimidades, insultos y mucha crueldad encuentran en las nuevas tecnologías la peor caja de resonancia. Cómo es la nueva forma de agresión entre los adolescentes y qué dicen los especialistas sobre un fenómeno que crece y preocupa
Por Enrique Fraga para LA  NACION ONLINE - WWW.LANACION.COM.AR - Domingo 6 de julio de 2008
 
Una tarde de invierno, Ramiro se sentó en su computadora para chatear con sus amigos como lo hacía todos los días. Para un chico de 15 años, conectarse a Internet e intercambiar mensajes, fotos y música es lo más parecido a respirar. Hacía un mes que "lo más" era un nuevo sitio llamado tcuento.com, en el que los usuarios, sin necesidad de inscribirse y de forma anónima, podían intercambiar los chismes de cualquier colegio. A Ramiro le divertía leer cómo algún desconocido era "escrachado" por comentarios que revelaban detalles de la intimidad del desdichado. Pero aquella tarde vio su foto publicada. Su cara, en primer plano, ocupaba una cuarta parte de la pantalla. Debajo, un mensaje anónimo atacaba: ESTE ES EL PELOTUDO DE RAMIRO, PARA EL QUE NO LO CONOZCA . A las pocas horas, otra foto trucada lo mostraba con una nariz de payaso, una peluca fluorescente y el dibujo de un pene en la boca. Inauguraba la catarata de insultos la pregunta: ¿SABES DELETREAR FRACASADO?

"Soy al que más insultan en esa página. Primero me molestaban por el Messenger . Después pegaron mi foto en el sitio", contó a LA NACION Ramiro, que aceptó contar su historia, al igual que los otros chicos que se animaron a dar testimonio con la condición de que no hubiera fotos y se cambiaran los nombres verdaderos.

Ramiro es apenas uno de los tantos menores de edad que son, cotidianamente, víctimas de agresiones realizadas por medio de Internet y de las nuevas tecnologías, una práctica que en el mundo se conoce como cyberacoso o cyberbullying . Fotos trucadas, difusión anónima de rumores, intimidades e insultos, bromas crueles y golpizas filmadas que luego son subidas a la Web o mensajes de texto a través de celulares y correos electrónicos intimidatorios son algunas de las variantes de esa forma de violencia y a veces extrema crueldad cada vez más extendida entre los chicos.

Pese a la falta de estudios y estadísticas oficiales, autoridades escolares y analistas coinciden en que hay una tendencia en aumento. LA NACION consultó a alumnos de una treintena de instituciones en distintos puntos del país y, en la mayoría de los casos, el fenómeno no sólo era conocido, sino hasta considerado como una práctica habitual.

En EE.UU., donde el problema del cyberacoso ya había tomado notoriedad en 2002 con el caso de David Knight -un joven al que le fabricaron una página dedicada a denigrarlo, que podía encontrarse por medio del buscador del sitio Yahoo!.- la alarma volvió a activarse el año pasado cuando Megan Meier, una adolescente de 13 años, se suicidó, harta de ser víctima de estos ataques. La madre de una ex amiga suya había creado en MySpace el perfil de un chico, una ficción a la que llamó "Josh Evans", y junto con su hija le hicieron creer a Megan que este personaje fabricado estaba enamorado de ella. La madre de la nena muerta dijo que después de algunas semanas, muchas chicas, haciéndose pasar por "Josh", escribían mensajes en MySpace diciéndole a Megan que él la odiaba. Después él también la insultaba y otras chicas (en su mayoría, ignorantes de que Josh no existía) se sumaron. Megan Meier no lo resistió y la madre de su ex amiga podría pasar los próximos 20 años en prisión.

Según un estudio de la Universidad de Florida Atlántica realizado sobre 1388 adolescentes en 2005, una tercera parte admitió haber sido víctima de hostigamientos por medio de Internet. El problema tomó tal relevancia que, en 2007, la empresa Sony y dos organizaciones de bien público sin fines de lucro, el National Crime Prevention Council y el AD Council, realizaron un concurso de publicidades destinado a la prevención de los hostigamientos electrónicos entre adolescentes.

Intimiación psicológica
 

C yberbullying es una adaptación de lo que hasta hace poco se conocía como bullying, el acoso y la agresión entre los adolescentes y niños en situación escolar. "Es un comportamiento prolongado de agresión e intimidación psicológica y física que un niño o grupo de niños realiza a un tercero", explicó a LA NACION María Zysman, psicopedagoga del Equipo Bullying Cero Argentina, grupo de especialistas que estudia la evolución del fenómeno en el país. "El prefijo Bull, en inglés, remite a ´toro y se relaciona con la acción de torear, matonear de forma constante a otra persona. El cyberbullying es un acoso similar, pero realizado a través de las nuevas tecnologías, como Internet, teléfonos celulares con filmadoras, cámaras de fotos, etcétera."

En Estados Unidos y en algunos países europeos están más difundidas las redes sociales (como los sitios Myspace o Facebook ) entre los más jóvenes, tanto para relacionarse como para acosar a otros. En nuestro país es más frecuente el uso de celulares, fotologs y portales de chat tanto para establecer contacto con los pares como para burlarse de ellos. Una metodología frecuente suele ser el ingreso a páginas personales para dejar insultos o burlas bajo el amparo de seudónimos indescifrables. Algunas iniciativas más "creativas" incluyen la creación de fotologs de terceros con esa misma finalidad. También en el portal de videos YouTube se pueden ver con facilidad numerosos videos locales de peleas en aulas, en patios de escuela o en la calle, en las que fácilmente puede comprobarse la factura local. El sitio tcuento.com es uno de los más populares entre los adolescentes, quienes lo utilizan para intercambiar mensajes y fotos. Pese al aspecto sobrio de su página de inicio, si uno navega por el sitio podrá encontrarse con insultos, fotos trucadas para humillar a un tercero y agresiones anónimas entre compañeros de un mismo colegio o de varias instituciones.

Según los expertos, las nuevas formas de comunicación que provee Internet hacen visible una violencia que ya existía en el ámbito privado de los adolescentes. "Muchas veces las agresiones verbales y sociales que permite Internet son la continuación de agresiones físicas en el colegio o en lugares de reunión", explicó Zysman.

Lo grave es que esta metodología de agresión puede generar una perturbación psicológica todavía mayor que la que produce un enfrentamiento cara a cara. "Hoy un chico puede sacar una foto o filmar una pelea con un teléfono celular, editar el material y subirlo con facilidad a alguna página de Internet, habiéndose registrado bajo un nombre falso", explicó Zysman, quien aclaró que las características propias de esta nueva forma de agresión son el anonimato, permitido por la tecnología, y el efecto de humillación constante sobre la víctima, debido a la fácil exposición pública que permite la Web.

En primera persona

En la puerta de un colegio privado de Núñez, una alumna de 15 años amenazó con cortarse las venas frente a sus compañeros, cansada de que dos chicos de la clase la insultaran todos los días por medio de un canal de chat .

Luciana, de 16, no soportó los continuos hostigamientos y se fue de la escuela en la que estudiaba, en Lugano. Unas compañeras de curso le habían robado el celular para enviarle mensajes agresivos a todos los contactos de su agenda. Sos un cornudo, tu novia se voltea a todos los de la clase, escribieron.El mensaje lo recibió un familiar de Luciana, que tras una crisis nerviosa hizo una denuncia policial.

Antes, toparse con el matón de la escuela tenía como límite la jornada y el año escolar. Hoy la situación es distinta. "Un chico buleado puede recibir mails o mensajes de texto a su teléfono en cualquier momento y lugar", explicó Zysman y agregó: "Muchos mensajes quedan ´colgados en la Web hasta que al usuario se le ocurre quitarlos. Una vez subido el insulto, bastará googlear el nombre de la víctima para que éste quede asociado a algún tipo de ridiculización".

Los expertos consideran que esta forma de violencia no tiene distinción de clase. En zonas carenciadas en donde los chicos no tienen asegurado un acceso a la Web, el acoso virtual puede realizarse a través de mensajes de texto de los teléfonos celulares.

Lo que preocupa a padres, pedagogos y docentes es que el fenómeno pocas veces se da a conocer y se mantiene en secreto. Antes, una pelea u hostigamiento entre pares podía verse y sancionarse. Ahora, como muchas otras actividades adolescentes, el cyberbullying se mantiene en el secreto de una cultura juvenil que escapa al control de los mayores, lo que acrecienta la desprotección de quien es agredido.

Para Andrea Urbas, directora de proyectos coordinados de la organización Chicos.Net Asociación Civil, dedicada a promover iniciativas educacionales a través de las nuevas tecnologías, el cyberbullying es posible "en la medida en que hay cada vez un mayor acceso a la tecnología entre los jóvenes". Para la asociación, que desarrolló un informe sobre navegación responsable en Internet, los usuarios de la Web usan nicks o identidades falsas para preservar su propia intimidad. Sin embargo, "en algunos casos, el ´escudo que provee el anonimato puede favorecer actitudes agresivas. El anonimato puede conducir a la pérdida de valores vinculados a la convivencia y el respeto por el otro", explica el informe.

Una agresión también puede ser mantenida en secreto por los mismos compañeros de clase. El Equipo Bullying Cero Argentina distingue, junto a víctimas y victimarios, la existencia de una "mayoría silenciosa". Estos son niños que "se divierten ante la humillación de un compañero" o que "temen defender a la víctima por la posibilidad de pasar a ocupar su lugar".

Al problema del anonimato del hostigador se suma el hecho de que muchos colegios no ponen los casos a la luz. "Muchas instituciones, sobre todo las privadas, buscan garantizar a los padres un imaginario de paz. Es por eso que no hablan de estos temas", opinó Damián Melcer, sociólogo y coordinador del área de convivencia del colegio Aula XXI, una institución privada de Belgrano en la que las autoridades debieron intervenir ante varios casos de cyberbullying . La opinión de Melcer sobre la resistencia de los colegios a hablar públicamente sobre el tema fue corroborada por este cronista, dado que la mayoría de los directores y profesores de los colegios consultados pidieron reserva de sus nombres y de la institución.

Dos alumnos del colegio Aula XXI, ubicado en Núñez, hackearon la cuenta de correo electrónico de un compañero de clase. Desde allí, enviaron un mail a todos los contactos haciéndose pasar por el dueño de la casilla de mail: Hola, quiero decirles que estoy enojado con todos ustedes. Nunca me dijeron que soy feo, que soy un fracasado Cuando se descubrió el juego, ambos fueron sancionados.

"Entre 2006 y 2007 detectamos dos casos. Entonces, la institución intervino para llegar a una solución", afirmó Melcer. "Tenemos una política de prevención del cyberbullying basada en la discusión entre docentes, padres y alumnos. El colegio no se desentiende, aunque el problema tenga su origen por fuera."

En el Instituto Nuestra Señora de Fátima, en Villa Soldati, el hostigamiento generado por cyberbullying fue una causa de deserción en varios alumnos, por lo que se desarrollaron formas para prevenirlo, según confió el director de estudios del horario nocturno, Diego Idone.

Si bien la población de la escuela no posee acceso a computadoras por razones socioeconómicas, esto no evitó la aparición de hostigamientos cibernéticos. "Acá se produjeron casos de bullying por medio de mensajes de texto a través de celulares, lo que generaba a la víctima un acoso constante", explicó Idone. Como prevención, el instituto realiza un trabajo tutorial en coordinación con psiquiatras. "Se evita que la violencia se mantenga en secreto. Así, cuando alguien no se banca que molesten a su amigo, puede avisar a los directivos."

Laura tiene 16 y cursa el primer año del polimodal en una escuela pública de Río Grande, Tierra del Fuego. Junto a sus amigos sacó una cuenta en fotolog.com . Ese fue el ´lugar que Laura escogió para poner la foto de Gonzalo, un compañero de clase. "Era un gordo al que todos jodíamos", contó, tras una risa pícara, en comunicación telefónica. "Me daba cuenta de que le molestaba, pero mucho no me importaba. Pasa que era un tipo raro. No tenía amigos. En el curso éramos unos 15 y todos lo gastaban para que pasara rápido la hora de clase. Era lo que nos mantenía unidos."

Víctimas y victimarios

Los expertos consideran que el perfil del hostigador es el de alguien seguro de sí mismo, con una autoestima elevada. "Poseen atributos de poder y liderazgo que les sirven para molestar y desvalorizar a sus compañeros de forma reiterada", explicó Zysman.

Sin embargo, todo bulero en algún momento de su vida también fue hostigado. "El que bulea muchas veces fue buleado en su casa, por su padre o por sus hermanos. De algún lado aprende la técnica de hostigamiento", aclaró Zysman.

A diferencia de los buleros, "los chicos buleados son tímidos, con baja autoestima y solitarios. Muchas veces hasta intentan ganarse la confianza del hostigador por medio de regalos o hasta dándoles plata", explicó Zysman.

Paula de 16, quien cursa tercero del polimodal en una escuela de La Plata, en 2007 se enteró de que una persona anónima había creado un fotologpara molestar a sus compañeros. "Me sacaron una foto en el patio del colegio y la postearon (publicar en el sitio). Alguien había dejado un mensaje: ¿Es torta o lo hace para llamar la atención? Al lado, como si fuera un diálogo, otro le contestaba: No, no es torta, le encanta la p y se la mama a cualquiera. " ¿Por qué me eligieron a mí, si yo no les había hecho nada?"

Según los expertos, cuando hay una broma compartida no se puede hablar de agresión. Sin embargo, al poseer Internet sus propios códigos, la distinción entre broma y ataque no siempre es muy clara. "Los chicos no miden las consecuencias de una broma. En la Web no existen los matices que sí se reconocen en una conversación cara a cara", explicó Andrea Urbas, de Chicos. Net.

"El buleado puede generar sentimientos agresivos que deriven en reacciones más violentas hacia sus compañeros o hacia sí mismo", explicó Liliana Moneta, psiquiatra médico-pediátrica de la Asociación Argentina de Salud Mental.

La masacre de Patagones -en la que un chico de 15 años víctima de cargadas permanentes mató a tres compañeros e hirió a otros cinco en la Escuela Media N° 2 de Carmen de Patagones, en 2004- es probablemente la primera imagen que aparece cuando se piensa en ese tipo de situaciones. Sin embargo, distingue Moneta, "no todo chico buleado es un asesino en potencia. Eso dependerá de la estructura de la personalidad del individuo y de las condiciones familiares en las que vive."

De todos modos, la repercusión mediática que tuvieron distintos casos de violencia escolar en los últimos años muchas veces actualiza la pregunta "¿Hay más violencia entre los jóvenes?" Para Carina Kaplan, investigadora en educación de la Universidad de Buenos Aires y coordinadora del proyecto Las violencias en la escuela media, "los desarrollos tecnológicos tornan visibles algunos fenómenos que antes estaban escondidos. Internet visibiliza fenómenos que ya existían y hace público algo que antes estaba en espacios privados".

En tanto, varios analistas consultados consideraron que el creciente acceso a las innovaciones tecnológicas por los adolescentes ha sido decisivo para el desarrollo del fenómeno. "El problema es que a través de un diálogo de chat se cuentan intimidades, por ejemplo inquietudes sexuales -explicó Zysman-. Esto los vuelve vulnerables. Si uno de los interlocutores quiere traicionar al otro, le es muy fácil: copia y pega el diálogo y lo envía por mail."

Cecilia Sagol es editora y coordinadora de contenidos digitales en el portal educativo Educ.ar , dependiente del Ministerio de Educación de la Nación. Allí consideran que el cyberbullying no es un problema originado por los avances tecnológicos. "El cyberbullying es una extensión del bullying por medios digitales, no tiene su origen en lo tecnológico. La tecnología es un canal que permite la profundización de una violencia preexistente. No hay tecnología mala, sino usos malos de la tecnología."

 

Crueldad, suicidio y prevención

Tras el suicidio de Megan Meier el año pasado, harta de ser víctima de la crueldad vía internet, sus padres crearon una fundación en honor a su memoria orientada a difundir y prevenir el cyberbullying. También los padres de Jeffrey Jhonston, un adolescente que se suicidó en 2005 tras ser víctima del acoso reiterado de un compañero de clase, promueven la problemática del acoso escolar desde su página ( www.jeffreyjhonston.org ). Otro sitio comprometido con la erradicación de este tipo de conductas violentas es www.stopcyberbullying , creada por la experta en cibercrímenes Parry Aftab.

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LA ACCION COMUNITARIA EN SALUD MENTAL

Multiplicadores y multiplicandos

Dr. Manuel Calviño
Facultad de Psicología. Universidad de La Habana. Cuba.
Correo Electrónico: calvino@infomed.sld.cu

      El tema que desplegaré esta compuesto por tres unidades básicas: ACCIÓN, COMUNIDAD y SALUD MENTAL. En el escenario profesional de la psicología ellas se potencian mutuamente de manera que se favorecen en su gestionar. Parecería, a primera vista que hablamos de una obra (la salud mental), puesta en un teatro o escenario (la comunidad) y con personas que la hacen (la acción de los protagonistas). Dejo claro de partida, que no me se todos los papeles. El que si me se (bastante bien) es el mío. Por no se que razón a los cubanos nos pasa mucho que nos preguntan como entidades sociales y no individuales: “¿cómo se hace en Cuba tal cosa?” , “¿qué piensan los cubanos de tal otra?”. Si algo saqué en claro de mis lecturas estudiantiles del conocido libro de “Metodología de la Investigación Psicológica” de Scott y Wetheimer (quizás los que peinan canas lo recuerden) es que para generalizar hay que tener, entre otras, ciertas condiciones muestrales de representación de los datos. Yo puede que sea una muestra, pero definitivamente no representativa. En mi país (probablemente como en la mayoría de los países), el volumen y diversidad de la intersección de las tres nociones básicas apuntadas anteriormente es lo suficientemente grande como para no resistir una homogenización por demás anquilosante.

     Eso sí, trabajo profesionalmente en Cuba (por identidad y por convicción). Y eso quiere decir que cuento con algunas peculiaridades: El 100 % de la población tiene acceso gratuito a los servicios de salud, existe un médico por cada 184 habitantes, una enfermera por cada 142 habitantes. La tasa de mortalidad infantil es de 7,1 por cada 1 000 nacidos vivos (entre las 25 mejores del mundo). Contamos con 6 camas hospitalarias por cada 1,000 habitantes Perspectivas de vida de 75 años.

     Para no dejar una falsa impresión de “perfección”, agrego a esta imagen la dura realidad en la que estos índices han sido logrados. Por razones ampliamente conocidas y difundidas por el mundo, tenemos aún serias dificultades con el abastecimiento de medicamentos incluso de primera necesidad. La marca negativa del bloqueo sobre la salud de la población cubana no es un argumento de la política, sino sobre todo de la más elemental consideración humana. La difícil situación económica que hemos atravesado luego de la desaparición de nuestros socios fundamentales (los países socialistas con la Unión Soviética al frente) se verifica en el deterioro físico de algunas instituciones hospitalarias. La provisión de recursos para el desarrollo de trabajos comunitarios es aún deficiente. Y como es de suponer, no siempre encontramos comprensión y apoyo. Nosotros también tenemos que luchar y batallar, solo que lo hacemos en condiciones mucho mejores de las que tiene el mundo subdesarrollado y contamos con el apoyo del gobierno.

     La realidad es que aunque vivimos como pobres, morimos como ricos (nuestras primeras causas de muerte son el infarto, los accidentes vasculares, cáncer y otras enfermedades de países desarrollados). Trabajamos también en programas puntuales de alto desarrollo tecnológico, con tecnologías de punta. Como podrán comprender, tengo la enorme suerte de trabajar con poblaciones con buenos índices de salud en general. El mayor volumen de casos que se presentan en las consultas asistenciales de psicología son casos de orientación (counseling).

     En Cuba la actividad comunitaria no es solo una vocación, es una demanda real de trabajo. Somos demandados para que nuestra acción sea comunitaria. Los psicólogos acostumbramos a decir que la Psicología en nuestro país, como práctica profesional, nació en la comunidad. No sabíamos bien ni que era ser psicólogo, pero ya estábamos haciendo trabajos comunitarios. Años después nos encontramos con las propuestas conceptuales y metodológicas de la llamada “Psicología Comunitaria” y no nos convencieron mucho. ¿Por qué?

     En sentido general, los enfoques comunitarios nacieron en este lado del mundo muy influidos por prejuicios sociales y profesionales y especialmente asociados a los paradigmas de control. Así como en su tiempo Skinner B.F. estaba convencido de poder dominar al mundo con la tecnología comportamental, Rappaport nos indujo a hacerlo con los procedimientos comunitarios. Muchos olvidaron que, al decir de Rogers, ”es un empeño evidente en toda vida orgánica y humana…expandirse, extenderse, llegar a tener autonomía, desarrollarse, madurar,… es la tendencia a expresar y activar todas las capacidades del organismo hasta el grado en que dicha activación perfeccione al organismo”. (Rogers C. 1961. pg. 35). El paradigma de control respondía a una epistemología positivista y a una concepción sociopolítica hegemonista y discriminatoria. La acción de entidades que debían ser transgresoras del orden establecido se ponía en las manos manipuladoras de ingenuos o de inescrupulosos profesionales.

     Esto condicionó que muchos profesionales con (des)intenciones sociales retrógradas y algunos de intenciones sociales proactivas promovieran un desarrollo de prácticas comunitarias marcadas por actuaciones “modelares” (Calviño M. 1995, 1996) en las que se concibe ingenua o malsanamente que la condición de profesional supone una posición de predominio sobre la determinación de las conductas a seguir en una cierta relación por parte de los que serían el objeto (en realidad sujetos) de la acción profesional, en este caso los miembros de la comunidad. Es el modelo representacional del profesional quien ocupa el lugar de modelo a alcanzar. En este enfoque modelar subyacen relaciones de poder-subordinación, desde las que se ejecuta una suerte de “hegemonismo paradigmático” para el especialista, lo que reduce considerablemente la posibilidad de una acción verdaderamente comunitaria. No es la comunidad el verdadero agente de acción, de cambio, de desarrollo.

     Todavía cuando miramos a los que siguen de espalda a la realidad percibimos que lo único que piden a las personas sobre quien recae su trabajo es que “se dejen llevar”. Son ingenuamente pensados como cuerpos inertes que serán movidos por la acción profesional. Uno de los personajes de la novela de Gabriel García Márquez “Del Amor y otros demonios”, Sierva Maria es mordida por un perro rabioso y su vida peligra. Entonces es que su padre se acuerda que tiene hija y trata de hacer por ella “lo mejor”, y dice el autor: “Le consagró todo su tiempo. Trato de aprender a peinarla y hacerle la trenza. Trató de enseñarla a ser blanca de ley, de restaurar para ella sus sueños fallidos de noble criollo...Lo intentó casi todo, menos preguntarle si aquél era el modo de hacerla feliz”. Dejo a ustedes las analogías probables.

     Otra característica que no satisfizo nuestras expectativas fue una cierta indiferenciación de las prácticas profesionales, que parecen disociadas del contexto cultural, simbólico, arquetípico, en el que se desarrollan. He visto que en ocasiones las ideas y procedimientos de trabajo son los mismos para accionar en una comunidad indígena que para un asentamiento de trabajadores inmigrantes de una gran capital. No es casual que se señale entonces “el poco uso que se ha dado a esta considerable objetivación de los estados - y procesos inclusive - de conocimientos, creencias, prácticas y comportamientos de grupos poblacionales específicos en ámbitos asimismo muy determinados y concretos” (Contreras E.1994 b. pg. 117).

     El “burocomunitarismo” (neologismo con el que pretendo significar al burocratismo en las prácticas comunitarias) ha ocupado un espacio en ocasiones nada despreciable en las prácticas “comunitaristas” (otro neologismo para diferenciar los comunitarios adecuado de lo malsano). Más de una vez he visto que los problemas pretenden resolverse en la mesa de trabajo, o en el buró de los funcionarios de la región en la que se supone se realiza una acción comunitaria. Las soluciones son documentos, resoluciones. Algo así como “hagan las tareas y verán que todo saldrá bien”. Sin ofender ni restar valor a lo que lo tiene y merece, pero en ocasiones he llegado a pensar que mejor sería entregar a la comunidad el dinero que se invierte para pagar, subvencionar y patrocinar ciertos trabajos comunitarios (incluido el salario de los “especialistas”).

     Marcas como el “inmovilismo” la falta de “movilización social comunitaria”, la “valoración inadecuada” (subvaloración o sobrevaloración) de las potencialidades y capacidades de los grupos comunitarios con los que se trabaja, la “atención concentrada solo en grupos extremos”, son comunes en los abordajes comunitarios. Al fin y al cabo, cuando de prácticas comunitarias de salud se trata, aún se siente con fuerza la presencia del modelo médico, del modelo de la jerarquía profesional. Un modelo asistencialista con poca capacidad de responder a las demandas explícitas e implícitas de las comunidades. Sin profundizar demasiado, lo considero además de decadente, poco efectivo en nuestros días.

     Criticar, dicen muchos, es más fácil que hacer. De modo que doy paso a algunos elementos centrales que dan sustento a las experiencias prácticas concretas que venimos desarrollando en, desde y para Cuba en el ámbito de salud mental comunitaria.

     En la base de dichas experiencias encontramos un conjunto de consideraciones fundamentales que a continuación intentaré al menos formular declarativamente.

     En primer lugar, la certeza de que son las comunidades los actores reales de la posible solución de sus problemas, de la búsqueda de alternativas de mejoramiento. Coincidimos, de manera total con la idea de que “...the community culture...is an important consideration in the design and delivery of services. The challenge ...is to enhance competence by learning about the communities...and incorporating this knowledge into their framework...” (Stroul B., Friedman R.M., Hernández M., y otros. 1996.p.598). Son los agentes comunitarios quienes tienen que construir sus propios cambios. Es desde las necesidades de las comunidades, desde sus demandas reales que se construye un espacio probable y factible de actuación. Los especialistas somos mediadores y facilitadores de dichas actuaciones pero nunca sustituyendo, suplantando, la función que corresponde a los actores.

     En esta dirección formulamos seis principios estructurales y funcionales básicos del posicionamiento del (los) profesional (es) en un abordaje comunitario.

POSICIONAMIENTO PROFESIONAL

1. La disposición a la concesión y a la relación transaccional.
2. El mantenimiento de una justicia de la equidad relacional.
3. La conformación de una relación de poder participativo y plural.
4. El encuentro y la priorización de intereses comunes.
5. El libre ejercicio de la contradicción y la diferencia.
6. La supeditación a los intereses reales de la comunidad.

     En segundo término aparece como un lugar de especial cuidado el que se inscribe desde la propia noción de “salud mental”. Habría al menos tres miradas claras en las que dicho concepto se presenta como nuclear:

1. La mirada clínica médica, en la que el concepto se asocia a la presencia ausencia de disturbios emocionales más o menos severos. La salud mental esta en la diferenciación, la distancia relativa, de la enfermedad, siendo esta última el objeto real de trabajo. La acción básica es, obviamente, asistencial. Sus procedimientos de acción: las herramientas profesionales (diagnóstico, intervención, psicoterapia, orientación, rehabilitación, etc.), por lo que la extensión de la acción depende del volumen de profesionales.

2. La mirada laboral educativa o formativa, sustentada en la función intelectual adaptativa. Aquí hacemos referencia sobre todo al desarrollo de capacidades con énfasis en la adaptación a las condiciones reales de vida. La salud mental desde esta perspectiva incluye la acción sobre la preparación de las personas y el mejoramiento de las condiciones objetivas de su vida. El aumento de la empleabilidad, las habilidades de gestión de recursos, el ingreso en le mercado de intercambios, etc.

3. La mirada sociopersonal constructiva. Hoy se afirma por muchos especialistas y se reconoce que aproximadamente el 50 % del mejoramiento de la salud poblacional depende del estilo de vida, el 20 % de la genética, otro 20 % del estado del medio ambiente y sólo el 10 % de la salud pública tradicional (atención médica). Se hace evidente la necesidad de un cambio en lo que a estrategias de salud mental se refiere. Se trata precisamente del paso decidido a una orientación socioprofiláctica en la que se intensifica el proceso sociocomunitario. El discurso ha de ser prioritariamente de atención primaria, de humanización de las prácticas médicas, psicológicas, psiquiátricas.

     Aún cuando cada una de estas nociones tiene mucho importante que decir, y considerando incluso que no necesariamente ellas se excluyen entre si, es sobre todo en la última, en la mirada sociopersonal constructiva, donde me reconozco en lo que a mis prácticas profesionales de los últimos años se refiere y donde reconozco necesidades y posibilidades en los contextos reales en que trabajo en mi país.

     La estrategia de Salud de Cuba a largo alcance se ha centrado en un amplio plan de jerarquización de niveles de atención que va desde la comunidad primaria, de residencia, como eje organizativo primario de las acciones de salud, hasta los niveles de atención especializada. En la definición general del modelo cubano de salud, un peso fundamental esta dado a los niveles primarios de atención. Es así que de suma importancia resulta el trabajo de Promoción y Educación para la salud, encarnación fundamental de los modelos de actuación profilácticos o preventivos.

     En los últimos años, las definiciones de las Políticas de Salud han pasado a considerar especialmente el valor de las prácticas de EDUCACIÓN y PROMOCIÓN de Salud, definidas sobre todo en términos de los necesarios cambios en los estilos de vida, noción esta que apunta esencialmente al sujeto, a la persona. Junto a esto se llama la atención sobre la “prevención de enfermedades”, definida sobre todo como la protección contra las amenazas del ambiente, lo que significa, inevitablemente la acción mancomunada de las Instituciones de Salud, las personas, las comunidades, etc. como actores, gestores, responsables de su salud. En la Primera Conferencia Internacional de Promoción de Salud, realizada en Ottawa en 1986 con el patrocinio de la OMS se señala que de lo que se trata es de facilitar el proceso según el cual se puede movilizar “a la gente para aumentar su control sobre la salud y mejorarla…para alcanzar un estado adecuado de bienestar físico, mental y social… ser capaz de identificar y realizar sus aspiraciones, de satisfacer sus necesidades y de cambiar o adaptarse al medio ambiente”. Para lograr verdaderamente esto es imprescindible comprender que el desarrollo de la Salud no es tarea exclusiva del llamado Sector Salud. La Educación y Promoción de la Salud no lo son tampoco. La Salud es tarea de todos. La Educación y Promoción de salud son también autoeducación y participación.

     A diferencia de los enfoques asistenciales, se trata aquí de enfoque preventivos. Si los primeros tratan de “grupos específicos” (los profesionales) brindando servicios a “grupos generales” (la población), los preventivos hablan de grupos que se multiplican, de actores de una acción común en la que se trata de ser “multiplicadores y multiplicandos”.

     Partiendo de estas consideraciones no es difícil comprender porque “la Organización Panamericana de la Salud ha definido la promoción de la salud como el resultado de todas las acciones emprendidas por los diferentes sectores sociales para el desarrollo de mejores condiciones de salud personal y colectiva para toda la población en el contexto de su vida cotidiana” (OPS. 1992. pg. 1). Esto esta directamente relacionado con las políticas de salud, las medidas ambientales, los servicios de salud, las organizaciones comunitarias, y lógicamente con los individuos, con sus actitudes y aptitudes personales, sus creencias, su subjetividad.

     No es casual entonces que en la experiencia actual de una buena parte de los profesionales de mi país, hablar de Salud Mental supone una mirada inevitable desde lo comunitario. Las prácticas socializadoras se presentan como componentes ineludibles de las acciones de salud mental. Así, el trabajo comunitario en salud mental es realizado en los niveles primarios de organización de la sociedad, y obviamente es acompañado y apoyado por todo el sistema de salud y lo que probablemente resulta de gran importancia es que también es acompañado por otros componentes de la red nacional de instituciones gubernamentales y no gubernamentales. La tesis de partida es que la garantía de la salud mental es sobre todo la generación de aquellas condiciones de desarrollo personal, físico, social, educativo y cultural que tiendan a facilitar el crecimiento de hombres y mujeres creativos, con capacidad para la autogeneración del desarrollo, para la toma de decisiones, para la realización de los proyectos personales y sociales.

     En nuestra comprensión técnica, el camino pasa esencialmente por tres tipos de gestión: la gestión de salud, la gestión de educación y la gestión de comunicación.

     Pero esto, que tiene que ver con razones de orden institucional o estratégicas tiene una razón también desde lo conceptual, desde el conjunto de presupuestos cosmovisivos que fundamentan nuestro trabajo. Intentando resumirlos de manera esquemática preciso los siguiente aspectos:

SUSTENTOS COSMOVISIVOS

1. “Los erizos nacen sin púas” – Sin desacreditar los factores orgánicos, las problemáticas dominantes de salud mental son esencialmente el producto de la acción de los factores ambientales, educativos, de las dinámicas de los grupos de inclusión (familia, trabajo, comunidad, amigos, barrio, etc.). Por ende su abordaje correctivo y preventivo ha de ubicarse en este mismo ámbito.

2. “El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija” – Es en la generación de las condiciones favorables que está la máxima capacidad para tender a un desarrollo sano y armónico de las personas. Todo ser humano es el y sus circunstancias. En espacios de bienestar el crecimiento pleno y feliz no solo es más probable, sino más estable y trasmisible.

3. “Amor con amor se paga” – El establecimiento de climas afectivos sociocomunitarios favorables, de nexos afectivos positivos y fuertes, la cultura del diálogo, de la tolerancia, de la comprensión mutua y de la solidaridad, son vías regias para el logro de una mejor salud mental poblacional.

4. “Un problema mal planteado no tiene solución” – Es en la comprensión adecuada de la salud mental como un fenómeno sociopsicológico, cultural y económico que podemos encontrar los límites de nuestras prácticas y su real capacidad de cambio. Pero no para limitarnos, sino para hacer participes de nuestra misión a otros sectores de la vida del país.

5. “Ninguna medicina cura lo que no es capaz de curar la felicidad” – El asunto esta sobre todo en los modos de vida, los estilos de vida. Es sobre ellos sobre los que hay que actuar.

     El trabajo comunitario en salud mental es entonces más que una política, más que una estrategia, una necesidad demandante. No hacemos trabajo comunitario por un afán de socialización, porque queremos ser “sociales”, sino porque la demanda real de socialización es intrínseca al problema mismo y por ende a las búsquedas de soluciones probables.

     Me gustaría ahora compartir con ustedes lo que pudiera llamar algunas exigencias o características metodológicas, de encuadre, en nuestro accionar comunitario.

LA ACCION COMUNITARIA EN SALUD MENTAL II

EXIGENCIAS METODOLÓGICAS PARTICULARES.

1. LA ACCION SOBRE LO PROBABLE.

     Cuando ubico la especificidad de las prácticas de salud mental en los ámbitos comunitarios me parece conveniente demarcar tres zonas epidemiológicas fundamentales. No hablo de zonas geográficas, ni de zonas de distribución de la enfermedad. No me agrada la idea de ser un luchador contra la enfermedad, prefiero siempre definirme como un buscador del bienestar. Por eso hablo de zonas temporales que son la expresión de la vida real. Porque la vida, para cada ser humano, es el tiempo, el tiempo de vida. Entonces abro mi mirada al pasado (zona de lo que fue, los antecedentes, la frustración y el regocijo). Abro mi mirada al presente (zona de lo que es, la realidad actual, la zona de la necesidad). Y abro sobre todo mi mirada al futuro (zona de lo que será, la realidad prevista, esperada, la zona del deseo de la esperanza).

     Cada una de estas zonas tiene sus especificidades técnicas. Los psicólogos sabemos que las diferencias entre Freud y Lewin están en gran medida en el acento temporal. Freud quiso mirar al pasado. Lewin al “aquí”, al “ahora”. Y aún más, Maslow, Rogers y tantos otros, quisieron mirar al futuro, a lo que se podría. Y esto condujo por diferentes caminos a diferentes lugares.

     En nuestro caso la mirada al futuro se expresa en la acción profiláctica educativa, de orientación. Pero por ser una acción preventiva, necesita hablar no solo de lo necesario, de lo mejor, sino sobre todo de lo posible. La acción de profilaxis, de prevención, de educación y promoción de salud de salud mental, puede ser representada, retomando a Vygotsky, como una cierta zona de desarrollo próximo (fig.1). Se trata a nuestro juicio del establecimiento de las “zonas de impacto probable” que realizamos o proyectamos realizar. La expectativa de modificación ilusoria, casi alucinante, es usualmente frustrante e inmovilizadora. Alguien dijo que “mientras perseguimos lo inalcanzable hacemos imposible lo realizable”.

fig1

 

Lo probable es siempre una “zona de desarrollo próximo” en la que se negocian las necesidades con las posibilidades, lo que es posible ahora con lo que será posible después. La acción comunitaria consistente es escalonada, y los saltos estridentes son usualmente saltos en el vacío que nos devuelven al punto de partida, quien sabe si incluso nos dejan más atrás. La no observancia de este principio lleva a serios errores de idealización (sobrevalorada) y deja secuelas negativas.

2. LA CONJUGACION DE LOS FACTORES DE INFLUENCIA.

     Como decía anteriormente, partimos de la consideración de que la acción de salud mental comunitaria se define por un punto variable en el espacio conformado por las prácticas de salud, las educativas y las de comunicación (fig 2.).

fig2

El peso específico de cada uno de los componentes viene definido por la ubicación de las necesidades reales de la comunidad, de la situación concreta con la que nos enfrentamos. Sin embargo, ninguna acción comunitaria en salud mental debe excluir alguno de estos elementos.

     Al mismo tiempo la conjugación de los factores de influencia se realiza sobre la base de la conjugación de los gestores (promotores) de influencia. Un ejemplo quizás me permita explicar mejor la idea. Tomemos como referencia la gestión de educación. Ella no puede realizarse solo tomando como grupo de acción educativa a la familia, o a la escuela. Los gestionadores de cada una de estas áreas son instituciones diferentes, con perfiles diferentes, con dinámicas internas diferentes. Cada una de ellas tiene su propio discurso y de no establecer un punto real de confluencias los esfuerzos pueden ser ineficientemente gastados. Por eso, resulta de gran importancia el esclarecimiento de las alianzas participativas, de los por qué y los cómo cada parte del todo se integra en la acción de promoción estableciendo relaciones de costo / beneficio.

3. EL REFORZAMIENTO DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL.

     Si bien como señalamos antes los pesos específicos de cada una de las gestiones se definen con arreglo a las demandas y necesidades, en nuestros trabajos la comunicación social se revela como factor que requiere de un tratamiento especial.

     A finales del siglo pasado, un ingeniero y sociólogo italiano, Vilfredo Pareto, formuló y defendió una idea de gran interés que para algunos es una “norma de la economía del bienestar”. Pareto formuló en calidad de observación lo que se denomina la ley de Pareto: “en una serie cualquiera de factores, que hay que someter a control, se puede distinguir una pequeña porción, desde el punto de vista del número, a la que se puede atribuir una gran influencia en lo que al efecto hace. Por el contrario, la gran mayoría de los factores, siempre desde el punto de vista del número, tiene un significado relativamente menor en cuestión de efecto”.

     Acompañado a Pareto, incluso sin saberlo, una buena parte de nuestros empeños profesionales se concentra en buscar no solo ciertos efectos, sino los mayores y mejores efectos, con un mínimo de costo. Es este el reto de la eficiencia. Al mismo tiempo, luchamos por lograr esa eficiencia favoreciendo o resguardando la producción de un beneficio proporcional. Esto es justicia, o al menos una fórmula de justicia. La propuesta de Pareto pretende favorecer un principio de decisión para la concentración y asignación de los recursos de manera que favorezca un mayor efecto sin detrimento de las relaciones equitativas del todo. A esto se denomina una “mejora paretiana” o un “cambio paretiano”.

     El asunto del reforzamiento de las prácticas de comunicación social no es de caprichos o gustos. Dice Debray R., apuntando a la realidad francesa, pero a mi juicio transferible en gran medida a otras realidades, que ”los valores asimilados hoy por los alumnos pasan por la televisión, la música, la radio, la moda, la publicidad, más que por la escuela y la familia” (Debray R. 1995.p. 85). Incluso para un país como el nuestro donde las alternativas comunicativas son aún pobres, tenemos que reconocer que las influencias de las mismas son muy poderosas por su extensión y acción legitimada. A lo dicho hasta aquí me gustaría agregarle el hecho indiscutible, y sin embargo poco reconocido, de que la acción de comunicación social no es solamente, como piensan algunos, una acción que se realiza desde y con la prensa, la radio y la televisión. La comunicación social supone niveles de representación y de acción. Si el hospital comunitario de hoy, no está en condiciones de salir a buscar a su cliente, a su usuario, está destinado a desaparecer. Ir a buscar a la persona, grupo, etc. que habita en su entorno para accionar con él con el fin de evitar que tenga que ir al hospital, es una gestión de comunicación social. La prevención y la promoción de salud no son tareas, sino concepciones de trabajo. Por lo tanto no pertenecen a un nivel específico de atención, sino que son una filosofía que sustenta las prácticas de salud y sus proyecciones. Esa filosofía se construye cada vez más desde la comunicacional incluso en los espacios comunitarios.

     En este sentido son cada vez más los especialistas que consideran que el mejoramiento y robustecimiento de la salud mental puede verse especialmente favorecido si tomamos como instrumento de trabajo la comunicación social. A nivel comunitario “la comunicación, bien entendida, en su sentido amplio, viabiliza aspectos cruciales de democratización, equidad y empowerment, además de cumplir un no menos central papel de advocacy” (Contreras E. 1994 a. p. 95).

     Particularmente, hemos trabajado en los últimos años el aumento de la eficiencia de las prácticas de comunicación social en salud tomando como modelo de referencia el Marketing Social. Lo digo más claramente: consideramos que una acción de comunicación social a favor de la salud comunitaria se ve favorecida dentro de un encuadre de marketing con una finalidad social.

     Es cierto que el marketing para muchos evoca como escenario, en el imaginario social e incluso profesional, la representación de una empresa capitalista deshumanizada, ultramoderna y cuyo único valor es el dinero. El tiene en la imaginación de muchos los colores de la bandera de los Estados Unidos de Norteamérica y con ellos la sordidez de la filosofía de la ganancia con menos costo y a toda costa: cueste lo que cueste (en costo humano). Pero las evocaciones no son la realidad.

     Para que esta propuesta sea loable, es imprescindible acercarse al sentido praxológico y pragmático del marketing, en el que sus prácticas son definidas como instrumentos de las intenciones y no como intenciones en sí mismas, como medios al servicio de propósitos que lo anteceden, y no ineluctables consecuencias conformadoras de efectos deteriorantes de la justicia y el equilibrio social y económico. No fue el marketing quien creó la injusticia social, ni el hambre, ni el desempleo. No fue el marketing quien creó la competencia ni la competitividad. El marketing apenas intenta aceptar la existencia de un mundo en el que la competencia y la competitividad están presentes, y esto hace necesario que cualquier proyecto de vida, institucional o personal, individual o social, comercial o de bien público, para salir adelante, realizarse y cumplir sus propósitos, tenga que ser factible, competente, eficiente y atractivo.

4. LA VISION DE UN SER HUMANO SANO.

     Si hablamos de salud mental, hablamos también de una meta, una conquista: el ser humano sano. Sano no es el ser humano que no tiene enfermedad alguna. Sano es el ser humano cuya tendencia de vida reafirma su condición humana. Lo que significa:
1. El desarrollo de la capacidad de cuestionamiento (en la ruptura y en la unidad) de los patrones comportamentales prefijados. La asimilación crítica de la experiencia reconociendo sus valores potenciales favorecedores y los entorpecedores.
2. La capacidad de elevación (separación proyectiva) del presente.
3. La existencia de metas prospectivas a mediano y largo plazo, de un proyecto de vida conjugado con sus coterráneos.
4. Aceptación del riesgo comportamental que supone el cambio.
5. Productividad y eficiencia comportamental elevada ( en función de las metas).
6. Compromiso personal e implicación comportamental.
7. Un modo de realización de las demandas que sea generador de bienestar y felicidad para si y para su entorno.
8. La observancia de una ética humana con todos y para el bien de todos, una ética de la solidaridad, de la justicia, de la cooperación.

     Digo que favorecer la salud mental es permitir el acceso de todo ser humano a una construcción subjetiva personal marcada por:
INDEPENDENCIA PERSONAL
ADECUACION DE SU AUTOESTIMA
RESPONSABILIDAD LA FLEXIBILIDAD
SENTIDO EXISTENCIAL
CAPACIDAD DE AUTOCUESTIONAMIENTO
ASERTIVIDAD
CONFIANZA EN SI MISMO
DESARROLLO VOLITIVO
APERTURA AL CAMBIO
AUTONOMIA
ASUNCiÓN DE COMPROMISOS
ETICA PROSOCIAL

     Se trata sobre todo de fortalecer las tendencias positivas de su desarrollo. Decía Maslow que “hay dos grupos de fuerzas que arrastran al individuo y no sólo una, además de las presiones hacia adelante, hacia la salud, también hay presiones hacia atrás, regresivas y de temor, las cuales llevan a la enfermedad y al debilitamiento” (Maslow A. 1968. pg. 164). Más que contrarrestar las fuerzas negativas, lo que tratamos es de robustecer las positivas.

     No me parece justo abrumarlos con especificidades excesivas. Corriendo el riesgo de defraudarlos un poco, no me he detenido a intentar una descripción de lo que en Cuba se hace a nivel práctico concreto en lo que a salud mental comunitaria se refiere. He intentado sí, seguir una lógica elemental “si los cubanos hacemos trabajo comunitario en salud mental y yo soy cubano, y hago trabajo comunitario, pues mi trabajo es en alguna medida una representación de lo que se hace en el país”.

     Si de sintetizar se trata, diría lo que necesitamos es pensar, desde nuestra profesión, comunitariamente. Hablo de un pensar comunitario que sobre todo es:

1. Reconocer la comunidad no solo como noción, concepto o como sustento de una metodología o modelo de accionar práctico. Lo comunitario como un esencial existencial en el ser humano. Quién sabe si sustituir el “Uno para todos y todos para uno” con un “Uno es todos y todos somos uno”. Es también la certeza de que fue en comunidades que el hombre llegó a esta altura, y será en comunidades que seguirá ascendiendo.

2. Ubicarse como parte de un todo no importa cual sea la función que se cumple en un momento, no importa cuanto la realidad fenoménica, siempre detenida y por ende metafísica, nos haga creer que somos un lugar aislado. Esto significa sustituir el ¿qué puedo hacer? por el ¿qué podemos hacer?, instaurar el discurso del “nosotros” por sobre el discurso del “yo y ellos”. No se trata de la perdida de lo individual, sino de otra lectura que lo incluye. Solo la socialización hace a la individualización, así como aquella es la resultante dialéctica de esta.

3. No hacer de los enfoques comunitarios lo que no son. Reconocer sus límites actuales, y en sus límites actuales reconocer sus retos futuros. Hacer de la democracia y la participación elementos no solo de la vida política, sino sobre todo de los modos de interacción al interno de las comunidades “en” y “para” las que trabajamos. Parafraseando a Eduardo Galeano en “El Libro de los Abrazos” cuando escribe que “los derechos humanos tendrían que empezar por casa”, nos veríamos precisados a aceptar que esa dinámica social de igualdad, democracia, respeto a las diferencias, etc. a la que aspiramos tendría que empezar por nuestro propio gremio profesional. Si a nivel sociopolítico hablamos de sociedad sin clase, entonces en el campo comunitario se trata de un pensar ajeno al autoritarismo, a la omnipotencia del profesional o de cualquiera de los miembros de la unidad indisoluble que ha de ser la comunidad.

     Es probable que algunos encuentren diferencias esenciales. Que otros encuentren puntos de contacto con lo que se hace aquí y en otros países del continente. En cualquier caso, abro las puertas al intercambio. Entre otras cosas porque soy de los convencidos de que si ponemos el énfasis en nuestras ansias, tendremos sobradas razones para encontrarnos.

     Todos sabemos que el camino es difícil. Rogers lo dijo a su manera: “Yo cultivo el jardín. La mañana en que no me da tiempo…me siento frustrado. Mi jardín hace surgir la misma pregunta inquietante que he tratado de contestar en el transcurso de toda mi vida profesional: ¿cuáles son las condiciones efectivas para el crecimiento?. Pero en mi jardín, aunque las frustraciones son tan inmediatas y los resultados sean también éxitos o fracasos, éstas se hacen evidentes en forma mucho más rápida”. (Rogers C. 1974. Pg. 122 - 23). Las flores que podamos cuidar hoy , serán los árboles de mañana. Entonces no podemos dejar de intentarlo.


BIBILIOGRAFIA REFERIDA EN EL TEXTO

1. Calviño M. Estudios Comunitarios: Una reflexión de alerta. DOXA. Revista Paulista de Psicología e Educaçao. UNESP. Ano I. Vol.1. Nº 1. Jan/Abr. 1995.
2. Calviño M. Tolerancia: alertas y certezas. Revista Cubana de Psicología. Vol.13. Nº1. 1996.
3. Contreras E. Comunicación y Salud: Lecciones y experiencias. Notas para una discusión. En: Por una política de comunicación para la promoción de la salud en América Latina. Editado por la División de Promoción y Protección de la Salud, OPS , OMS. Quito, Ecuador. 91- 112. 1994 a.
4. Contreras E. Investigación y evaluación en comunicación para la salud. En: Por una política de comunicación para la promoción de la salud en América Latina. Editado por la División de Promoción y Protección de la Salud, OPS , OMS. Quito, Ecuador. 91- 112. 1994 b.
5. Debray R. El estado seductor. Las revoluciones mediológicas del poder. Buenos Aires. Manantial. 1995.
6. First International Conference on Health Promotion. Ottawa Charter for Health Promotion. 1986.
7. Maslow A. Towards a psychology of being.2da. edición. Van Nostrand. New York. 1968.
8. Ottawa Charter for Health Promotion. Health Promotion, 1.iii - v. 1986.
9. Rogers C. On Becoming a Person: a therapist’s view psychotherapy. Boston. Houghton Mifflin. 1961.
10. Rogers C. In Retrospect: Forty-six years. The American Psychologist. Nº 29 (2). 115 -123. 1974.
11. Stroul B., Friedman R., Hernández M., et al. Systems of Care in the Future. In:Children’s Mental Health. Paul H Bookes. Baltimore. 1996.


SER PSICOLOGA HOY (y mañana ...)

Prof. Manuel Calviño Facultad de Psicología. Universidad de La Habana
Correo Electrónico:
calvino@infomed.sld.cu
 
"Me opongo terminantemente, por considerarla errada, 
a la posición que supone... que nuestra función 
es exclusivamente profesional y científica"
 
J.Bleger 
"Dedicated to the one I love"
The Mamas & the Papas.

 

     No hay formalidad ninguna en comenzar esta suerte de asociación libre semicontrolada con un agradecimiento a los lectores de este trabajo por esta insustituible posibilidad de dialogo (con ustedes y conmigo mismo). Desde un lugar residente en mi memoria histórica reciente un sueño desplazado de mi primera juventud estudiantil se me antoja actuado por ustedes. En este mismo edificio de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, maquillado hoy por obra y gracia de la "cuota de inscripción" y de los ingentes esfuerzos que estudiantes jóvenes y estudiantes menos jóvenes (así prefiero llamar al claustro de profesores) hacemos para evitar que nos derrumbe la inmundicia de un insano y patológico bloqueo, con sus cómplices "nativos" – conservadurismo, reglamentismo, inmovilismo y otros "ismos" de los que aún no estamos libres – digo que en este mismo edificio, cuando la mayoría de ustedes no había nacido, y solo existían como posibilidad en el amor de sus padres, muchos soñamos en un encuentro como este. Un encuentro sin necesidad de traductores (ni de inglés ni de ruso), sin necesidad de explicaciones "paradigmáticas" (ni de la psicología marxista ni de la transpersonal, ni de cualquier otra que el afán de trascendencia de algunos impele a construir). Un encuentro sencillamente de "covivientes". De personas que a pesar de los diferentes escenarios, tenemos empeños comunes. De personas que aunque le llamemos "guagua" a cosas diferentes, y unos le añadimos café al agua caliente y otros mate, tenemos angustias prospectivas similares. Gente que puede, quiere y, superyoicamente dicho, "debe" compartir sus destinos. Al fin y al cabo asumamos con Pichón Riviere que los aquí presentes somos portadores de una "enfermedad única". Gracias a ustedes "reparadores de sueño" que hacen que "la gota de rocío no deje de caer". 

     He optado por incluirme en un discurso profesional con genero femenino. "Ser psicóloga hoy". En realidad el ser psicóloga hoy, no es lo mismo que ser psicólogo hoy. Pero no entraré en esta disquisición que me llevaría por un camino un tanto distinto de aquel para el que he sido convocado. Mi opción de "ser psicóloga" hoy va por otro sendero. Nada que comprometa mi orientación sexual. Nada que comprometa mi conocimiento de las reglas gramaticales del español. Nada que suponga un dictamen machista de "sepan las mujeres lo que le decimos los hombres". Se trata sencillamente de un acto, aunque sea uno, de elemental justicia con una realidad de nuestra profesión: la inmensa mayoría, no solo de las aquí presentes, sino de la población profesional de la psicología en nuestro continente es genéricamente y por decisión de vida, femenina. Hoy acudimos a la "@" para intentar dibujar un grafo que es al mismo tiempo "o" y "a". Uso probable en la escritura. Pero conceptualmente tampoco va por ahí mi idea. Quiero que las "a" sigan siendo "a" y las "o", "o". Y que la diferencia entre ambas no sea solamente "un rabito" en la cursiva y "dos palitos" en la de imprenta. El asunto no es eliminar las diferencias, sino saber vivir con ellas, disfrutar de su existencia, enriquecerlas en aras de la pluralidad existencial y cosmogónica del ser humano. Digo entonces, como en su momento Gabriela Mistral, "...no se crea que estoy haciendo una profesión de feminista. Pienso que la mujer aprende para ser más mujer". Ojalá los hombres hiciéramos lo mismo. 

     Un punto de partida más. Denominé antes a mi intervención como "asociación libre semicontrolada". No crean que es un modo casual de decir. Quiero asociar lo que me pasa con lo que quiero que pase; quiero que mi "lenguajear" (concepto maturánico) sea libre, es decir autentico, honesto, "sentipensado" (ahora es galeánico o de los pescadores de la costa colombiana). Quiero asumir el tiempo asignado, la paciencia y el cansancio de ustedes tras varios días de labor, como "semicontroladores" del volumen de ideas, ojalá que de palabras, que me propongo compartir (este último "quiero" es para mí el más difícil). Lo que sí definitivamente no quiero, nunca lo he querido, es ser escuchado para encontrar respuestas. Les pido que me escuchen para hacerse preguntas, para hacernos preguntas. Mi instrumento será la teorización anárquica y comprometida, pragmática y utópica, operativa y alucinada. Ojalá que me acompañe un poco de humor para ser consecuente al menos con la demanda de placer que guía en parte mi orientación profesional. Debería ir en busca de "la parsimonia", ese "touch of quality" o "discreto encanto de la burguesía" que dotaría a mis palabras de sobriedad, moderación y circunspección. Ahora canta Maná: "Como quisiera...pero no puedo". Además no me preocupa mucho. Creo con Devereux que la parsimonia es un criterio "siempre arbitrario...es una característica puramente descriptiva de una teoría. No nos permite estimar la congruencia de la teoría con la realidad; solo nos permite apreciar "su elegancia" (Devereux G. 1991.p.35). Comienzo, o más bien sigo adelante.

     Encontrar un punto de partida es usualmente algo arbitrario. Cualquier punto puede ser el de partida con tal de que no sea el de llegada. Asumirlo como tal es ya una opción y por lo tanto una decisión. Pero todo tiene un antes y un después. Todo tiene un tiempo, una historia. "Todo tiene su momento" sentenciaba Sinoé el egipcio. Y es este a mi juicio un punto crítico en el dibujo actitudinal que supone ser psicóloga hoy. Lo de menos es que por no conocer la historia estemos condenados a repetirla, como sentenciaba Santayana. Lo de menos es que conociendo la historia no podamos trascenderla, escribirla con nuestras propias letras. El asunto es que somos nuestra historia y más. No es que seamos un producto de las influencias sociohistóricas, es que somos "sociohistoria" demarcada por un tiempo y un espacio en el que se asimila y se crea, se afirma y se contradice. Se "es" siempre en un tiempo (no importa lo que seas), pero ser profesional es algo más, es asumir el tiempo en que se es en aras de una misión, de un destino, de un mandato cuyo gestor es la vocación misma del ser humano y su devenir histórico. La historia tiene tres ojos: el de hoy, el de ayer y el de mañana, pero siempre es presente. El pasado y el futuro existen en el presente como huella y como ansia. 

     Esto nos pudiera parecer un obvio. Lo es. Solo que es un obvio obviado más de una vez en nuestras tradiciones recientes (muy recientes, piensen que hablamos de algo más de cien años, apenas el doble de mi edad). Por si alguien lo duda (no mi edad, para esto tengo mi partida de nacimiento) me remito a algunos de los paladines emblemáticos que refieren nuestros libros de historia (entendida usualmente como el conjunto de acontecimientos que ocurrieron en un periodo de tiempo – vaya subvaloración de la historia!).

     Cuando Edward Bradford Titchener, casi recién llegado de vivir una relación pasional con la tradición wundtiana entró en la Cornell University de toga, birrete y con su acento de lord inglés para presentar su centenaria clasificación de las sensaciones no cometía un error teórico, ni publicitario, sino epistemológico, histórico. Estaba convencido de que la Psicología no se movía al compás de los movimientos geográficos, culturales, idiosincrásicos. Nunca escuchó a León Gieco cantar "cambia, todo cambia". En Leipzig, Londres o New York la ciencia psicológica era, en su representación, la misma. El psicólogo el mismo. La psicóloga lo mismo.

     En su momento la prominente obra de Freud estigmatizó a Reich entre los psicoanalistas cuando este se lanzó a los barrios obreros en busca de nuevas aportaciones al psicoanálisis. Sigi, como cariñosamente le decía al padre totémico del psicoanálisis su esposa, decía que "el amor es hoy tan animal como lo ha sido siempre". Con tal formulación, además de entender la sombría cara con la que se nos muestra Martha Bernays –la esposa de Freud- en las escasas fotos que de ella conocemos, podemos comprender que aquél que "profanaba todo el pasado, envenenaba todo el presente, mataba todo el futuro", al decir de Marthe Robert, pensaba que hubiera sido el mismo psicoanalista distante, ajeno, imparcial escuchando a Madona gemir "don’t cry for me Argentina" o a Atahualpa Yupanqui deslizando sus campesinas manos por la viola para acompañar el verso: "le tengo rabia al silencio por lo mucho que perdí. Que no se quede callado quien quiera vivir feliz". 

     La lista puede ser ensanchada casi ad infinitum. Lacan, cuando logramos entenderlo, no nos deja mucha alternativa: "El deseo del hombre encuentra su sentido en el deseo del otro" (Lacan J. 1985.p.257). Somos donde no somos. Skinner, luego de sentirse "fracasado como escritor porque no tenía nada importante que decir" (Skinner B.F. 1967. p.395), según el mismo nos narra en una suerte de autobiografía, propició la mayor inundación de facultades de psicología en el mundo entero con mares de ratas, palomas y laberintos. Todo para seguir sin algo importante que decir, pero hacernos sentir animales que un juego malsano de reforzamientos puede convertir en esclavos o fanáticos, en cobradores o deudores. La llamada Psicología Cognitva se alza con otra posibilidad de entendernos:como sistemas que procesamos información, a la Stember o a la Deutch & Deutch. Somos computadoras a las que infelizmente no se le puede aumentar la memoria RAM, ni cambiar el bios, en todo caso optimizar el disco duro. Seymour y O’Connor nos dan una PNL que desconoce el más elemental determinismo de la cultura étnica.

     Luego, después de tantos años "descontruyendo" al sujeto, intentando entender con Foucoult los vericuetos intrapsíquicos del poder para poder entenderlo como sujeto sujetado, resulta que Moscovici nos pone en manos del empleador más trabajoso: "todo es construido". Maritza Montero, que en 1987 defendía una psicología política que "en lugar de ser un testigo de los procesos sociopolíticos que afectan al individuo.... es un medio para intervenir en las transformaciones sociales...para producir respuestas a los problemas planteados por las relaciones sociales,económicas y políticas" (Montero M. 1987.p.46) en 1994 al hablarnos de la vida, dice que es sobre todo "la construcción del conocimiento que la explica,interpreta y constituye" (Montero M. 1994.p. 7). Y todo esto, porque al convencernos de la malsanidad de idusa (dice Salazar que es la ideología dependiente de USA, tan arraigada en nuestra gente) no acercamos a "FACYEU" (fascinación cognoscitiva yoica por la europa unificada). Al menos el constructivismo nos da un cierto viso de obreros de la construcción y desde aquí la posibilidad de una conciencia de clase.

     En fin, la ahistoricidad como el caos imcomprensible de la historia. Menos mal que entre nuestros altares reciente pusimos a Munné para que nos diera una buena noticia: "desde la complejidad, la ausencia de orden, dada por el caos, ya no resulta un fenómeno patológico, sino un aspecto constitutivo de la realidad...un orden en el que la incertidumbre...domina la exactitud y la certeza" (Munné F. 1994.p.17)

     La ahistoricidad, hasta aquí delatada, es también metodológica y académica. Solo señalo un soporte: con el mismo texto de Scott y Wertheimer, escrito en 1956 y con más ediciones y plagios que "Rocky", "Viernes 13" y "Academia de policias" juntas, en algunas instituciones se forman investigadores para laboratorios sofisticados y en otras trabajadores sociales comunitarios. Con los mismos planes de estudio con los que se formaba una psicóloga en la postguerra rusa, allí en la imponente Moscovski Gasudarstvieni Univesitiet (Universidad Estatal de Moscú), se formaba también a las psicólogas en la llamada época del inmovilismo o del "rasvitoi socialism" (socialismo desarrollado).

     Todo esto es negación de la sociohistoria, de la historicidad. A veces pienso que la psicología fue posmoderna antes de la posmodernidad. Todo esto es negativa a la esencia social de la psicología y más aún de las psicólogas. "Para mí, solo el ahora existe – nos decía Fritz Perls, - Ahora = experiencia = conciencia = realidad." (Perls.F.1973.p.22). Excelente filosofía para el enfrentamiento de la finitud de la existencia, pero no creo que como principio constructivo de una profesión, de las prácticas derivadas de su identidad, ni como afrontamiento de una realidad que antes y después del "here and now" es profundamente productora de displacer, infelicidad, enfermedad. 

     Conste que concuerdo con de Brasi (hablo del argentino-veneciano Juan Carlos, y no del italiano Luca, amigo de Vito Corleone) en su prologo al libro "Clínica Grupal, Clínica Institucional" cuando sentencia que "…los viejos autores, siempre podrán ser los nuevos actores de un pensamiento inacabado". Pero si y solo si entendemos eso: el pensamiento inacabado buscando, armando y desarmando, encontrando su realidad en la realidad. La mirada a lo por hacer. 

     La historicidad supone, en la construcción de nuestra identidad profesional, en nuestro ser psicóloga hoy la dialéctica de la unidad y la ruptura. Con esta historia de ahistoricidad, de desentendidos epistémicos, metodológicos y ontológicos no podemos seguir el principio de "borrón y cuenta nueva". La identidad es inclusión armónica de lo que sí y lo que no. A la Fermina Daza de "El amor en los tiempos del cólera" cuando se encontró ante la urgencia de reconstruir su vida sin la presencia de su Juvenal Urbino "la estremeció un pensamiento vago: la gente que uno quiere debería morirse con todas sus cosas" (García Márquez G.1986.p.77). Pero el orden viejo, la vieja psicología, el viejo modo de ser psicólogo no puede morir con sus cosas. Parafraseando a un gran sabio gestor de mi cubanía, Don Fernando Ortíz, digo que una psicología que niegue su historia está en trance de suicidio. La reconstitución de la historicidad no puede ser al precio del desconocimiento de la historia.

     Ser psicóloga hoy es hacerse cargo de la historia. Pero no creo que sea camino el repetir la disección metodológica, ni las rupturas paradigmáticas. Ser Psicóloga hoy, necesita una epistemología de la convergencia, de la unidad de acción en la dramática del ejercicio profesional y en la pragmática de la construcción teórica. Ser psicóloga hoy es ser nosotras sobre lo que de nosotras han hecho. No podemos ser desde cero. Tenemos que ser desde donde somos instituidas y de ser necesario, ahora en metáfora marxista, "suicidarnos como clase", es decir no ser el ser de nuestras determinaciones, sino el de nuestras decisiones.

Apasionante el tema que se abre ahora a mi libre asociación. 

     Me impactó mucho el reencontrarme en este encuentro con los años sesenta. Lo digo honestamente. He sentido algo del alternativismo hippie, de su naturalismo probablemente fundante de la vocación ecológica. Recordé como guitarra en mano afirmábamos nuestro camino: "Todo al fuego". Reviví la negativa a la edulcorada imagen de perfección que nos imponían en la época. Me he imaginado a Marcuse sustentando desde San Francisco las revueltas de las calles parisinas. A Fromm renegando del "tener" a favor del "ser". Al Che, convencido hasta la médula de que sí se puede. Hace poco volví a cantar el "Chamamé a Cuba", escrito por el imaginario anhelante de los presos políticos del penal argentino de Rawson, con un Grupo Moncada que quería tomar el cielo por asalto y no saltar de un lugar a otro por el cielo. Ayer no queríamos ajustarnos a los convencionalismos decadentes. Hoy tampoco. Hasta se comenta que algunos aquí preparan "un encuentro alternativo" a este, pero en el muro del malecón (cuidado posibles participantes, si los sorprende una demostración de unidad a la cubana, un millón de personas le pasarán por arriba). Ya lo hizo Lacán en París con los disidentes de la anquilosada fracción del psicoanálisis, lo hizo el gordo Bauleo con Plataforma y Documento en Buenos Aires. Lo hicimos los cubanos en Cuba cuando no nos dejaban entrar en los Congresos Onerosos de los gobernantes norteamericanos de la psicología. Pero algo esencial ha cambiado. Entonces sumábamos y restabamos. Nos quitábamos de los espacios existentes para crear nuevos espacios. La gran tragedia hippie fue su automarginación, su intentar un "make love not war", un pelo largo como negativa a la tijeras en un paraíso artificial con la música indirecta de Scott McKenzie: "Here I’am in San Francisco". Fue la epistemología diferenciadora de los sesenta. 

     Pero las políticas del aislamiento son obsoletas (del impuesto y del autoimpuesto). El celibato de monje no es opción para eliminar el SIDA (VIH). No ver la televisión no es el remedio para impedir el "imbecilismo mediático". Un anarco-comunista a la usanza bolchevique hipertrófico del medioevo me dijo: "Si el correo funcionara bien, no haría falta el email". No naveguemos por Intenet, ni montemos en nuestros PC personales el Windows Me (Milenium) porque Bill Gates se hace más rico (¿sera que se puede ser más rico?). Paradojal se ha vuelto la historia dicen algunos. No la que se vivió como drama y se revive como comedia (o como trauma). Hablo sencillamente de que el mundo es otro. Cambalache – Toma 2. Canta Joan Manuel Serrat el tango de Enrique Santos Discépolo: "...El siglo XX es un despliegue de maldad insolente....todo es igual, nada es mejor. Lo mismo un burro que un gran profesor. Da lo mismo que seas cura, colchonero, Rey de bastos, cara dura o polizón... Se ha mezclado la vida... El que no llora no mama y el que no roba es un gil... dale no más, dale que va...es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de las minas, que el que roba que el que mata o esta fuera de la ley" (tran tan!!!)

     Y ahora vuelvo al punto. Juro que no me he separado de el: "ser psicóloga hoy, y peor aún, también mañana. Parecería que lo mejor es separarnos de este mundo: lo aconsejan las sabias orientaciones metodológicas del pensar positivista que busca la objetividad. Ser psicóloga es, al menos desde alguna representación teórica, algo así como "amaestradora de ratas". El mundo se queda fuera. Y si alguien quisiera echarnos en cara que las ratas son el resultado de la insalubridad, la insanidad y hasta el subdesarrollo, entonces cambiemos de animal. Escudriñando el inconsciente puede que no veamos la inconsciencia que domina al planeta, hasta lo gobierna. Si nos convencemos que la realidad es construida, entonces basta con descontruirla y volverla a construir en la cabeza de los que, irónicamente dicho "creen" que sufren por ella. Para que mirar lo que nos desagrada. El asunto puede ser otro. Lo sabe hasta "la abuelita de Kundera".

     Hay posibilidades para las psicólogas: "Simultáneamente a la revolución informática, las sociedades posmodernas conocen una revolución interior, un inmenso movimiento de consciencia, un entusiasmo sin precedentes por el conocimiento y la realización personal, como lo atestigua la proliferación de los organismos "psi", técnicas de expresión y de comunicación,meditaciones y gimnasias orientales. La sensibilidad política de los años sesenta ha dado paso a una sensibilidad terapéutica; incluso (los más duros sobre todo) entre los exlideres contestatarios sucumben a los encantos de la self-estimation: mientras que Rennie Davis abandona el combate radical para seguir al guru Maharaj Ji, Jerry Rubin explica que, entre 1971 y 1975, practicó con delicia la gestatterapia, la bioenergía, el rolfing,los masajes,el jogging, tai chi,Esalen, hipnotismo, danza moderna, meditación, Silva Mind Control, Arica, acupuntura, terapia reichiana. En el momento en que el crecimiento económico se ahoga, el desarrollo psíquico toma el relevo, en el momento en que la información substituye la producción, el consumo de conciencia se convierte en una nueva bulimia: yoga, psicoanálisis, expresión corporal, zen, terapia primal, dinámica de grupo, meditación trascendental; a la inflación económica responde la inflación psi y el formidable empuje narcicista que engendra" (Lipovetsky G.1996.pp.53-54)

     Pero, saben que les tengo una "mala noticia". Otra vez la historicidad, ahora no como vocación teórica, no como opción epistemológica, sino como inevitable existencial. Silvio lo canta desde su experiencia personal y nos dice ."Nadie se salva del pie forzado: hay que crecer bailando con sinsabores". Y mismo allí, expresa una alternativa para ser psicóloga hoy: "Me quieren enterrar donde adivino - siempre quisieron ocultarme lejos -. Objeto de los fúnebres cortejos, ayer u hoy. Parece mi destino…Solavaya, aves de mal agüero. Mundo feroz, lo digo en juramento: enterrarme le va a roncar el cuero". Berman nos lo dijo a su modo, remitiéndolo a la experiencia de Fausto: "solamente trabajando con el diablo…podrá el hombre acabar del lado de Dios y crear el bien". (Berman M. 1988. p.39). Desde ya digo que estoy hablando de una táctica, no para realizar "el principio central del gatopardismo – como dice en su "Chile Actual" Tomás Moulián – que todo parezca cambiar para que todo siga igual" (1997.p.358), sino para andar tras "La consagración de la primavera" 

     Ser psicóloga hoy (y mañana) necesita de un traspaso de la irreverencia marginalizante a la convivencia transformadora. Reedificar la idea Pichoniana de la "adaptación activa". Y me tomo unos minutos más para explicar este girón esencial de mi "asociación" (a esta altura ya en fase de delirio psicótico).

     Vivimos en un mundo que intenta erigirse sobre la convivencia educada. Pongamos a manera de voluminoso ejemplo la actual "convivencia educada" entre la desnutrición y la obesidad. Hemos encontrado que hay espacio para las figuras leptosómicas de Fidelio Ponce y las picnicas de Botero. Que pueden convivir la anorexia provocada por el rechazo a la celulitis, el culto a la esbeltez esquelética de los que tienen qué y cómo comer, con los vientres inflamados de los que no tienen que comer y son comidos por enfermedades que para los primeros son raras y exóticas. Una aritmética elemental nos dice que para el caso de los Estados Unidos, donde las XXL y las XXXL no son noticia, la disminución de ingesta por hipercalorización de los envuelticos en carne daría para alimentar al nivel del promedio calórico esperado por el Fondo de población de la naciones unidas a los que probablemente se ofenden "desde su sociohistoria" al oír hablar de la necesidad de dietas más eficaces. Pero lo cierto es que existen los sobrepesos y los bajopesos. Y para poder actuar sobre unos y otros tenemos que posicionarnos socialmente, comprometernos con ambos. El marketing contemporáneo nos ayuda a segmentar, pero a segmentar no para marginar, sino para llegar a todos y cada uno como individuos pertenecientes a una misma realidad distinta. Como dice Nadis Sadik: el reto necesario, imprescindible es "Vivir juntos en mundos separados". 

     La nueva sociedad intenta erigirse, solo puede hacerlo, sobre la vieja sociedad. El hombre nuevo crecerá desde el hombre viejo, será por él educado. La noción de mercado fisura hasta a la ciencia de las ciencias: hoy hablamos hasta de un mercado epistemológico. No nos gustan los "mall(es)" (no los "guacamoles") sino ese "conjunto de tiendas segmentadas, con sus vitrinas cuidadosamente decoradas...formando parte de un laberinto bullanguero...una atmósfera kitsch" (de nuevo Moulian. Idem.p.111). No somos aficionados a los shopping center, ni a las películas de Arnold Schwazesnager (ese robot del celuloide con cuerpo de mamut y cabeza de píldora anticonceptiva). Pero nuestro mundo esta plagado de las tres. (Ya ni Cuba es una excepción. Todavía somos los menos, pero el panorama parece cercano. La táctica legada por Sor Juana Inés pudiera ser una solución: "Queredlas cual las haceis. Hacedlas cual las buscáis". No demos la espalda a lo que tenemos. Y hagamos lo nuestro. Mucho de cuanto es posible hacer, ya lo encontramos hecho aunque en precaria medida y ajeno a nuestro deseo de forma y contenido. Y, aunque en un sentido profundamente metafísico, también lo que no hicimos ya no lo podemos hacer al menos en el mismo tiempo y probablemente lugar. Hasta Luis Miguel lo dice "el beso que negaste ya no lo puedes dar". 

     No contamos con muchas revoluciones victoriosas – ni políticas, ni epistemológicas, ni socioculturales, mucho menos psicológicas. Algunas de las que se acercaron fueron recicladas por la traición, el entreguismo, la incapacidad para entender y diferenciar lo esencial de lo secundario, las subventajas escotomizantes del mercado moderno. Destino que le hicieron correr hasta a la inexpugnable Unión Soviética en la que se aseveraba que "ni chto nie zabuito. Ni kto nie zabuit" (Nada ni nadie quedará olvidado – trad.MC), pero al final: "vsio zabuito. Vsie zabuitie" (Todos y todo olvidado). Hoy se imponen las transacciones "educadas" y las de la "sobrevivencia". Entonces, hoy, una vez más, necesitamos de alianzas tácticas (y anoto con Ries y Troust que hoy las tácticas hacen a las estrategias): La ortodoxia lírica arremete contra Pavaroti por cantar con Sting, contra Andrea Boccelli por hacerlo con Eros Ramazoti. Cuba es criticada por la extrema izquierda por tener Hoteles de cinco estrellas y un mercado paralelo que funciona en la moneda del enemigo de siempre. ¿Quién iba a pensar que Caetano Veloso andara cantando de cuello y corbata con un terno de factura parisina?. Pero gracias a Pavarotti y a Boccelli (y a Carreras, y Domingo y otros) el "bel canto" ha transitado por personas que lo consideraban aburrido (chato, fome, pesado). Caetano no ha dejado de ser una contribución fundamental a la identidad de los brasileros. Y Cuba, esencialmente, como dice "Van Van": "Sigue ahí". 

     Ser psicóloga hoy es ruptura y unidad en una secuencia de existencia concreta demarcada por la cultura y la incultura, por la realidad y la alucinación, por los valores y los antivalores. Nadie dio cuenta de este mundo en el que vivimos. Somos nosotros los que aquí estamos hoy los que tenemos que hacerlo. No lo vió ni Freud ni Marx, no lo vieron James ni Thorndike. No lo ven, incluso porque no pueden entenderlo, los "gurus" europeos. Lo estamos viendo nosotros.

     El reto es categorial, epistemológico pero también ético y partidista. No hay duda de que el contener a la subjetividad como referencia de base para la construcción de nuestras prácticas nos acerca al enunciado de Watzlawick de que el ser humano no sufre tanto por el mundo, cuanto por la representación que del mundo se hace. Pero, cuidado: la pobreza, el hambre, el analfabetismo, por solo decir algunos de apocalípticos acompañantes de la geopolítica finisecular, no son el resultado de cómo nos representamos al mundo, sino de cómo la injusticia histórica del poder nos lo ha construido.

     Sumo a esto la idea de la Unidad, inseparable criterio que en mi tiene una amplia extraterritorialidad. Es inconcebible hablar de la unidad de lo psicológico si no se admite la unidad al menos previsible de sus diferentes representaciones teóricas. Concibo la unidad no solo en la similitud, en la cercanía, en la comunidad, sino también en la diferencia, en la ruptura. Para la actuación profesional de las psicólogas se hace cada vez más necesaria la unidad táctica y la estratégica, pero sobre todo se hace imprescindible la unidad real. Esto no es solo ontología trascendental, es sobre todo el convencimiento de que la unidad del mundo reside en su ser y no en su estar

     Asumir la historicidad del hoy y del mañana es también la asunción de una misión profesional ineludible, definitoria de nuestro "ser en el mundo". Ser psicologa es definirse esencialmente como luchadora por el bienestar humano. Puede que sigan las discusiones entorno al objeto de nuestra discplina, puede que los desacuerdos conceptuales sean más que los acuerdo y las transacciones, puede que sigamos "jugando" a la diferencias de marcos teóricos. Pero la definición meridiana es nuestra misión. Por eso nuestro modo de pensar no debería omitir las ideas de felicidad, bienestar, plenitud, salud, calidad de vida. Son los sueños de la humanidad nuestra quimera, nuestro insomnio profesional. Y "un sueño que se sueña solo es solo un sueño que sueña solo. Mas sueño que se sueña juntos es realidad" (cantando con Simone). Otra vez la unión como estrategia y como sentido mismo de nuestro ser profesional. 

     Para esto es imprescindible que estemos claramente aliados con (ahora cantará Chico Buarque) "...o que nao ten vergonha ne numca tera, o que nao ten governo ne numca tera, o que nao ten juizo" (lo que no tiene vergüenza ni nunca tendrá, lo que no tiene gobierno ni nunca tendrá, lo que no tiene juicio). Para esto es necesario que seamos psicólogas en sangre, como inoculación primaria a la que no podemos resistirnos. Que no vayamos en busca del tiempo perdido, sino del que no hay por que perder. Hace muy poco alguien me enseñó y convenció de que "el tiempo no es un campo que se mida por codos; no es un mar que se mida por millas; es el latido de un corazón" (Niko Kazantzakis). Ser psicóloga hoy y mañana es sobre todo asumir "el latido de un corazón".

Muchas Gracias 

 
  Sobre este tema me he pronunciado en varias ocasiones. Puedo referirle al interesado mi artículo "Vygotsky desde la parcialidad de la conciencia individual. La epistemología Convergente" publicado en la Revista cubana de Psicología. Vol.14. N°2. 1997.

 
BIBLIOGRAFIA
  1. Berman M. (1988) Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. España. Siglo XXI. 
  2. Devereux G. (1991) De la ansiedad al método en las ciencias del comportamiento. Siglo XXI. México. 6ta. edición. 
  3. Garcia Márquez G. (1986) El amor en los tiempos del cólera. Ed. Casa de las Américas. La Habana, Cuba.
  4. Lipovetsky G. (1996) La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporaneo. Ed.Anagrama.Barcelona. 
  5. Montero M. (1987) La Psicología politica en América Latina. Una Revisión bibliográfica: 1956-1986. En Psicología Política Latinoamericana- Maritza Montero (coordinadora). Ed. Panapo. Caracas-Venezuela.
  6. Montero M. (1994) Presentación. En Conocimiento, realidad e ideología. M.Montero (coordinadora). AVEPSO. Fascículo 6. Caracas. 
  7. Moulian T. (1997) Chile actual. Anatomía de un mito. Colección sin Norte. Serie Punto de Fuga. Universidad Arcis. Chile.
  8. Munné F. (1994) Complejidad y Caos: más allá de una ideología del orden y desorden. En Conocimiento, realidad e ideología. M.Montero (coordinadora). AVEPSO. Fascículo 6. Caracas. Pp.9-18.

PSICOLOGÍA CON "P" O SICOLOGÍA SIN "P"Algo más que una letra omitida.


Confesiones pecaminosas de un pecador confeso y voluntario.

Dr. Manuel Calviño
Facultad de Psicología. Universidad de La Habana. Cuba.
Correo Electrónico: calvino@infomed.sld.cu

 

Preliminar. Salutación inicial y emotiva de la “P”

Sainete primero

    La acción transcurre en el consultorio de un psicólogo. La recepcionista esta sentada revisando unos documentos. Entra un hombre visiblemente angustiado.

El - Buenas tardes.
Ella – Muy buenas tardes. Bienvenido al consultorio del Dr. Bendito. En que podemos ayudarle.
El – Yo quisiera hablar con el “p”sicólogo.
Ella – Disculpe Sr., pero la “p” no se articula, no se dice.
El – Ah! Mire Usted. Entonces dígale al sicologo, que aquí esta _edro _erez, el que le contó _or teléfono que tiene _roblemas con el _ene.

    Por no dejar de vivir en constantes controversias y batallas conceptuales, los psicólogos nos hemos dividido, entre otros muchos, en dos bandos con respecto a nuestra “P”: Los que “psi” y los que “nop”. Apenas el viernes en la tarde me hicieron saber que hay un tercer grupo: los que “Spi” – que nada que ver tienen con el Spiderman, sino con el comedor universitario en donde se les cataloga de “S”picólogos, habitantes de la Facultad de “S”picología.

    Los defensores del “si P” han sido claros: siendo la Psicología la ciencia que estudia la psique (psyché), la eliminación de la “P” significa la disolución del objeto de nuestra disciplina (esto es excesivo), al menos la falta de denotación etimológica precisa en la denominación que nos identifica. El nombre de nuestra disciplina, dicen algunos, no comienza con “P”, sino con “psi” y esto hace una notable diferencia. Los des”p”izadores (entiéndase los exorcistas de la satánica p) dicen que la letra “psi” no existe en ninguno de los alfabetos vivientes, para ninguna de las lenguas vivas. Por lo que es apenas un rudimento de un pasado milenario del que deshacerse no es ni más ni menos que un acto de reajuste histórico imprescindible. La exclusión de la “P” no cambia nuestro objeto de estudio. Total que casi nadie la pronuncia.

    La Real Academia de la lengua española, siendo un poco más transactiva dice: “En posición inicial de palabra, el grupo ps-, resultado de la trascripción de la letra griega psi, está presente en numerosas palabras cultas formadas sobre raíces o palabras griegas que comienzan por esta letra (psyché ‘alma’, pseudo- ‘falso’, psitakkós ‘papagayo’, etc.).- las asociaciones referidas por la Academia, por cierto, no nos favorecen: alma-falsa-papagayos, es como asociarnos a la idea de habladores de estupideces - En todos los casos se admite en la escritura la simplificación del grupo ps- en s-, grafía que se corresponde con la pronunciación normal de las palabras que contienen este grupo inicial, en las que la p- no suele articularse: sicología, sicosis, sitacismo, sicrómetro, seudoprofeta, etc. No obstante, la norma culta sigue prefiriendo la grafía con ps-: psicología, psicosis, psitacismo, psicrómetro, pseudoprofeta, etc., salvo en las palabras seudónimo y seudópodo, que se escriben normalmente sin p-“. ¿Ser o no ser cultos?. Esa es la cuestión.

    Navegando por el “ciberespacio”, en algún lugar encontré los “Textos y pretextos” de Sábato (dicen que de finales de los setenta e inicios de los ochenta), quien molesto por la acción de un editor (me lo puedo imaginar) escribió: “¿Qué argumentos se pueden oponer a la grafía psi? No, por supuesto, la fonética, ya que la gente culta generalmente la pronuncia así. Y en el caso de que no se la pronunciase, tampoco es un argumento, porque si fuéramos a caer en la locura de escribir las palabras tal como se pronuncian tendríamos que poner payasadas… De modo que si a un escritor – léase cualquier persona, incluso un/a psicólogo/a - se le da la real gana de escribirlo sin… – léase con o sin p -, hay que respetarlo. Y si no se lo respeta, hay que protestar” (“Textos y pretextos” E. Sábato )

    Podríamos concluir que son “Derecho” y “Cultura” los pilotes sobre los que se sustenta el uso o no uso de la “P”. La cultura nos marca un modo. El derecho nos lo relativiza. Decida cada quien.

    A mi personalmente, me gusta la “P” de la Psicología. Es cierto que le da “prestancia”. La sonoridad de la que convierte a la “n” en “m”, le da a nuestro continente algo así como una marca de abolengo. No me imagino a nuestros ancestros omitiendo la “P”. Muchos esfuerzos se cristalizan mnemicamente en la “P” (ahora mismo, lo mnémico sin la “m” pierde carácter). Aquí en Cuba Bernal del Riesgo la defendió por escrito en el mismo año en que yo nací (Revista Cubana de Psicología. 1951). No puedo menos que secundar su defensa. La ensalzo con un soneto que acabo de escbir para la ocasión.

“Soneto a la P de la Psi”

Te prefiero “p” en todo momento
Como tronco silabario del saber.
Y asociado al pecado del placer
Te defiendo a pesar de rudimento.

Eres “p” con “s” como el viento
Que al sonar va cantando su sentido.
Quien te excluye adormece reprimido
Lo que yo exhalto, defiendo y siento.

Cese ya la sectaria alevosía.
Quédate “p” labrando este destino.
No hay destierro posible en el camino.

Quien dudó súmese hoy a nuestro sino.
Vengan ya. “Hoy es siempre todavía”
para escribir con “p” Psicología.

    Puede que sea cosa de viejo. Pero puede que no. Puede que sea una discusión más de las tantas sin mucho sentido que existen entre nosotros. Sin embargo, desde esta, quizás bizarra discusión, podríamos llegar a otra (a lo mejor no menos bizarra, pero al menos potencialmente útil): ¿Qué distancia demarcaría para nuestra disciplina el uso o desuso de la “P”? La “P” se los aseguro, es apenas el pretexto. Los invito a mi aventura pecaminosa que no tiene otro fin que el de pensar en voz alta y ojala que en coro.

Tópico II. Con “P” y sin “P” el problema sigue en p-i-e.

Sainete segundo

    El profesor de Historia de la Psicología se desempeña a fondo con Descartes en el aula 1 de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana.

     Profesor – Así Descartes reconoce “Yo puedo admitir que me engaño o soy engañado. Puedo suponer que no existe Dios, ni el cielo, ni los cuerpos, y que yo mismo no soy cuerpo. Pero para engañarme o ser engañado, para dudar o admitir que todo es falso, es menester que piense que soy algo y no nada. Emerge entonces la única proposición absolutamente verdadera porque la misma duda la confirma: “Cogito ergo sum”.
Atrás una estudiante, oriunda del Oriente del país, santiaguera, que hasta ese momento andaba en plan si me ves es falso y escuchando con una perfecta atención equivocada dice:
Alumna – Profesor, un momentico. Me puede decir otra vez eso del “coito” porque eso si que me interesa.

    Tengo a mano un viejo diccionario (bueno, es más joven que yo. Apenas tiene 19 años): The Penguin “Dictionary of Psychology” de Arthur Reber . Busco en sus páginas “sychology” sin “P”. No esta. Obvio es un diccionario culto y tiene el derecho de escribirla como quiera. (por cierto, tampoco esta sin “P” en el clásico de Warren, ni en el de Székely, y no tengo ninguno más reciente. Ni tampoco más antiguo… no tengo ninguno más). Entonces busco “psychology”. Me responde (mi traducción libre): “La Psicología simplemente no puede ser definida; efectivamente no puede ser fácilmente caracterizada. Incluso si alguien lo hiciera hoy, mañana el esfuerzo resultaría inadecuado”. Ahora escribamos la misma frase sin “P”: “La Sicología simplemente no puede ser definida; efectivamente no puede ser fácilmente caracterizada. Incluso si alguien lo hiciera hoy, mañana el esfuerzo resultaría inadecuado” No cambia nada. El mismo perro con diferente “p”ollar. Desde su denominación nuestra disciplina parece condenada a la plurisemántica de la repetición compulsiva denominada por Watzlawick “más de lo mismo”, en la que esencialmente la diferencia no es un cambio, sino que “parece” un cambio.

    El parto de la Psicología como “ciencia independiente” (al decir de los manuales clásicos), se atribuye, más bien se distribuye, a un grupo imaginario en el que, según la denominación del narrador, el titular puede ser Wundt, o Brentano, o James, o incluso Weber y Fechner, Pavlov o Bejterev… sí, es cierto que algunos pondrían a Watson, y otros a Freud… - Este parto, que no fue natural, sino por cesárea, tiene para cualquiera de los cuentos que se tome por cierto o fundamental un común denominador: la pretensión de construir una Ciencia. Palabra mayor.

    El modelo de ciencia como propuesta finisecular “objeto-método”, encontró en la “P”psi (no cola, sino cología) su eje estructurante. Lo definió, por decirlo de un modo aglutinador de las comunidades y las diferencias, como “la experiencia subjetiva”. Las distancias entre los defensores de la consciencia (o el inconsciente) y los defensores de la conducta es más fenomenológica que de esencias. Declárenme loco de atar (no es nada nuevo): el conductismo fue, en su albor, una psicología de la experiencia subjetiva, solo que de la experiencia subjetiva alcanzable objetivamente (no en balde Vygotsky afirmaba que la construcción de una psicología científica pasaba inexorablemente por el conductismo, claro el que él conoció). Los tópicos de al menos las dos o tres primeras generaciones de conductistas (léase Watson, Tolman, Guthrie) eran los mismos que los de la llamada Psicología mentalista. Así como Marx sentenció en su momento “la unidad del mundo no reside en su ser, sino en su materialidad”, en humilde paráfrasis diría que “la unidad de la psicología no residía en sus modelos teóricos, sino en su intención de ser ciencia de la experiencia subjetiva”.

    La “P”psi es entonces la definición de un objeto, de su objeto (vuelvo al clasicismo del mundo antiguo: “alma”- “psyché”. Estamos hablando de la definición de un “objeto” para una “ciencia”. Insisto si el modelo es “objeto-método” la disquisición sobre el objeto realiza el 50% del carácter científico de la Psicología: Slogan - “Tenga un objeto y hágase ciencia”. Hacer ciencia en Psicología es desde entonces, y espero que no para siempre, estudiar su objeto (digo en esta porción del porcentaje medio). La “P” nos remite al carácter científico y lo hace desde el objeto.

¿Pero que estudiamos cuando estudiamos “el objeto de nuestra ciencia”? Avancemos un poco en esta dirección.

    En cualquiera de sus variantes conocidas, y que antes me tomé el atrevimiento de aglutinar en el concepto de “experiencia subjetiva”, lo que la Psicología como Ciencia ha propuesto estudiar es un “no es”. Para ser admitida en el Círculo de las Ciencias había que renunciar a toda carga de subjetivismo (subjetividad) para en su lugar instaurar el discurso de la objetividad. Historia bien conocida por todos los presentes. Sin embargo, la objetividad de la Psicología, ya saben, se dejó en manos del método. Para la objetividad del objeto basta con la objetividad del método – quiere decir que algún Babalao “monetarizado” podría encontrar en los caracoles (naturaleza muerta, pero naturaleza) la fundamentación científica de la veracidad de sus predicciones y por ende del costo de su sesión. En realidad, volviendo a nuestro “bembé” (para los becados y estudiantes que son del “interior”, entiéndase del campo, introduzco la palabra “guateque” . Para los que son del “exterior” digo “discurso” – este último suele ser el más aburrido), se le concede status de objeto de una ciencia a un “objeto no ontológico” sino “gnoseológico”. Dicho de otro modo un objeto no “ser”, sino abstracción del ser. Nada nuevo: un objeto teorético. Pero no solo esto, sino un objeto teórico abstracto. Si quieren más evidencias los remito al “padre inseminador” de la Psicología, Guillermo Wundt y su proceder científico denominado como “introspección experimental adiestrada”. Tras su huella recordemos el “error del estímulo” – Titchener: “la percepción de objeto real, de realidad, es un error”. Ustedes me verán gordito, pero es un error. Yo soy Brad Pitt. La dimensión esencial y primaria del objeto no se encuentra en el ámbito de la realidad sino de la subjetividad.

    Recuerdo a finales de los ochenta, (mil novecientos, no mil ochocientos) miraba estupefacto en la dirección de un “morro fabelado” en Río de Janeiro, cuando el psicoanalista que me acompañaba intervino: “Interesante no e… as pessoas estruturan a sua vida desde a cartografía de o seu desejo mesmo” (me perdonan mi pésimo portuñol: “que interesante no… las personas estructuran su vida desde la cartografía de su propio deseo” (que clase de estupidez = las personas son fabelados porque desean serlo… vamos a desear que Bush no sea presidente de los Estados Unidos). Pero el tema es claro: el objeto teórico sustituye a la realidad y la realidad es apenas un escenario para interpretar la verdad subyacente en la estructura subjetiva. En mis tiempos de estudiante (que no de estudioso, porque eso si sigo siendo) eso se llamaba esquizofrenia. Entonces tras cierta defensa de la “P” (el objeto de la Psicología) la cosa es “p”eo-r de lo que uno puede suponer.

    ¿Alguien conoce algún objeto de ciencia que sea verdaderamente un “no es”? ¿Un objeto que se defina por sí mismo? ¿Alguien conoce, fuera de un museo – oficial o domestico – un objeto que no se modifique cuando menos bajo la acción del tiempo? ¿un objeto que por su inmovilidad no se “obsoletice”? ¿Qué objeto es ese que se “encarna en la P” y que transita, o pretende transitar, a la Psicología, como diría Mazota “desde y para siempre”?.

    Las cosas no han sido tampoco tan intransitables. Hoy ni el más furibundo discípulo de Füerbach defendería el carácter “objetal material” del objeto de la ciencia psicológica a despecho de su dimensión subjetiva. Tampoco la viva encarnación del Obispo irlandés Berkeley, ni contando con una eufórica “hinchada” de constructivistas a ultranza, admitiría hoy que no se puede chocar con un “objeto objetal material” que no sea un objeto pensado (es como admitir que los accidentes de transito no existen, son pura imaginación). Ya Weber lo había dicho a su manera: “La creencia en el valor de la verdad científica no procede de la naturaleza, sino que es producto de determinadas culturas”. Sin embargo, aburre, indigna, y aún inmoviliza la consideración del objeto de la Psicología al margen de su historicidad, de su contextualización. Al fin y al cabo, si sabemos que el objeto de una ciencia es sobre todo una convención, por qué entonces desde aquí no se entiende que su carácter es ineluctablemente dinámico, quiere decir con capacidad, más aún con necesidad (demanda), de incluirse no solo como objeto en sí, sino como objeto para sí y para los demás. Es objeto de un sujeto: un sujeto colectivo, histórico. El sujeto no del objeto, sino de la vida en la que el objeto tendría su sentido esencial.

    Quién lo diría: la “P” dando sentido a la Psicología como ciencia. “P”psi (adelante que podremos hasta ser una “Ciencia Light”, baja en calorías, plástica). Entonces hemos, han, venido hasta este lugar a hablar de la “psyché”, con el propósito de entender mejor que es la “psyché”, para escribir artículos sobre la “psyché” y al final “p –si – y qué” ¿Y qué? Y nada. Entonces, no se ustedes, pero yo me he equivocado de Congreso. Ustedes también no se me hagan los “plasticientíficos”, no tiene sentido. ¿Qué tendrá que ver esa “P”psi todo lo que van a hacer, escuchar, debatir, aquí?

    Me uno en esta disquisición al análisis de Marcos Murueta . Él aboga por una reinstitución de la noción de praxis: “Los psicólogos – dice – estamos involucrados con el fenómeno más complejo que existe: la praxis…estudiar a los seres humanos de carne y hueso” (Murueta M. 2002. p.33, 57). Pero lo real dominante es que la construcción de la identidad científica de la psicología ha estado construyendose (en realidad destruyendose) en una suerte de “autofagocitosis conceptual” típica de lo que Asebey, también identifica con la tragedia de Narciso. En simple plagio, espero que, autorizado por la autora diría: “la Psicología tradicional, académica es narcisista, se identifica con lo que quiere ser y no con lo que es, se enamora de su imagen idealizada, y funciona con este falso yo, su carácter de ciencia anclado a su objeto” (la semicita es del texto aún inédito “El narcisismo ¿salud o enfermedad del neoliberalismo?” y que, como les dije, podrán escuchar en este Encuentro).

    Haciendo “eco actvio” (entiéndase transformador, creativo, con luz propia) de Lakoff y Johnson , dice Clara Jasiner “nuestros conceptos, en términos de los cuales pensamos y actuamos, son fundamentalmente de naturaleza metafórica… lo que caracteriza a las metáforas es entender y experimentar una cosa en términos de otra; ellas estructuran lo que hacemos y cómo entendemos lo que hacemos” de donde se entiende como imprescindible “revisar nuestras metáforas referidas a la Psicología… pues las mismas, más que dar cuenta de una realidad, nos delimitan cierto abanico posible de percepciones, nos abren algunas posibilidades de construir el mundo y nos impiden otras; impedimento que, habitualmente, no percibimos”.
No es difícil imaginar por donde ando tomando como cómplice a Clara (ella no estará en este Encuentro…en realidad ni la conozco, pero los cubanos somos así: confianzudos. Además me “a”clara). El objeto de una ciencia, el objeto definido para la Psicología es una metáfora consensuada (bueno, más o menos consensuada) un “modo consensuado de metaforizar” la percepción de la Psicología, del aparato conceptual que presumiblemente se desprende de dicha percepción. ¿Tienen alguna idea cuantas metáforas consensuadas por adeptos y adictos de una misma percepción pueden encontrarse definiendo el objeto de la Psicología y por tanto el 50% de su carácter de Ciencia? ¿Cuál ha de ser nuestra metáfora? ¿A qué tipo de práctica científica y profesional nos convoca?

Tópico III. Entre “P” y “S” hay quien se decide por la “Q” o la “R”

Sainete Tercero

    Un grupito de alumnos se acerca al Profesor de Estadísticas aplicadas a a la Psicología, quien unos minutos antes acababa de publicar las notas del examen final de la asignatura. Dentro del grupo uno de los muchachos resultó suspenso en la prueba, obtuvo menos de setenta puntos. Le dice a sus amigos: “Tengo que impresionar al profe para ver si me da los dos puntitos que me faltan para aprobar”. Entonces, con sus otros tres compañeros se acerca al Profesor.
Alumno – Profesor, me permite un momento.
Profesor – Dígame Sebastián.
Alumno – Profe, mire: Miguel Antonio saco 98 puntos en la prueba.
Profesor – Correcto.
Alumno – María Felicia sacó 98 también.
Profesor – Cierto. Así es.
Alumno – Marcela sacó 96… y yo 68.
Profesor - ¿Y qué pasa?
Alumno – Estaba pensando en que podríamos aplicar la fórmula de la media: sumamos 98 +98 +96 +68 lo dividimos entre cuatro y los cuatro tenemos 90.
El profesor se queda impresionado. Estaba convencido que la única media que conocía Sebastián era su “media naranja”. Por lo que para ponerlo a prueba definitiva le dice:
Profesor – Por mi no habría problemas, Sebastián, pero la “desviación estandar” lo permitiría.
Sebastián con la ingenuidad del que no sabe ni que no sabe, le riposta:
Alumno – Déjeme hablar con ella y estoy seguro que la convenzo.

    “Si alguno que me escucha se viera retratado” en lo que va de Conferencia (ahora tomo prestado un fragmento de “Resumen de Noticias” de Silvio Rodríguez a quien citocanto con mucha frecuencia) o alguno que me lea en caso de que me publiquen, (“sépase que se hace con ese destino”) Me podría increpar porque la cientificidad del objeto es solo un aspecto (ya lo dije, el 50%). Y me diría quizás que me falta el método.

    Demasiada tela por donde cortar. ¿De qué me hablan cuando me dicen “el método”? Las cosas han cambiado, eso espero, pero les cuento de mi “frustración primaria”, la decepción que convocó a mi “disidencia pecaminosa” (que no es una disidencia cualquiera, sino comprometida).

    Sucedió hace apenas unos años. Recién se iniciaba la década del setenta. Probablemente la mayoría de ustedes no había nacido (aunque sus progenitores ya ensayaban para hacerlos). Yo era un “bastante bueno” estudiante de la Escuela de Psicología de esta Universidad de La Habana, que por los avatares de un destino escrito por seres humanos a su criterio y antojo, formaba parte de la Facultad de Ciencias. Eramos “colegas de ciencia” con los matemáticos, físicos, químicos, biólogos, etc. Había cursado ya una cantidad tal de materias de la carrera que me sentía “cuasipsicólogo” y discutía de “tú a tú” con los matemáticos las especificidades numéricas de las ciencias naturales. Estabamos en la Ciencia dura y pura. Pero a los ojos de los “naturales”, nuestra imagen no era tan clara. Para ellos siempre hemos sido una ciencia menor (Times New Roman punto 8).

    Pues bien, un día, un “trasnochado” físico, hablando de la Psicología, me dijo: “¿Cómo se le puede decir Ciencia a un conjunto de representaciones que no tiene leyes establecidas? Ustedes no tienen ni denominación propia de fenómenos”. Por suerte en esos días transitaba yo por el estudio de la Gestalt en la asignatura Historia de la Psicología y, a pesar de que mi memoria se encontraba a un dieciseisavo de su funcionamiento a causa de las emociones que me embargaban, reaccioné y le dije: “Acaso sabes lo que es el Efecto Zeigarnik, o el Fenómeno Phi, o las leyes de la buena forma”. Lo cogí fuera de base. Y con la victoria en la mano le di la espalda y me fui. La Ciencia Psicológica se había anotado un triunfo y el que no sabe lo que es triunfar “no sabe lo que la vida”.

    Pero, llegado a la biblioteca, y con el ánimo de que me dieran “A” en el seminario que tenía al otro día, me fui a los textos de los discípulos fenomenólogos de Brentano. Fue entonces que descubrí que el Efecto Zeigarnik, reconocido como inscripción cientítifca de nivel laboratorio experimental, se obtuvo de la aplicación de ciertos crucigramas y construcciones de collarcitos a un grupito no mayor de 22 sujetos (sujetos a la impertinencia e insistencia del investigador). Oh, Oh!. El “phenomeno phi”, arquetipo de ley universal en la Ciencia Psicológica había sido “descubierto” y devino en hecho científico por medio de un procedimiento pecaminoso ante los ojos de “La Santa Inquisición metodologicista”: Kohler “aplicó” el test a Werthwimer y a Koffka. Koffka a Kohler y a Werthwimer. Wertheimer a Kohler y a Koffka. Total: seis casos de estudio. Seis sujetos investigados. Una muestra representativa que era en realidad la población de “psicólogos” presentes en el tren que los llevaba a no recuerdo dónde y desde el que, a través de la ventanilla, percibían que la hilera de árboles que se erigía a lo largo de la línea del ferrocarril, árboles que obviamente estaban inmóviles, a la percepción de los tres progenitores de la llamada Psicología de la Gestalt, parecían estar en movimiento. Que cosa. Resulta que “los grandes” fueron disidentes de lo mismo que defendían o imputaban. Resulta que la “P” de la Psicología puede significar algo mucho más vivo y real que la tendencia númérica de “la psyché”.

    Entonces para no extenderme demasiado en este “primer tope” del Congreso les recordaría que si juzgo por el aliado fundamental de la cientificidad sustentada en el método me pondría de bruces en los brazos de la estadística o de algún que otro modelo matemático. (Líbreme Dios! ya con mi profesora y amiga Martha Vázquez pacté hace muchos años, para no conflictuar, que hasta en las ciencias hay “males necesarios”). En este caso solo les digo una cosa (que no se si alguien la dijo antes, va y a lo mejor es una cita): “Cualquier estadística convenientemente torturada acaba por hacer la confesión que nos conviene”. Como siempre, ahora con Engels F: “los hechos siguen siendo hechos, no importa cuan falsas sean las representaciones que de ellos se hacen”. ¿Y quién dictamina el carácter de hecho? ¿la ciencia o la vida? El Dr. Ernesto González Puig, profesor de profesores, hombre lleno de amor a la vida, con el sagrado don de expresarla hasta por los poros me aconsejo: “Si quieres morir de desengaño dedícate a la ciencia. La vida te pasará por al lado sin darte cuenta (esto se parece a Lennon.. lo citaré más adelante). Pero si te dedicas a la vida, algo harás de bueno para la ciencia”. Gracias Profe.

    El libre ejercicio del pensamiento, acto desde el que escribo esta Conferencia para ustedes, estudiantes de Psicología, tiene estas desventajas: de pronto ando en broncas que colman nuestro día a día y que llamamos la construcción de nuestra disciplina, de pronto ando como perdido en un laberinto. No hay tras mis palabras otro afán que el de participar en esta misión que nos compete a todos los presentes: ser luchadores por el bienestar de las personas. No soy anarquista (bueno, no mucho). No estoy tratando de hacer un “piercing” posmoderno para la Psicología. Mucho menos estoy tratándo de decirles “cuál es la verdad”. Estoy, eso sí, haciendo una opción. Y cuando de opción se habla, se habla de compromiso. Y cuando de compromiso se habla es imprescindible saber con que nos comprometemos y cuáles son los costos de ese compromiso.

    Lo único que he intentado decir es que la “P” que defiende un objeto nombrado desde “psi” habla de una insuficiencia histórica que como accidente lógico y eficaz del pasado ha de conformar nuestra memoria pretérita. Pero en nuestro despliegue proactivo no significa más que una alternativa incompleta e inepta para la constitución de la ciencia psicológica y de su devenir profesional hoy, para hoy, para este tiempo. Como ya he dicho esa Psicología que defendió (y defiende) esa “P”, con o sin “P” esta muerta o en trance de suicidio

Tópico IV. Para toda psicología hay más de una “P”. “P”ongámos la nuestra.

Sainete IV.

    Inicio de curso en una típica Escuela de Psicología de una no menos típica Universidad latinoamericana hecha típicamente a la imagen y semejanza de una típica Escuela de Psicología de una no menos típica Universidad de los Estados Unidos de Norteamérica. Es el típico primer día de clases para los típicos recién ingresados en la carrera , y el Profesor dicta su típica conferencia sobre el carácter de ciencia de la típica Psicología. Un típico alumno que hace apuntes (no, si hace apuntes es un atípico), se queda dubitativo y pregunta al profesor.
Alumno – Disculpe profesor, Psicología se escribe con “P”… con “P” de “p”olítica.
Profesor – Jovencito, Psicología sí se escribe con “P”, pero con “P” de psique y no tiene nada que ver con la política.

    Me acerco al final de mi enconada y espero que también lúdica (quien sabe si hasta lúcida) diatriba probablemente con lo que es el inicio. Los que me conocen y me han escuchado otras veces saben que es mi obsesión, es, no me avergüenza decirlo mi típico final (que más quisiera yo que pudiera ser otro, pero como Maná digo “no puedo”.

    Para que no me acusen de “proselitismo nacional chovinista” comienzo con Frei Betto (cuando lo conocí, en 1986, organizábamos aquí en La Habana un Encuentro latinoamericano de Psicoanalista y Psicólogos marxistas, me dijo: “Tenga mucho cuidado con los psicoanalistas… lo quieren llevar todo al diván” (se equivocó, por cierto, no eran los psicoanalistas, sino las psicoanalistas)

    “Cuatro norteamericanos…poseen juntos una fortuna superior al PBI de 42 naciones con 600 millones de habitantes. En el Real Madrid, tres jugadores…reciben, juntos, salarios anuales de 42 millones de dólares, equivalente al presupuesto anual de la capital de El Salvador, con cerca de 1.8 millones de habitantes… Dos terceras partes de la población mundial -4 mil millones de personas- …ni siquiera disponen de alimentación en cantidad y calidad suficiente. En 1960 había en el mundo 1 rico por cada 30 pobres; hoy la proporción es de 1 a 80.… la publicidad invade nuestro universo psíquico, que llega a invertir la relación persona mercancía…El producto pasa a tener más valor que la persona…Un pequeño grupo de privilegiados … controla el juego de poder en este mundo en que la política es siempre dirigida por la economía” (Frei Betto “Cuatro Economías”)

    Ahora sigo con Galeano

    “El mundo está destinando 2.200 millones de dólares por día a la producción de muerte… Nueve días de gastos militares alcanzarían para dar comida, escuela y remedios a todos los niños que no tienen… Los cinco países que más armas fabrican y venden son los que gozan del derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

    Perdónenme, pero les quiero decir algo más. Ahora son las Naciones Unidas quienes hablan. Doy sus cifras y valoraciones. “Saquen ustedes sus propias conclusiones”.

    “Las funciones esenciales de las Naciones Unidas…tienen un presupuesto anual de 1.250 millones de dólares. Esta cifra representa aproximadamente el 4% del presupuesto anual del ayuntamiento de Nueva York, es casi 1.000 millones inferior al costo anual del Servicio de Bomberos de Tokio y 3.700 millones inferior al de la red de universidades pertenecientes al Estado de Nueva York… En todo el sistema de las Naciones Unidas trabajan 52.280 personas, que se reparten por el mundo entero… El número de personas que trabajan en McDonald's es tres veces superior, mientras que Disney World y Disneyland tienen 50.000 empleados…. Las Naciones Unidas …disponen de 4.600 millones de dólares al año para promover el desarrollo económico y social; esta cantidad, que equivale a 81 centavos por ser humano se emplea en asistir a los países en ámbitos como la salud, la sanidad, la agricultura, la distribución de alimentos, etc…La participación de los Estados Unidos en los gastos de mantenimiento de paz…representa menos del 0,2 % del presupuesto anual militar estadounidense”.

    ¿A dónde hemos llegado? ¿A dónde aún nos vamos a dejar llevar? ¿Cuán cómplices podemos ser de esa realidad? ¿Cuántos ante esta verdad solo dicen: “Psyché” = pSi-y-qué? ¿Cómo se inscribe la Psicología en ese mundo, con “P” o sin “P”?. ¿Nos podemos contentar con la imagen del “nowhere man” que nos dibujaron Lennon y McCarteney: “He’s a real nowhere man, sitting in his nowhere land, making all his nowhere plans for nobody”?. Al final tendremos que, reajustando a Lennon decir: “life's what happens to people when we're busy making Psychology” (la vida es lo que le pasa a la gente mientras estamos ocupados haciendo Psicología).

    Mi casi absoluto distanciamiento del pensar y hacer skineriano no me impiden reconocer que Burrus… Frederick alguna que otra vez dijo algo sensato. Incluso muy sensato : "Nos queda por resolver un problema de mayor importancia. Más que construir un mundo en el que todos podamos vivir bien, debemos dejar de construir uno en el que será imposible vivir" (Skinner B.F. 1989.p.84).

    A finales del año pasado, junto a un grupo de estudiantes del primer año de la carrera, enviamos una “Carta Abierta a los Psicólogos Norteamericanos” los típicos psicólogos de APA. Queríamos que nos ayudarán en una batalla esencialmente humana que libramos los cubanos por el regreso de cinco compatriotas injustamente detenidos en cárceles estadounidenses. Para entonces escribimos:

    “Somos psicólogos, o aprendices de psicólogos, convencidos de que la verdadera ciencia psicológica está ligada al respeto insobornable por la realidad y el análisis científico y socio-político que ésta exige, que la verdadera ciencia psicológica se funda en la profunda comprensión de que la pobreza, el hambre, el analfabetismo, por solo señalar algunos de los apocalípticos acompañantes de la geopolítica finisecular, no son el resultado de cómo nos representamos al mundo, sino de cómo la injusticia histórica del poder nos lo ha construido”.

    El centro de gravedad (gravedad en toda la extensión de la palabra) de la psicología ha de estar allí dónde se revele como una real ciencia humana: del ser humano real y concreto, para el ser humano en su realidad concreta, con el ser humano en la realización de su vida y su misión humana. Si la “P” nos “P”sicologiza y nos “P”arapeta “P”arásitamente “p”ara no ver los reales “P”roblemas que sufren los seres humanos, sentido real de nuestra profesión, si la “P” nos convoca a una “P”rostitución de nuestros deberes elementales, entonces con el “P”erdón de los “P”resentes y los ausentes: iAl carajo la “P”! Si es con “P” porque nos liga a la lucha contra la “P”obreza, contra el malsano “P”oder, con una “P” que nos convoca a la “P”articipación con “P”luralismo y “P”rofesionalismo, salutación a la “P”!.

    Abramos las puertas a una “icología” o “P”sicología, o Sicología que sea definitivamente “con todos y para el bien de todos”.

Prof. Manuel Calviño
La Habana, Cuba.
17 de Octubre/2004.

LAS FOBIAS SOCIALES

Lic. Mariana Harfuch
Email: licmh@hotmail.com

 

     Dentro de las personas que sufren Trastornos de ansiedad, la “Fobia Social” es uno de los cuadros más frecuentes, así como peligroso: por estar casi siempre (en un 80%) acompañado de otro cuadro; como Alcoholismo – Drogadicción – Depresión – Agorafobias, y otros. Por ejemplo: Es frecuente que muchas personas opten por beber alcohol para enfrentar algún temor. Esto se ve con gran frecuencia entre los adolescentes.

Ahora, recordemos: ¿”Qué significa “padecer un Trastorno de Ansiedad”?
Las personas que padecen Trastornos de Ansiedad, presentan una respuesta de angustia exagerada ante situaciones o estímulos que para otras personas serían totalmente “normales”, llevándolos a evitar el objeto o situación temida o a desarrollar un “ataque de pánico” en dicha exposición.
P.Ej: en las “Fobias Sociales”, muy probablemente esta persona no acuda a reuniones por sentir que en el entorno hay una gran atención depositada sobre su persona (pudiendo ser real o no), la cual incluye sin duda todo un juzgamiento negativo sobre su actuar. Debido a esto, va a sufrir un miedo intenso (ansiedad y angustia) que no tienen relación directa con la situación vivida (con lo que piensan realmente de él en esa reunión); desarrollando así, un “Ataque de pánico”...
Ataque de Pánico: “Es la aparición temporal y aislada de miedo intenso, que puede durar unos pocos minutos (de gran intensidad), y es acompañada por una serie de síntomas físicos y emocionales…
Los Síntomas:
• Palpitaciones,
• Taquicardia,
• Sudoración,
• Temblores o sacudidas,
• Sensación de ahogo o falta de aliento,
• Opresión torácica,
• Nauseas,
• Mareo, inestabilidad, desmayo,
• Escalofríos, sofocaciones,
• Miedo a perder el control - Miedo a morir o Miedo a volverse loco…
     En la Fobia Social, y en todos los Trastornos de Ansiedad en general, estos tres últimos son los temores subyacentes de toda manifestación patológica de ansiedad. Inconscientemente la persona padece un fuerte temor a morir, volverse loco o perder el control de alguna manera (muchas veces esto tiene su origen en determinados acontecimientos traumáticos que la persona haya vivido, en general, de carácter súbito, y que lo haya impactado emocionalmente.
 Este miedo surge repentinamente y desorganiza la personalidad.
 Altera severamente su calidad de vida: (Social, laboral, familiar y vincular en general);
 Provoca alteraciones y perjuicios en las capacidades propias del individuo.
     Teniendo la base necesaria para saber, a qué nos referimos cuando decimos que alguien padece de Trastornos de Ansiedad, vamos a especificar el cuadro de “Fobia Social”, que es al que nos referiremos en esta ocasión.
     En la “Fobia Social” la persona siente un miedo intenso a someterse a situaciones públicas, donde reciba algún tipo de evaluación (o él sienta que la recibe), o juzgamiento, por resultarle muy embarazoso... esto ocurre porque también piensa que esa situación lo llevaría indudablemente a sentirse humillado y desvalorizado por los otros.
     Como se puede notar, la persona teme la “mirada crítica” del otro.
      Debido a estos pensamientos, su ansiedad aumenta de forma tan significativa, por lo que llega a desarrollar el “Ataque de Pánico” que describíamos anteriormente (con toda o alguna de las manifestaciones físicas que lo acompañan, y con una duración y número de episodios, variables según cada sujeto).
Los temores más frecuente son:
 Temor a hablar en público;
 Exámenes orales;
 Relacionarse con extraños;
 Iniciar relaciones afectivas;
 Comer/Beber en público;
 Trabajar cuando lo observan;
 Ir a reuniones sociales;
 Interactuar en un grupo; etc.
Todas estas situaciones estarían reflejando un denominador común, dado por:
*“Miedo a hacer el ridículo o sentirse avergonzado”;
*“Miedo a ser evaluado por las otras personas”; y
*“Miedo a ser el centro de atención”.
     Finalmente el miedo es al rechazo, a la crítica (si analizamos la situación, las personas con fobia social, proyectan en los demás una supuesta crítica negativa o rechazo, que en realidad ellos tienen con ellos mismos antes de exponerse a cualquier situación.
      Son ellos lo que no se aceptan en primera instancia. Luego habrá que evaluar en cada historia particular de vida cuáles han sido los acontecimientos o factores que lo llevaron a esa falta de confianza consigo mismo). Veremos mas adelante el Tratamiento.
     Es importante considerar que si bien es una Patología altamente inhabilitante por el deterioro que provoca en las relaciones personales-laborales-sociales, etc., y por el grado de aislamiento que se llega a sufrir; también tenemos que decir que es posible que la persona logre una buena recuperación mediando un Diagnóstico y Tratamiento adecuados.
     El Tratamiento tendrá distintas características (según cada caso particular), pero con un objetivo en común: que es lograr que la persona pueda integrarse en un “Grupo Terapéutico” para superar este miedo a la integración grupal... con el beneficio secundario de saber que también hay muchos otros que sufren (en silencio) lo mismo que él, e identificarse y enriquecerse con las experiencias de los demás (siendo una de las finalidades de las Terapias y dinámicas Grupales).
      Considero que en algunos casos ha de ser necesario también un abordaje en sesiones individuales para poder profundizar en los orígenes de esa fobia en particular (esto será diferente en cada historia, y en las vivencias que cada individuo haya tenido del mundo a lo largo de su vida). De todos modos la inclusión a un “Grupo Terapéutico” será una de las herramientas más valiosas a trabajar. Como en todo grupo, se producen “identificaciones” con las historias y relatos de las otras personas y ese será un factor riquísimo para poder ayudar a cada uno de los pacientes a desmitificar que “eso solo le ocurre a ellos…”, así cada cual podrá utilizar herramientas que facilitaran las demás personas de cómo cada uno va superando las situaciones temidas de exposición…
      Finalmente, en algunos casos (a evaluar) se complementará con medicación específica, donde se trabajará conjuntamente con el Médico Psiquiatra en el abordaje de la patología. En este punto en especial, considero que todo aquel paciente que pueda llegar hasta la consulta y cuente con una “Red de Contención” (familia, amigos, pareja, etc.) que lo ayude en el inicio de su tratamiento, optaría por utilizar la medicación como un recurso de uso solo si es inevitable al caso. De este modo el paciente aprenderá a confiar es “sus recursos” y no en la medicación como el elemento necesario para que el pueda ponerse en acción…
     Por otra parte voy a enumerar algunos de los puntos más importantes a trabajar dentro del Tratamiento con pacientes con fobia social…
     Aquí nuevamente hay algunas pautas y ejercicios para considerar, que podremos aplicar tanto en los pacientes que padecen este cuadro, como cualquier otro trastorno de ansiedad, dado que lo que finalmente estaremos “ejercitando” y ayudando a controlar en la persona será la manifestación común a todos los Cuadros de ansiedad, que es el “Ataque de Pánico”.
     Antes vale aclarar que hace varios años atrás, cuando esta patología aún no estaba tan diagnosticada por los médicos, y debido a la amplia sintomatología física que posee, muchos pacientes temían estar padeciendo Ataques Cardíacos, o cualquier otra enfermedad orgánica más severa. Incluso, era muy frecuente que en lugar de realizar la consulta con el Psicólogo o Médico Psiquiatra, las visitas eran a la consulta de Cardiólogos, Gastroenterólogos o Médicos del aparato digestivo, Dermatólogos, etc.
      Con el pasar de los años, y también los cambios en la calidad de vida, han hecho que, lamentablemente, sea una de las patologías a nivel mundial de mayor incidencia social. Pero algo positivo a remarcar, es que se suele tratar de cuadros con buen pronóstico en los tratamientos (excepto en cuadros donde se dan comorbilidad entre un T.O.C. (Trastorno Obsesivo Compulsivo), y un Cuadro Depresivo, siendo los más complicados para tratar).
Centrándonos nuevamente en las Fobias Sociales, mencionaré a continuación algunos puntos a tener en cuenta, en los pacientes con dicha patología.
“Psicoterapia Cognitiva de los A.P. (Ataques de Pánico)”
RASGOS DE PERSONALIDAD previos al ataque de pánico:
Según frecuencia se pueden ordenar de la siguiente forma...
1. Ansiedad
2. Dependencia
3. Temores
4. Tendencia a somatizar
5. Preocupaciones hipocondríacas
6. Autoexigente, perfeccionista y crítico.
UN TIPO DE TRATAMIENTO:
 Aspecto Farmacológico:
Ayuda a la remisión sintomática y a disminuir o desaparecer los AP (Ataques de Pánico), en los casos donde se requiera medicación y Acompañar con Psicoterapia.
 Aspecto Psicoterapéutico:
Una Orientación Cognitiva-Conductual, suele ayudar mucho en el abordaje de los Ataques de Pánico o Crisis de Angustia. Permite afrontar las Crisis de Pánico actuales, y prever recaídas.
Trabajo que incluye:
*Técnicas Psico-educacionales,
*Técnicas de Regulación de la hiperventilación (Técnicas de Respiración y Relajación);
*Técnicas Conductuales y Cognitivas.
Es importante complementar todos estos aspectos, para enseñar al paciente a generar recursos propios, para afrontar cada vez más positivamente, las posibles crisis, también en ausencia del Psicoterapeuta (en su vida cotidiana).
 Abordaje Terapéutico Cognitivo-Conductual:
De mayor alcance que permita profundizar en cada paciente:
*La construcción de su historia (personal y única),
*Los esquemas o patrones de significado que guían su conducta (Clave en Fobias), y que apunte a provocar cambios en sus sistemas de funcionamiento personal que le permitan acceder a una vida de menor sufrimiento y mayor bienestar.
“Tratamiento orientado a la Fobia Social”
Para que se genere un Trastorno de ansiedad, tiene que ocurrir dos cosas:
1. Que la persona evalúe como peligrosa una situación que no lo es;
2. Que sienta que no posee recursos para poder enfrentarla cuando, en realidad, cuenta con ellos.
Recordemos las “Situaciones más temidas”:
1. Hablar en público,
2. Interactuar en pequeños grupos,
3. Fiestas o encuentros sociales,
4. Hablar con personas de autoridad,
5. Ir a orinar a un baño publico,
6. Comer o beber en lugares públicos,
7. Situaciones de examen (más oral),
Pensamientos Frecuentes:
1. “Voy a actuar como un tonto”,
2. “Voy a balbucear o decir tonterías”,
3. “Soy un aburrido”,
4. “Lo que tengo que decir no le va a interesar a nadie”,
5. “Soy poco interesante o atractivo”,
6. “Todos van a notar que estoy nervioso y se van a burlar de mi”,
Preocupación:
1. Acerca de su desempeño,
2. Por la posibilidad de que los demás detecten su sintomatología,
Los Síntomas más frecuentes son:
1. Palpitaciones,
2. Temblor,
3. Sudoración,
4. Molestias gastrointestinales,
5. Tensión muscular,
6. Rubor facial, etc.
Disfunción de la atención:
1. Hipervigilancia corporal,
2. Auto-observación, preocupación constante acerca de su imagen y lo que pueda generar en el otro,
     Las personas patológicamente ansiosas se perciben a si mismas sin control (de ahí que el máximo temor es a perder el control de si mismos, pudiendo incluso llegar a la locura o la muerte)… Son temores no casi siempre inconscientes.
Señales de Amenaza Social:
1. Nivel de luz,
2. Que los otros estén sentados,
3. Si se va a bailar,
4. Si va a haber chicas/os, lindas/os o guapos/as,
5. Que temas se van a tratar,
6. Edad de las personas que asisten al evento,
7. Duración del evento, etc.
Creencias Subyacentes:
1. Las situaciones sociales son peligrosas...
2. Toda cuestión relacionada con lo social debe salir perfecta...
3. Carece de condiciones…
Predicciones:
1. Vergüenza,
2. Humillación,
3. Rechazo,
4. No ser considerado o tenido en cuenta,
UN TIPO DE TRATAMIENTO:
1ra Etapa Individual:
“Terapeuta como representante del contexto social.
Rol de observador-participante”...
1. Atención a los propios sentimientos para generar hipótesis terapéuticas en la interacción;
2. Evitar perpetuar el ciclo interpersonal disfuncional y confirmar su esquema;
3. Trabajar en el “Aquí y ahora”, propiciando un aprendizaje basado en la experiencia concreta antes que en un ejercicio intelectual abstracto;
Pautas centrales del “Tratamiento Individual”
1. Psico-educación,
2. Reentrenamiento respiratorio (Ejercicios de Respiración y Relajación),
3. Refocalización de la atención,
4. Reestructuración cognitiva,
5. Tareas conductuales a realizar como “deber” (compromiso con su tratamiento fura de la sesión),
6. Tareas cognitivas a realizar como “deber” (Idem).
Trabajar con Restructuración Cognitiva:
1. Técnicas de Psico-educación,
2. Ayudar con los Niveles de ansiedad,
3. Fundamental la “Ansiedad anticipatorio”(A.A.)… Ansiedad que se anticipa a la ansiedad por “saber (suponer) lo que va a suceder,
4. Ayudar a discriminar y diferenciar sentimientos de pensamientos,
5. Auto-Informes (que es importante que los realice, para ir viendo la evolución),
Lista de distorsiones Cognitivas:
1. Pensamiento extremista (todo/nada)… ayudarlo a crear “grises”,
2. Sobre-generalización (por una situación determinada, se engloba toda la escena),
3. Descalificación de lo positivo (minimiza las cosas positivas),
4. Leer la mente (“adivinación de lo que el otro piensa, o lo que sucederá”),
5. Predecir los hechos,
6. Razonamiento emocional,
Pautas centrales del “Tratamiento Grupal”
Técnicas:
1. Dramatización,
2. Situaciones típicas de la vida,
3. Inversión de roles,
4. Técnicas del doble,
5. Soliloquio,
6. Espalda contra espalda,
7. Construcción de imágenes, etc.
     Cualquier propuesta debe contemplar una aproximación gradual y progresiva que nos permita ir trabajando las estructuras disfuncionales en juego.
      Crear situaciones realistas para que el paciente las pueda enfrentar.
Cuestiones a tener en cuenta antes de llevar a cabo una dramatización:
1. Seleccionar la situación,
2. Armar el contexto,
3. Tener en cuenta que otros pacientes van a participar,
4. Rol que va a jugar el Auxiliar-Profesional,
5. Que disparadores de la ansiedad voy a utilizar,
6. Factor sorpresa.
Previa a la exposición:
1. Generar la “película” en la cabeza,
2. Objetivo de la dramatización,
3. Identificar las distorciones cognitivas que se van a trabajar.
Durante la exposición:
1. Interrumpir para identificar el proceso disfuncional que entorpece la actuación del paciente,
2. Se continúa o vuelve a representar la situación.
Esta fue una aproximación a esta patología tan frecuente en nuestros tiempos y en muchas culturas diferentes… Pero no debemos olvidar que…
“Si tiene miedo, actúe... el único modo de empezar a luchar contra el miedo, es la acción”.

SABER MOTIVAR: ¿EL PALO O LA ZANAHORIA?

José Luis Trechera Herreros
Profesor de Psicología del Trabajo en ETEA (Córdoba)
Autor del libro: “Como gota de agua. La Psicología aplicada a las organizaciones”. Editorial Desclée de Brouwer

Correo Electrónico: trechera@etea.com

 

Tres hombres están trabajando en la construcción de un edificio. Alguien que es un observador externo se dirige a ellos y les pregunta '¿qué están ustedes haciendo?'
El primero, casi sin inmutarse, le responde: 'Aquí estoy poniendo ladrillos'
El segundo, levantando la cabeza y dejando a un lado por un momento su actividad, le comenta: 'Estamos construyendo un muro'
El tercero, orgulloso de su trabajo, afirma: 'Construimos la iglesia de mi pueblo'

     ¿Qué podemos comentar de la historia? Lo importante no es sólo responder a una actividad, sino la implicación con la que se pueda llevar a cabo. He aquí donde entra en juego la motivación, ya que la incorporación y la posterior retención de las personas en las organizaciones dependerá de muchos “intangibles” que van más allá de lo que puede ser utilizado en una relación profesional normal: sueldo, promoción, etc.

      Etimológicamente, el término motivación procede del vocablo latino motus y tenía que ver con aquello que movilizaba al sujeto para ejecutar una actividad. En el lenguaje popular, una persona está motivada cuando emprende algo con ilusión, superando el esfuerzo que deba realizar para obtenerlo. Así, podemos definir la motivación como el proceso psicológico por el cual alguien se plantea un objetivo, emplea los medios adecuados y mantiene la conducta con el fin de conseguir dicha meta (Trechera, 2000).

      Tradicionalmente, esa disposición se suele asociar a factores internos, frente a todo aquello que "tira" o empuja al sujeto desde fuera. Así, se distingue entre:
• Motivo. Variable que desde el interior del organismo nos impulsa a la acción.
• Incentivo. Factor externo que provoca la realización de un comportamiento.

      Ambos conceptos presuponen planteamientos diferentes en la explicación de la motivación. Podemos destacar tres enfoques:
1. Modelo de satisfacción de necesidades. Se insistirá en los elementos internos como los motores de la acción: los instintos, los impulsos o las necesidades.
2. Modelo del incentivo. Se centrará en las variables externas: los incentivos o las recompensas.
3. Modelos Cognitivos. Se pondrá el énfasis en el proceso cognitivo que realiza el individuo para tomar la decisión: la comparación, las expectativas o los objetivos.

1. MODELOS EXPLICATIVOS
1.1.Modelo basado en la satisfacción de necesidades: “No sólo de pan vive el hombre”
“Primum vivere deinde philosophare”
     Aunque resulte poco poético o demasiado pragmático, conviene ser conscientes de una realidad: todo ser vivo necesita satisfacer necesidades. Nada se hace por azar, la mayoría de nuestros comportamientos llevan implícita o explícitamente el cubrir una necesidad. Los organismos vivos tienden al equilibrio. De ahí que, cuando se capte una deficiencia, se perciba una cierta incomodidad, que provoca la movilización del sujeto con el objetivo de que realice determinadas conductas para volver a la situación de equilibrio o satisfacción.

      Diversos autores han intentado realizar una tipología de cuáles serían las necesidades que posibilitarían la movilización de una persona. Describimos algunas propuestas:
a) A. Maslow. Las necesidades básicas se ordenarían según una jerarquía. De tal manera que unas serían más prioritarias que otras, y sólo cuando estuvieran cubiertas las inferiores se podría ir ascendiendo. Maslow (1954) destacaba las siguientes:

• Necesidades fisiológicas. Están en la base de la pirámide y son las que tienen más fuerza. Los seres humanos necesitan satisfacer unos mínimos vitales para poder funcionar. Una persona que careciera de alimento, seguridad, amor y estima, probablemente, sentiría con más fuerza el hambre física antes que cualquier otra necesidad.
• Necesidades de seguridad. En general, todos tenemos tendencia a la estabilidad, a organizar y estructurar nuestro entorno. No es fácil vivir permanentemente a “la intemperie” y de ahí que busquemos mínimos que nos den seguridad.
• Necesidades de amor, sociales. Una vez cubiertas las necesidades anteriores, surgirán las de afecto, sentido de pertenencia, etc. Somos “animales sociales” y necesitamos relacionarnos con los demás para poder desarrollarnos como personas. Por ejemplo, cualquiera que participa en una organización, junto al cumplimiento de una serie de objetivos, también pretenderá relacionarse con otros que comparten esos mismos ideales. El formar parte de una determinada organización sirve como elemento de referencia y comparación social.
• Necesidades de estima. Todas las personas tienen necesidad de una buena valoración de sí mismos, de respeto o de autoestima, que implica también la estima de otros. Sólo se activará esta necesidad si lo más básico está relativamente cubierto. Por ejemplo, ¿por qué existe en el Primer Mundo una preocupación, a veces distorsionada, sobre la autoestima? Si millones de personas tienen como único objetivo conseguir algún alimento, ¿se plantearán problemas de autoimagen o realización personal?
• Necesidades de autorrealización. El proceso de maduración humana se enriquece durante toda la vida. Siempre podemos desarrollar nuevas posibilidades. Esta necesidad se caracterizaría por mantener viva la la tendencia para hacer realidad ese deseo de llegar a ser cada vez más persona. La forma específica que tomarán estas necesidades diferirá de un sujeto a otro. Unos pueden realizarse plenamente siendo un buen padre o madre, otros colaborando en proyectos solidarios o en su faceta profesional.

b) F. Herzberg. Herzberg (1966), a partir de una muestra de 1685 trabajadores de diversas disciplinas y niveles directivos, llegó a la conclusión de que los factores que contribuyen a la satisfacción son distintos e independientes de las variables que tienden a provocar insatisfacción. De ahí que describiese dos tipos de factores relacionados con la motivación:

• Factores higiénicos o ergonómicos, que son aquellos que evitan el descontento. Es decir, si no están presentes provocan insatisfacción, pero no son por sí motivadores. Están relacionados con el entorno del puesto de trabajo: el salario, el estatus, la seguridad, las condiciones laborales, el control, etc.
• Factores de crecimiento o motivadores, que son los que auténticamente motivan. Se refieren al contenido del puesto de trabajo: el reconocimiento de la tarea, su realización, la responsabilidad, la promoción, etc.

      La aportación de Herzberg es de gran utilidad en las organizaciones (lucrativas o no), ya que incide sobre aquellas variables que están relacionadas con “los intangibles” que muchas veces se dan por supuestas y que es muy necesario tener en cuenta. Por ejemplo, la experiencia demuestra que a veces se puede trabajar con más ilusión con menos factores higiénicos - medios físicos, instalaciones pobres, bajos sueldos, etc.- si están presentes los factores motivadores. De ahí que sea fundamental activar componentes como el reconocimiento, la participación, la comunicación, la responsabilidad, etc.

c) C. Alderfer. Realiza una síntesis de los modelos anteriores. Para Alderfer (1972) existirían tres tipos de necesidades (E-R-G):
• Existencia. Necesidades básicas y materiales que generalmente se satisfacen a través de factores externos: el alimento, el sueldo, las condiciones laborales.
• Relación. Necesidades sociales. Implican la interacción con los demás: familia, amigos, compañeros, jefe, subordinados.
• Crecimiento. Necesidad de desarrollo personal. Se satisfacen cuando el sujeto logra cumplir objetivos que son importantes para su proyecto personal.
Alderfer cuestiona el modelo piramidal de Maslow. Para él existiría un movimiento ascendente que denomina satisfacción progresiva y otro que lleva a la persona hacia atrás y que lo expresa como frustración regresiva. Por tanto, si alguien se frustra al no poder satisfacer unas determinadas necesidades, retrocedería para satisfacer necesidades inferiores. Por ejemplo, quién no logre conseguir cotas de realización personal y autonomía en su vida -necesidad de crecimiento-, "regresará" al nivel inferior -necesidad de relación-. A su vez, cuanto más insatisfechas estén las necesidades de relación, más se potenciarán las necesidades de existencia.

d) D. McClelland. Su objetivo será describir cuáles son las necesidades que auténticamente movilizan a las personas en relación con su superación personal. Según McClelland (1961) se distinguen tres tipos de necesidades:
• Necesidad o motivación de logro. Sería la tendencia a vencer obstáculos, realizar nuevos retos y superar las tareas difíciles lo mejor y más rápidamente posible. De esta manera, líderes políticos, ejecutivos de empresas, deportistas, se caracterizarían por una alta necesidad de logro.
• Necesidad de afiliación o social. Se refiere a la necesidad de afecto e interacción con los demás.
• Necesidad de poder. Necesidad de controlar y ejercer influencia sobre otros.

1.2. Modelo basado en los incentivos. “¿Cómo motivar: el palo o la zanahoria?”
“Se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre” (P. Rubio)
     Las teorías que se basan en el manejo de incentivos parten de un presupuesto: las personas suelen realizar comportamientos con el objetivo de obtener algún beneficio y evitan o dejan de hacer aquellas conductas que conllevan un daño. Para este enfoque toda modificación de conducta se realiza básicamente a través de refuerzos, recompensas o mediante la evitación u omisión de aquello que sea desagradable (Skinner, 1977). ¿Cómo podemos realizar de manera efectiva ese proceso?
* Si queremos que se inicie o que se mantenga un comportamiento, sólo tenemos un medio: el reforzamiento. Se suele distinguir:

• Reforzamiento positivo. La presencia de un estímulo reforzador ante la emisión de una conducta incrementa la probabilidad de repetir esa respuesta. Se le suele aplicar también el término de condicionamiento de recompensa, ya que el sujeto es premiado por la ejecución de un determinado comportamiento. Por ejemplo, si ante la realización de una actividad que ha supuesto un gran esfuerzo se recibe la felicitación de los compañeros, nuestra labor se ve reforzada.
• Reforzamiento negativo. Como consecuencia de la realización de una conducta se puede evitar o dejar que actúe algo desagradable. Así, en el origen de muchas asociaciones está el planteamiento de alternativas para afrontar una situación social que no es placentera. Por ejemplo, que los jóvenes realicen cursos formativos con el objetivo de escapar de la mendicidad o para evitar que caigan en la delincuencia.
* Si lo que se pretende es disminuir o eliminar un comportamiento, sólo podemos emplear dos técnicas: la extinción y el castigo.
• Extinción. Se produce cuando no presentamos el estimulo reforzador que sustenta esa conducta. Al no reforzar el comportamiento, se irá "debilitando" y disminuirá la probabilidad de que se repita. Por ejemplo, si alguien gasta bromas muy pesadas y no le hacemos caso, es más probable que no utilice esa estrategia.
• Castigo. Un estímulo desagradable para el sujeto posterior a la ejecución de una conducta que no se considera adecuada aumenta la probabilidad de que ésta no se repita. Así, si alguien se salta un semáforo en rojo, recibirá una multa.

      Las teorías que se basan en incentivos lo que potencian es la creación de un ambiente adecuado para que el sujeto se plantee la realización de aquello que le reporta beneficios y no ejecute lo que le proporciona perjuicios. De ahí la importancia de adaptarse a cada contexto y a cada individuo, ya que los estímulos reforzadores pueden diferir.

     ¿Qué tipo de reforzamientos se reciben en las organizaciones? A veces, ni se tienen en cuenta, y, sin embargo, están en la base de muchos de esos “intangibles”. ¿Agradecemos ese “plus” de esfuerzo personal? ¿Reconocemos el buen trabajo realizado? Desgraciadamente, la experiencia de muchos es más bien la contraria, se resaltan los fallos más que los éxitos, con lo cual se castiga y penaliza. ¿Es posible motivar con el castigo? La respuesta es muy simple y clara: NO. La práctica y las investigaciones demuestran que el castigo lo que puede conseguir es eliminar una conducta, pero difícilmente creará otros nuevos comportamientos. De ahí que sea necesario el fomentar respuestas alternativas, reforzando el comportamiento deseable, y evitar en la medida de lo posible los estímulos punitivos.

1.3. Modelos cognitivos: “No todos somos iguales”
“Ningún viento es favorable para el hombre que no sabe a dónde va? (Séneca)
• Modelo de equidad
Adams (1965) postula una teoría basada en la equidad, que cuestiona que sean variables determinadas las que en sí mismas motiven. Por el contrario, sería el juicio que el sujeto realiza, comparando su trabajo y beneficio con el de otros similares, el que influye en la motivación. Para establecer ese juicio, hay que tener en cuenta varios elementos:

• Inputs. Las aportaciones o contribuciones que el sujeto aporta al trabajo: formación, capacidad, experiencia, habilidad, nivel de esfuerzo, tiempo de dedicación, tareas realizadas, etc.
• Outputs. Los resultados, las ventajas o beneficios que la persona obtiene del trabajo: salario, prestigio, estatus, reconocimiento etc.

El planteamiento es importante, ya que, quizás, "objetivamente" no exista la injusticia o la desigualdad, pero es fundamental la percepción que el individuo realiza de esa experiencia.

• Modelo de expectativas
Para Vromm (1964) la motivación es el resultado de la conjunción de tres variables:

• Expectativas. ¿Qué imagen construye el sujeto de sí mismo? ¿Se siente capaz? ¿Tiene formación? ¿Esforzándose obtendrá lo que pretende?
• Instrumentalidad. ¿Qué consecuencias tendrá el rendimiento? Es decir, si consigue un determinado resultado, ¿servirá para algo?
• Valencia. ¿Qué valor aporta a la persona cierta actividad? ¿Qué deseo o interés tiene para realizarla?
Evidentemente, si alguien no se siente capaz, o supone que no va a repercutir en nada el esfuerzo que haga, o no tiene ningún interés por dicha tarea, ¿tendrá motivación para llevarla a cabo?

• Modelo de Fijación de metas u objetivos
Una meta u objetivo es lo que alguien intenta alcanzar, el fin de una acción. ¿Cuáles son los factores que debe tener un objetivo para que pueda motivar?
• Conocimiento. Se ha de conocer la meta y los medios para conseguirla.
• Aceptación. Ha de existir acuerdo sobre lo que se desea realizar.
• Dificultad. Las metas deben ser difíciles, pero no imposibles. Deben suponer un reto, pero no han de ser inalcanzables.
• Especificidad. Cuánto más concreto sea el objetivo, más fácil será aglutinar los esfuerzos de todos para alcanzarlo.

Según Locke y Latham (1990), en el establecimiento de metas se ha de resaltar que el objetivo:
• Orienta la acción. Anima a realizar estrategias y planes de actuación. Al centrar nuestra atención, seleccionamos qué actuaciones son importantes y obramos en consecuencia. Así, para conseguir una meta, tendremos que plantearnos las alternativas más idóneas.
• Sirve para regular el esfuerzo. Al tener claro qué es lo que hay que hacer, nos podemos programar para obtenerlo.
• Logra que se trabaje de una manera más persistente. El objetivo, más que algo imposible, se presenta como aquello que con el esfuerzo y la persistencia se puede alcanzar.

2. ¿QUÉ PODEMOS HACER?
“Casi siempre se hallan en nuestras manos los recursos que pedimos al cielo”
(W. Shakespeare)

      En la historia inicial veíamos que los tres trabajadores ejecutaban una misma actividad, sin embargo cada uno la vivía de manera diferente. ¿Qué ocurre? No sólo es importante realizar algo, sino la actitud con la que lo llevemos a cabo. Podemos cumplir objetivos, conseguir metas e incentivos y a pesar de todo no sentirnos contentos. De ahí que sea tan importante el sentido con el que hagamos las actividades. No es raro encontrar detrás de muchas frustraciones y abandonos una cierta desidia e indiferencia. ¿Cómo podemos llenar una tarea de sentido? Como afirmaba el gaucho Martín Fierro, “ a veces es conveniente captar las sombras para poder valorar la luz”. Apuntamos algunas pistas:

Decálogo eficaz para “ desmotivar”:
Aplicaciones erróneas de “técnicas” psicológicas en las Organizaciones

APLICACIONES
CONSECUENCIAS
ALTERNATIVAS
1. “Da caña”. Crea un ambiente en el que se priorice el castigo ya que “anima” a actuar. El castigo inhibe el comportamiento. Lo único que puede conseguir es la disminución o eliminación de una conducta. Refuerza y estimula. Difícilmente se adquiere un nuevo aprendizaje si no se presenta una alternativa.
2. “No comuniques”. Potencia un clima de silencio e incertidumbre. La desinformación “fomenta la creatividad”. “Es imposible no comunicar”. Si no se tiene información se inventa y si no se ofrece, se corre el riesgo de abonar el terreno para que surjan los rumores. Comunica e informa. La comunicación es una valiosa herramienta de motivación.
3. “Resalta el individualismo”. Sé fiel al principio de que “cuando varias personas se reúnen para trabajar lo único que hacen es perder el tiempo”. “Aislamiento y competitividad interna negativa”. Aumentan las “zancadillas” y la agresividad entre los compañeros. Trabaja en equipo. Se movilizan fuerzas, “sinergias” o posibilidades que hacen que el resultado sea más enriquecedor: “El todo es más que la suma de las partes”.

4. “Potencia empleados ‘Kleenex’ de usar y tirar. Estimula con contratos basuras”. Así se espabilarán” y no “se dormirán en los laureles”.
Inseguridad, incertidumbre y falta de implicación. Difícilmente se creará una cultura “fiel” a la empresa. El ser humano necesita parámetros de seguridad. Es fundamental partir de unos mínimos estables para desde ahí seguir construyendo. Genera “valor” a través de las personas.
5. “Se autoritario. Actúa con rigidez e inflexibilidad”. Imponte y no pierdas el tiempo en consultas y “chorradas”. Clima de inseguridad y miedo. Desarrollo de “pelotas” o “ecos” que te dicen lo que quieres escuchar. Delega. Potencia la autonomía y la responsabilidad de los empleados. ¡Cuidado con caer en el “síndrome del Titanic”: el magnífico barco se hundió por su prepotencia e incapacidad para cambiar de rumbo.

6. “Divide y vencerás”. Aísla y pelea a unos contra otros. La lucha “incrementa” la productividad.
No implicación. Disgrega y fomenta el pasotismo y la dispersión. Potencia la participación. Es la manera de implicar a todos en el proyecto. Fomenta la diversidad y la “confrontación creativa”. El disenso es la base del trabajo en equipo.
7. “Critica a tu gente”. Humilla en público. Aprovecha todos los foros para expresar tu visión negativa del personal.
Clima de miedo y de falsa apariencia. Se potencia la “fachada” y el dar una “buena imagen”. Refuerza la autoestima de aquéllos que trabajan contigo. Resalta el orgullo propio y de pertenecer al grupo.
8. “Fomenta un clima de miedo e incertidumbre”. Acosa, agobia y amenaza. Inseguridad, bloqueos e inhibición. Disminuye el rendimiento y la productividad. Valora y anima. “No hay mayor desprecio que no manifestar aprecio”. Estimula con “intangibles” que incrementen el “salario emocional”: manifestar aprecio, tener detalles, dar retroalimentación positiva, etc.
9. “Sal tú solo en la foto ya que eres el que conoce y dominas la situación”. Apúntate todos los tantos. Tú eres el que sabe de qué van las cosas. Desidia e inhibición. ¿Para qué esforzarse? Proyecto conjunto. Implica a todos, resalta las aportaciones de cada uno. Refuerza la “ilusión colectiva”. Aprovecha la espontaneidad, la frescura y la libertad de personas capaces e independientes. Es fundamental pasar del “Yo” al “•Nosotros”. “Ninguno de nosotros es tan inteligente como todos nosotros”.
10. “Hazte insustituible y omnipresente” Que te perciban como imprescindible. No crees discípulos. Se fiel al eslogan de que “contigo acaba todo”. Inhibición y desidia. ¡Alguien realizará “correctamente” la tarea! Saber estar sin notarse y saber despedirse. Deja descendencia. Si se sabe “decir adiós”, es más fácil que te recuerden positivamente y que puedan “pedirte asesoramiento” o “servirse de tu experiencia”.

BIBLIOGRAFÍA
ADAMS, J. (1965). Inequity in social exchange. En BERKOWITZ,L.(Ed.). Advances in experimental social psychology (vol. 2). New York: Academic Press, pp. 267-299.
ALDERFER, C. (1972). Existence, relatednesss, and growth: Human needs in organizational settings. New York: Free Press.
HERZBERG, F. (1966). Work and the nature of man. Cleveland: World Publishing.
LOCKE, E. & LATHMAN, G. (1990). A theory of goal setting & task performance. Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall.
MASLOW, A. (1954). Motivation and Personality. New York: Harper & Row.
McCLELLAND, D. (1961). The achieving society. Princenton, NJ: Van Nostrand.
SKINNER, B. (1977). Ciencia y conducta humana. Barcelona: Fontanella.
TRECHERA, J.L. (2000). Introducción a la Psicología del Trabajo. Bilbao: Desclée de Brouwer. 2ª Edición, 2003.
TRECHERA, J.L. (2003). Trabajar en equipo: talento y talante. Bilbao: Desclée de Brouwer. 2ª Edición, 2004.

Comportamiento Autodestructivo Indirecto y Rasgos de Personalidad

Lucero González Franco Haghenbeck

Universidad Iberoamericana
México, Distrito Federal
E-mail: lucas_gfh(arroba)yahoo.com

 Introducción
     El comportamiento autodestructivo (CADI) pasa desapercibido, frecuentemente negado, menospreciado o deformado tanto por el sujeto que lo realiza como por la gente que lo rodea. La diferencia entre comportamiento autodestructivo directo e indirecto es que el directo es consciente e intencionalmente autodestructivo, mientras que el indirecto no. El CADI se puede considerar como un suicidio lento, inconsciente y a largo plazo siempre y cuando las conductas se repitan y tienda a aumentar la intensidad con las que se presentan.

El Comportamiento Autodestructivo Indirecto
     Freud (1920) declaró que ningún hombre es capaz de imaginar su propia muerte porque no puede integrar su no existencia a través de sus fantasías de inmortalidad. El aparato anímico funciona bajo el principio de constancia; definido por Breuer y Freud en sus Estudios sobre la Histeria como: “La tendencia a mantener constante la excitación intracerebral” (Breuer, 1985 en Freud, 1920 p 15); esto es la búsqueda del equilibrio de energía. Se introduce el concepto de instinto de muerte como una pulsión biológica que lo empuja a retornar a lo inorgánico, “…deriva una pulsión de la necesidad de restablecer un estado anterior” (Freud, 1920/1955 p. 56) o bien “el organismo reacciona ante toda perturbación con la tentativa de recuperar el status quo” (Segal, 1984. en Widlöcher, 1991 p.35).

      La compulsión a la repetición es la manifestación de la pulsión de muerte, es un intento de regresar a un estado previo para mantener la constancia. La pulsión de muerte opera casi siempre de manera silenciosa por lo que es difícil observar sus manifestaciones en estado puro, solamente podrán ser percibidas cuando se fusionan con la libido. Segal (1984 en Widlöcher, 1991) propone que el principio de Nirvana es una idealización de la muerte y de la pulsión de muerte, afín a la de una fusión con el objeto, como en el sentimiento oceánico.

      Reckhardt (1984 en Widlöcher, 1991) afirma que el equipamiento primario de preservación de sí del organismo incluye algunas funciones de repliegue y desplazamiento. En consecuencia, las primeras derivaciones de la pulsión de muerte se manifiestan por la indiferencia y la destrucción. El instinto de muerte se manifiesta en suicidio encubierto y comportamiento autodestructivo. Anteriormente se consideraba a una persona suicida si hablaba de suicidio, lo intentaba o tenía éxito, pero estudios posteriores indicaron que había más factores interactuando como el comportamiento, el tiempo, la intención y la actividad. También se introdujo el concepto de tendencias suicidas inconscientes porque el sujeto parecía no darse cuenta o negar que sus acciones tenían el propósito de dañarse.

      Durkheim (1999) se refiere al suicidio como todo caso de muerte que resulte, directa o indirectamente, de un acto, positivo o negativo, realizado por la víctima misma, sabiendo ella que debía producir este resultado. En la definición anterior, es importante resaltar que el suicida está consciente de su acto y las consecuencias de este.

      Litman (1983; en Farberow, 1984) explica que la diferencia entre comportamiento autodestructivo directo e indirecto es la meta consciente de la conducta. Si la meta principal es dañarse a sí mismo, el término conducta autodestructiva es correcto y el suicidio es su forma extrema. En el comportamiento autodestructivo indirecto el dañarse a sí mismo no es la meta principal, sino un efecto indeseado e incluye errores relativamente insignificantes, auto-castigo y pequeños riesgos que sumados aumentan la posibilidad de lesiones serias y la muerte. De esta manera, comienza a fallar la prueba de realidad y se activan esquemas de acción narcisistas.

      CADI, es una forma de vida, un rasgo de carácter repetitivo, un hábito. Se presenta lentamente, de forma inconsciente y las consecuencias se manifiestan a largo plazo. Es una manera de evitar el dolor. Es un intento de mantener el control y la predicción; locus de control interno contra externo. Individuos con poca capacidad de introspección explicarían las consecuencias como productos de la suerte, el destino o víctimas del ambiente. El daño se produce poco a poco cada vez que se presenta la conducta como en el consumo de tabaco, alcohol y drogas, alteraciones del cuerpo (tatuajes, piercings, etc.), trastornos de la alimentación (obesidad, anorexia y bulimia) y relaciones sexuales de alto riesgo. El daño es potencial por la repetición de la conducta y el aumento del riesgo. Se presenta en: apuestas, actos delictivos leves, accidentes y deportes de alto riesgo. Farberow (1984) considera que aquellas personas que presentan una o más de las conductas descritas anteriormente, de manera repetitiva, tienen en común los siguientes rasgos: El razonamiento tiende a ser hueco y superficial; Su comportamiento autodestructivo no se presenta en condiciones de estrés, La motivación es dirigida a la obtención de placer y las acciones se dirigen hacia sí mismo; Pueden mantener su comportamiento por su fuerte capacidad de negación; Tienen poca capacidad para visualizarse a largo plazo, se muestran intolerantes a los retrasos y los compromisos pospuestos; Son incapaces de explicar su conducta y ésta siempre parece ser impulsiva y difícil de entender, pero la justifica el placer mismo que produce la actividad. Mantienen relaciones inestables ya que la principal preocupación es la persona misma y no el otro.

      Casillas y Clark (2002) investigaron a individuos con alta dependencia e impulsividad y con una tendencia a conductas autodestructivas para después correlacionarlo con la personalidad tipo “B” la cual consiste en una combinación de rasgos de la personalidad antisocial, limítrofe, histriónica y narcisista. La combinación de las tres coincide con las características de personalidad señaladas por Farberow (1984).Por otra parte, El DSM IV (1994) señala algunas conductas de la personalidad tipo “B“que son similares a las propuestas por Farberow.

      Retomando a los autores antes citados se puede decir que las personas que presentan Conductas Autodestructivas Indirectas presentan las siguientes características de personalidad:

• Búsqueda de placer inmediato y poca tolerancia a la frustración:
• Tendencia a la negación
• Angustia de pérdida del objeto
• Omnipotencia
• Falta da planeación a largo plazo
• Necesidad de estimulación constante
• Relaciones interpersonales superficiales
• Fuerte sentimiento de individualismo

Conclusiones:
     El CADI es difícil de observar en una sola conducta, además de esto, cada persona lo expresa de una manera distinta y por eso es tan complicado de medir. Es el cúmulo de éstas y su tendencia a la repetición, lo que lo convierte en un factor importante de riesgo para el individuo que puede llevarlo a la muerte.

 

Bibliografía
• American Psychiatric Association (1994). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (4a. Ed.) Washington, DC, EE. UU. : Autor.
• Casillas, A & Clark, A. (2002). Dependency, Impulsivity, and Self-harm: Traits hypothesized to underlie the association between Cluster B personality and Substance use disorders. Journal of Personality Disorders. 16 (5), p. 424 – 441. New York, USA.
• Durkheim, E. (1999). El suicidio. México, DF. : Ediciones Coyoacán
• Farberow, N (1984). The Many Faces of Suicide: Indirect Self-destructive Behavior. Nueva York, Estados Unidos. Mc Graw- Hill Book Comapany.

REFLEXIONES SOBRE EL FENOMENO DE LA APATIA EN AMBITOS ESCOLARES

Lic. Rodolfo Valentini
Buenos Aires (República Argentina)

La pasión no solo es constitutiva  del ser humano
 sino  principio de toda comunidad   y sociedad,
 la misma se  relaciona con la  creatividad y la
 acción.  Es decir, la pasión se pone  en juego en
 la acción. En todo acto creativo el sujeto se  funda
 y, a la vez, se enajena  en la pasión permitiendo
 que las  pasiones alegres triunfen sobre las  pasiones
 tristes, el amor sobre el  odio, el   sentimiento de lo
 maravilloso sobre el sentimiento  de lo siniestro"

                                                 Enrique Carpintero

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